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SER POBRE EN UNA SOCIEDAD DE CONSUMO

En la edad dorada de la sociedad de productores, la ética del trabajo extendía su influencia más allá de las plantas industriales y los muros de los asilos. Sus preceptos conformaban el ideal de una sociedad justa todavía por alcanzar; mientras tanto, servían como horizonte hacia el cual orientarse y como parámetro para evaluar criticamente el estado de situación en cada momento. La condición a que se aspiraba era el pleno empleo: una sociedad integrada únicamente por gente de trabajo. El «pleno empleo» ocupaba un lugar en cierto modo ambiguo, ya que era al mismo tiempo un derecho y una obligación. Según desde qué lado del «contrato de trabajo» se invocara ese principio, una u otra modalidad saltaba a primer plano; pero, como sucede con todas las normas, ambos aspectos debían estar siempre presentes para garantizar la validez general del principio. El pleno empleo como característica indispensable de una «sociedad normal» implicaba tanto un deber aceptado universal y voluntariamen…
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Maldita sea la cruz

Maldita sea la cruz que cargamos sin amor como una fatal herencia.
Maldita sea la cruz que echamos sobre los hombros de los hermanos pequeños.
Maldita sea la cruz que no quebramos a golpes de libertad solidaria, desnudos para la entrega, rebeldes contra la muerte.
Maldita sea la cruz que exhiben los opresores en las paredes del banco, detrás del trono impasible, en el blasón de las armas, sobre el escote del lujo, ante los ojos del miedo.
Maldita sea la cruz que el poder hinca en el Pueblo, en nombre de Dios quizás. 
Maldita sea la cruz que la Iglesia justifica - quizás en nombre de Cristo- cuando debiera abrasarla en llamas de profecía.
¡Maldita sea la cruz que no pueda ser La Cruz!

Pedro Casaldáliga.

Joana. Diálogo con Joan Margarit

Recuerdo la fecha porque Margarit me dedicó su libro más hermoso, Joana. Las palabras que escribió para mí hablaban de la trágica muerte de su hija y de la prematura pérdida de mi padre, que le comenté durante una breve conversación. Cuando observé la fotografía de su hija en el interior del libro, pensé de inmediato en mi hermana Rosa, ambas maltratadas por los caprichos de la biología. Se trata de una imagen en blanco y negro de escasa calidad. Joana apoya la cabeza sobre el hombro de su padre. Sonríe con aparente despreocupación, pero se advierte su fragilidad. En su rostro hay dulzura, timidez y un entrañable apego a la figura paterna. Su mirada esconde una herida, pero también un ferviente anhelo de dicha. Yo había apreciado mil veces los mismos sentimientos en mi hermana, pero no comenté nada. Margarit y yo nos despedimos cordialmente, estrechándonos la mano. No creo que el poeta recuerde ese lejano encuentro, pero yo no he olvidado su cercanía y sencillez, dos cualidades infrec…

Ítaca

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. Ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no los llevas dentro de tu alma, si no los yergue tu alma ante ti. Pide que el camino sea largo. Que muchas sean las mañanas de verano en que llegues -¡con qué placer y alegría!- a puertos nunca vistos antes. Detente en los emporios de Fenicia y hazte con hermosas mercancías, nácar y coral, ámbar y ébano y toda suerte de perfumes sensuales, cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. Ve a muchas ciudades egipcias a aprender, a aprender de sus sabios. Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en …

POR MÍ

"Hoy voy a hacer un brindis por mí, por lo que soy, por lo que valgo, por lo que tengo y por lo que no. Por aquellos amores que he disfrutado, por los que han quedado a mitad de camino, por lo que me enseñaron y no quiero. Por los que fueron cobardes y no se la jugaron por mí, ni conmigo y por las veces que yo lo fui. Por las grandes amistades que conservo desde hace años. Por los que van llegando y van demostrando de qué palo están hechos. Por los que me demostraron que no sirven ni para vecinos. Hoy brindo por todos y cada uno de ellos. Por quien me saca sonrisas a diario, por quien también me hace derramar lágrimas, por quien enciende mi deseo y me hace sacar lo mejor de mí. Por aquellos que no me pueden ver ni en pintura, ni yo a ellos. Por quien me ama, y por quien me odia. Por todos sin excepción, pero sobre todo por mi...

El corazón lleno de abrazos

La habitación escondida

A veces he pensado que la naturaleza de una mujer es como una casa enorme llena de habitaciones: está el vestíbulo, donde uno recibe a las visitas formales; la sala de estar, donde los miembros de la familia entran y salen; pero más allá, mucho más allá existen otras habitaciones cuyas puertas nunca se abren; nadie conoce el camino hasta ellas y en la habitación más íntima, el alma se sienta a solas y espera oír unos pasos que nunca llegan.
 Edith Wharton