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Mostrando las entradas etiquetadas como Relato

Joana. Diálogo con Joan Margarit

Recuerdo la fecha porque Margarit me dedicó su libro más hermoso, Joana. Las palabras que escribió para mí hablaban de la trágica muerte de su hija y de la prematura pérdida de mi padre, que le comenté durante una breve conversación. Cuando observé la fotografía de su hija en el interior del libro, pensé de inmediato en mi hermana Rosa, ambas maltratadas por los caprichos de la biología. Se trata de una imagen en blanco y negro de escasa calidad. Joana apoya la cabeza sobre el hombro de su padre. Sonríe con aparente despreocupación, pero se advierte su fragilidad. En su rostro hay dulzura, timidez y un entrañable apego a la figura paterna. Su mirada esconde una herida, pero también un ferviente anhelo de dicha. Yo había apreciado mil veces los mismos sentimientos en mi hermana, pero no comenté nada. Margarit y yo nos despedimos cordialmente, estrechándonos la mano. No creo que el poeta recuerde ese lejano encuentro, pero yo no he olvidado su cercanía y sencillez, dos cualidades infrecu...

Ayer me mataron

Me negué a que me tocaran y con un palo me reventaron el cráneo. Me metieron una cuchillada y dejaron que muera desangrada. Cual desperdicio me metieron a una bolsa de polietileno negro, enrollada con cinta de embalar y fui arrojada a una playa, donde horas más tarde me encontraron. Pero peor que la muerte, fue la humillación que vino después. Desde el momento que tuvieron mi cuerpo inerte nadie se preguntó donde estaba el hijo de puta que acabo con mis sueños, mis esperanzas, mi vida. No, más bien empezaron a hacerme preguntas inútiles. A mi, ¿Se imaginan? una muerta, que no puede hablar, que no puede defenderse. ¿Qué ropa tenías? ¿Por qué andabas sola? ¿Cómo una mujer va a viajar sin compañía? Te metiste en un barrio peligroso, ¿Qué esperabas? Cuestionaron a mis padres, por darme alas, por dejar que sea independiente, como cualquier ser humano. Les dijeron que seguro andábamos drogadas y lo buscamos, que algo hicimos, que ellos deberían habernos tenido vigiladas. Y solo muerta entend...

Nos quisisteis tanto que nos hicisteis débiles.

Reservasteis para vosotros los malos tragos, las maletas de cartón, las medias suelas en los zapatos. Aguantasteis guerras y posguerras, el hambre en pucheros de miseria, los piojos, los sabañones, el miedo pegado a la mirilla, las casas llenas de fotos tristes. Vestisteis un luto tras otro, la mirada baja, las manos heladas. Subisteis a trenes negrísimos, kilómetros en vagón de tercera, vendimias, fábricas inmensas, lluvias que enlazaban con más lluvia, inviernos que duraban todo el año. Y todo eso fue para sobrevivir y dar la entrada de un piso, para regalarnos una cuna con colchón de lana, un cubierto con nuestras iniciales, un pupitre en la escuela, unos patines, una tarta de cumpleaños, un juguete -o dos- de los Reyes Magos, una quincena en la playa. Y todo eso fue para que nosotros tuviéramos un paquete de pipas, unas botas de agua, una canción dedicada en la radio. Nos mimasteis como ni vosotros mismos sabíais que podíais amar. Nos llenasteis el bolsillo con propinas de cinco du...

Rebeca esperaba el amor

Rebeca esperaba el amor a las cuatro de la tarde bordando junto a la ventana. Sabía que la mula del correo no llegaba sino cada quince días, pero ella la esperaba siempre, convencida de que iba a llegar un día cualquiera por equivocación. Sucedió todo lo contrario: una vez la mula no llegó en la fecha prevista. Loca de desesperación, Rebeca se levantó a medianoche y comió puñados de tierra en el jardín, con una avidez suicida, llorando de dolor y de furia, masticando lombrices tiernas y astillándose las muelas con huesos de caracoles. Vomitó hasta el amanecer. Se hundió en un estado de postración febril, perdió la conciencia, y su corazón se abrió en un delirio sin pudor. Úrsula, escandalizada, forzó la cerradura del baúl, y encontró en el fondo, atadas con cintas color de rosa, las dieciséis cartas perfumadas y los esqueletos de hojas y pétalos conservados en libros antiguos y las mariposas disecadas que al tocarlas se convirtieron en polvo.   Gabriel García Márquez ...

Éxtasis

A pesar de su edad, disfrutaba aún de instantes como éste en que quería correr en vez de caminar, bailar dando saltitos arriba y abajo en la acera, lanzar un aro, tirar algo al aire y volver a tomarlo o quedarse quieta y reírse de… nada, sencillamente de nada.    Katherine Mansfield

"Y DE REPENTE TODO SE HA VUELTO EVANESCENTE

Hasta hace apenas unos días nos sentíamos confortablemente seguros, porque los miles de ahogados en pateras no iban con nosotros, ni los miles y miles de refugiados sin refugio, ni los bombardeos de hospitales en Siria, ni la masacre global de mujeres, ni el desmadrado robo de niños por interés del menor... Aunque fueran todos ellos asuntos muy lamentables, apenas alteraban nuestro hedonismo al no lograr ni la consideración de que fueran realidad. No había más realidad que nuestra falta de consciencia, o de conciencia, que dictaba lo que era normal por desquiciado que fuera. Pero hete aquí que de repente la primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido, cortejada en este caso por una peste medieval. Un virus novedoso de talante rasante empecinado en equipararnos a todos por igual. Y nuestra inexpugnable seguridad orlada de concertinas se ha tornado vaporosa, evanescente. En todo el orbe ya nada es igual a lo de apenas hace unos días, porque nos hemos vuelto una amenaza y urge...

Nos asusta la enfermedad.

Porque nos paraliza, en seco, sin esperarlo. Porque nos obliga a desprogramar, a deshacer, a descuadrarse, a desdibujar ese plan, esa proyección de futuro, ese tenerlo todo bajo control.  Nos asusta la enfermedad. Porque es pura incertidumbre y vulnerabilidad, es la vida en pañales, desnuda, sin añadidos, sin edulcorantes, sin parafernalias, sin excusas.  Nos asusta la enfermedad. Porque toca la posesión, lo mío, mi familia, mis amigos, mi pareja, mi cuerpo, mi salud, mi estabilidad, mi trabajo, mis estudios, mis proyectos.  Nos asusta la enfermedad. Porque la teníamos escondida, encerrada, aislada y cuando se nos presenta (ahá! aquí está), se nos cuela sin generar riquezas ni capitales, sin responder a la sobreabundancia que andaba suelta por todas partes.  Nos asusta la enfermedad. Porque hace tambalear esa aparente libertad. Y la cuestiona y la sitúa entre la espada y la pared. Hasta que encontrarse de frente, ambas, libertad y necesidad, obligadas a ...

Que suerte no haber tenido que emigrar.

Nunca voy a poder asumir el nivel de deshumanización al que somos capaces de llegar a veces, ni el hecho de que podamos sentirnos tan superiores por el mero hec ho de haber nacido en un punto estratégico del mapa que sólo ha sido cuestión de suerte. Me chirría oír tantas veces aquello de ''Pues que se queden en sus países'', como si estuvieras dando la respuesta evidente al fin de sus suplicios. Que suerte no haber tenido que emigrar. Y que arrogante sentirnos en pleno derecho de cuestionar la lucha de los que sí. Y yo me pregunto,sencillamente, que sabrás tú de sus países. Y que sabrás tú de miedo si nunca has oído una bomba estallar a escasos metros de tu casa, y rezar para que la siguiente no dé sobre tus hijos. Si jamás has tenido que plantearte la idea de subir a un bote a la deriva, siendo completamente consciente de lo que eso conlleva. Si levantar la voz para exigir una vida en condiciones te supone un 50% de probabilidades de acabar ...

“UNA MANO TOMÓ LA OTRA”

El niño John no es el niño Juan.   Los ojos del niño John y los ojos del niño Juan no ven las mismas cosas en el fondo del lago. Foto de José Palazón Bajo los párpados del niño John, la sed es un caballito de mar que vale dos dólares. Bajo los párpados del niño Juan, aletean las mariposas negras del vendedor de sandías. El niño John tiene un martillo de cristal, Las manos del niño John cuentan las semillas de las estrellas, los dedos del niño Juan juegan con la chapa de la luna nublada. Los ojos del niño John y los ojos del niño Juan no miran a los mismos pájaros   que tiemblan en la oscuridad. El niño John trae a su madre el declive de la montaña, el ruido del río, la perla de granizo le trae el niño Juan. Cuando se hace de noche la sombra del niño John sueña que es la sombra del niño Juan cuando se ha hecho de día. (Juan Carlos Mestre) Y, sin embargo, a pesar de esta distancia, se diría que se buscan y se necesitan, que se complementan, qu...

“La canción de cada uno”

La canción de cada uno es un emotivo cuento popular africano, que hoy me he encontrado, de nuevo, navegando por el océano de esta red social, y me he acordado entonces del relato que escribí cuando lo leí por primera vez, para contar una realidad que duele, que emociona y conmueve. A veces me cantabas mi canción, la que fuiste a buscar a la selva cuando estabas embarazada. Esa era la costumbre en nuestra aldea africana: las mujeres embarazadas, al sentir que albergaban una nueva vida, se adentraban entre los árboles más altos y frondosos, y emitían sus plegarias, sus rezos a la selva, a la naturaleza, mientras esperaban oír entre el rumor de las brisas, del sonido incesante de los pájaros, la canción del nuevo ser. Porque todos tenemos nuestra canción, que está en el viento, en la vida, y la madre tiene que buscarla, atrapar su sonido del aire, la melodía en que está la identidad de su hijo. Y cuando tú escuchaste la mía, te la aprendiste, y volviste a la aldea, a esperar a que...

LAS BELLAS IMÁGENES

                          John Dugdale  “- Ha sido un noche perfecta- dice ella Él se sobresalta: - ¿Por qué dices ha sido? Todavía no ha terminado. - Las dos de la mañana. Querido, tengo que volver - ¿Cómo? No te quedas a dormir aquí? - Las niñas son demasiado mayores… - ¿Entonces qué? ¿No pasarás ninguna de estas noches conmigo? ¡Siempre la misma canción! Un poco de adulterio al margen, pero buena esposa, buena madre. ¿Por qué no hay una expresión para decir mala amante, mala querida…? – Su voz se estrangula, su mirada se turba:… - ya no me quieres como antes - ¿Entonces por qué estoy aquí? - Ya no me quieres como antes… - Te aseguro que sí… Déjame vestirme… Él se sirve otra copa mientras ella se va al cuarto de baño… Desde luego: yo aplastaría mis remordimientos si fuera como antes; la turbación que fulmina como un rayo, la noche que arde, torbellinos y avalanchas de deseos y delicias: por esas metamorfosi...

ENVIDIOSOS DIOSES

                         os dioses envidiosos de nuestro amor, decidieron convertir tu cuerpo en piedra. Te busqué en las noches.  Grité inutilmente tu nombre , respondiendome tan solo el oscuro silencio, de las frías noches.  Tanta soledad arrancó las lagrimas  de mis ojos , que cayeron sobre tu piel, sin yo saberlo. Asi fueron pasando  los dias y las noches , hasta que los dioses tuvieron clemencia de mí, creando de mi cuerpo una cordillera.  Sería una mujer eternamente dormida, decían mientras se reían entre ellos? Menos uno, al que le dolió mí soledad, yendo hasta ti despertándote. Te dijo sin palabras donde me encontrarías dormida. Entregándote de nuevo los sentidos, para lograr una noche de amor. De esa unión brotaron ríos, manantiales, bosques, bellos mantos de flores, miles de animales y preciosos astros sobre el cielo que...