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Reflexión de un desconocido

Los tamaños varían conforme el grado de compromiso. Una persona es enorme para uno, cuando habla de frente y vive de acuerdo con lo que habla,  cuando trata con cariño y respeto, cuando mira a los ojos y sonríe inocente.

Es pequeña cuando sólo piensa en sí misma y le hace creer a los demás que piensa en ellos,cuando se comporta de una manera poco genial, cuando no apoya,cuando abandona a alguien justamente en el momento en que tendría que demostrar lo que es más importante entre dos personas: la amistad, el compañerismo, el cariño, el respeto y el amor.

Una persona es gigante cuando se interesa por tu vida, cuando busca alternativas para tu crecimiento, cuando sueña junto contigo. Cuando trata de entenderte aunque no piense igual.

Una persona es grande cuando perdona, cuando comprende, cuando se coloca en lugar del otro, cuando obra no de acuerdo con lo que esperan de ella, sino de acuerdo con lo que se espera de sí misma.
Una persona es pequeña cuando se deja regir por comportamient…
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“Me declaro vivo”

Saboreo cada acto.
Antes cuidaba que los demás no hablaran mal de mí, entonces me portaba como los demás querían y mi conciencia me censuraba.
Menos mal que a pesar de mi esforzada buena educación siempre había alguien difamándome. ¡Cuánto agradezco a esa gente que me enseñó que la vida no es un escenario! Desde entonces me atreví a ser como soy.
He viajado por todo el mundo, tengo amigos de todas las religiones; conozco gente extraña: católicos, religiosos pecando y asistiendo a misa puntualmente, pregonando lo que no son, personas que devoran al prójimo con su lengua e intolerancia, médicos que están peor que sus pacientes, gente millonaria pero infeliz, seres que se pasan el día quejándose, que se reúnen con familia o amigos los domingos para quejarse por turnos, gente que ha hecho de la estupidez su manera de vivir.
El árbol anciano me enseñó que todos somos lo mismo.
La montaña es mi punto de referencia: ser invulnerable, que cada uno diga lo que quiera, yo sigo caminando impara…

Palabras

Las palabras son buenas. Las palabras son malas. Las palabras ofenden. Las palabras piden disculpa. Las palabras queman. Las palabras acarician. Las palabras son dadas, cambiadas, ofrecidas, vendidas, inventadas. Las palabras están ausentes. Algunas palabras nos absorben, no nos dejan: son como garrapatas, viven en los libros, en los periódicos, en los mensajes publicitarios, en los rótulos de las películas, en las cartas y los carteles. Las palabras aconsejan, sugieren, insinúan, conminan, imponen, segregan, eliminan. Son melifluas o ácidas. El mundo gira sobre palabras lubricadas con aceite de paciencia. Los cerebros están llenos de palabras que viven en paz y en armonía con sus contrarias y enemigas. Por eso la gente hace lo contrario de lo que piensa creyendo pensar lo que hace. Hay muchas palabras. Hay, también, el silencio. El silencio, es por definición, lo que no se oye. El silencio escucha, examina, observa, pesa y analiza. El silencio es fecundo. El silencio es la tierra n…

La Lentitud

¿Por qué habrá desaparecido el placer de la lentitud?... Cada nueva posibilidad de la existencia, incluso la menos probable, transforma la existencia entera… Asciende por sus hipérboles como quien sube los peldaños de una escalinata que conduce al cielo… Está levantada… habla calmada, pausadamente, en voz baja, sibilante. Y luego empieza a desnudarse. Es la primera vez que se desnuda delante de él con tal ausencia de pudor, con tan declarada indiferencia… Ese cuerpo que solía entregarse con sencillez y rápidamente, se yergue ante él como estatua griega en un pedestal de cien metros de altura. Está loco de deseo y es un deseo extraño que no se manifiesta sensualmente, sino que llena su cabeza y sólo su cabeza, deseo como fascinación cerebral, idea fija, locura mística, la certeza de que ese cuerpo, y ningún otro, está destinado a colmar su vida, toda su vida. Ella siente con fascinación esa devoción, se le pega a la piel y una oleada de frialdad le sube a la cabeza. Ella misma se sorp…

El precio de su recuerdo

El hombre era viejo y había sido alto. Llevaba una gabardina manchada y una corbata negra anudada con torpeza o descuido. -¿No puede dar más? -insistió. -Créame, le doy más de lo que podré sacar por ella a nada que se me tuerza la suerte -aclaré-. Aunque nadie lo crea, esto intenta ser un negocio. Por su rostro atravesó una nube de tristeza. Colocó las manos a ambos lados de su mercancía y la defendió: -Pero si es una maleta magnífica. De piel. ¿Se ha fijado en los cierres? Primera calidad. -Eso no lo discuto. Sólo pasa que las cosas antiguas valen a condición de que no estén muy usadas, y si lo están, sólo cuando pueden restaurarse. Debió ser una buena maleta, y bonita, también. Pero ahora está demasiado estropeada. De pronto, se rió. -Usted no lo entiende -dijo-. La compré en Southampton, un día de viento. Estaba alegre y gasté en ella el sueldo de tres meses. Ha soportado todo lo que yo he soportado, del Trópico a Groenlandia. No he tenido nada mejor en la vida. ¿Cuánto dic…

DESAFÍO CRÓNICO, ENVEJECER BIEN

En el íntimo tocador de la vejez El amor no tiene edad, textura, color de piel o formas perfectas. El amor, en la vejez, toma forma en el grano de la emoción que lo hace vivir. Eso es lo que experimenté en la mañana. Mis dedos se deslizaron rápidamente en una fuente de noticias digital. Se detuvieron en una foto y luego en otra. Retratos felices y tiernos de sujetos cuyos años han marcado el sobre, el cuerpo. Una ventana abierta en la intimidad de un centenario y su musa. Una invitación a vivir la emoción de los momentos traviesos, especialmente los amantes de estos dos hermosos viejos en plena complicidad. Un momento dulce en las características de su vida. Nunca había visto semejante ambiente. Me sedujo ... Más allá de la edad y las imágenes, el artista captura sentimientos, especialmente aquellos de amor que el tiempo no ha erosionado. En el corazón de Arianne Clément, no solo hay una atracción por la exploración del cuerpo humano en el arte, también hay una mujer profundamente a…

Los desarraigados

A menudo se ven, caminando por las calles de las grandes ciudades, a hombres y mujeres que flotan en el aire, en un tiempo y espacio suspendidos. Carecen de raíces en los pies y a veces hasta carecen de pies. No les brotan raíces de los cabellos ni suaves lianas atan su tronco a alguna clase de suelo. Son como algas impulsadas por las corrientes marinas y cuando se fijan a alguna superficie es por casualidad y dura sólo un momento. En seguida vuelven a flotar y hay cierta nostalgia en ello. La ausencia de raíces les confiere un aire particular, impreciso; por eso resultan incómodos en todas partes y no se los invita a las fiestas ni a las casas, porque resultan sospechosos. Es cierto que en apariencia realizan los mismos actos que el resto de los seres humanos: comen, duermen, caminan y hasta mueren, pero quizás el observador atento podría descubrir que en su manera de comer, de dormir, caminar y morir, hay una leve y casi imperceptible diferencia. Comen hamburguesas Mac Donalds …