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Mostrando entradas de febrero, 2012

Jazzman

Eran las tres de la mañana, la juez Helen Richok y el forense a su cargo acababan de levantar el cadáver de otro indigente. Regresaron al juzgado en el coche oficial. En el rostro de  los policías se podía ver signos de tedio mientras veían alejarse el furgón del Instituto Técnico Forense

e fui perdiendo. Mi conducta fue siendo cada vez más caótica por la continua mezcla  de  drogas y alcohol.  Con  el tiempo esa mezcla restaría a mi mente  momentos de lucidez. Las grabaciones y giras musicales, no eran las de antes, ni mucho menos. Por lo que un día, tomé la decisión de marcharme, escapando de ese mundo que había conseguido asfixiarme. Mi equipaje,  se redujo tan solo una botella de whisky y al saxofón  que de niño me regaló mi padre, aun olía a chatarra y alcohol barato. Regresé a esa parte de la ciudad de la que la que salí  siendo un adolescente. Tras mucho caminar, mis pasos se detuvieron ante un edificio. Me senté en los escalones, mugrientos y malolientes  de la entrada.  Eché u…

Lo que quiero ahora

erá porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades aenfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida. Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicenci…

Como petalos resecos

Caen uno a uno pétalos resecos
como gotas de agua
sobre esas arrugadas y áridas sábanas
que representan una vida
Uno a uno lentamente
como esos finos granos de arena
de un reloj que impasiblemente
marca el ayer, marca el hoy,
y tal vez este ya marcando un mañana…
Despierta, miro esa almohada
sobre la que soledad aun duerme
y no logro despertarla.
Seguirán cayendo pétalos resecos
mezclándose con esos deseos esparcidos
por esas mismas arrugadas y áridas sabanas
con aroma al silencio.
de todas mis madrugadas

Te regalaría

Te regalaría mis transparentes caricias,
mis susurrados besos,
mis adormecidas maneras.
Todo eso te regalaría
en ésta latitud en la que me hallas,
sobre la que llueven
estos silenciosos conjuros.
Tú que lanzaste la vida sobre mí
aquí me tienes,
toma esto que te ofrezco.
Mírame, saboréame, huéleme
Y si lo deseas esparce caricias
sobre mí adormecido cuerpo.
Hazlo pronto, hazlo antes
de que se rompa el hechizo
y regresen a ti, ésos tus oxidados miedos.

Volver a respirar

Volver a respirar la flor que crece en mi. La sequía de estos momentos se la podría llevar y dejar en su lugar esta tristeza que converge con mis idas y venidas. Los dolores se acallan, no son nada al serlo todo. Nacen dudas, que se revisten de esos miedos que oculto intentándolos olvidar. Volver a respirar. Colmo de aire mis pulmones, para volverlo expulsar y encontrar en ello la paz… esa paz que  necesito cada día más y más . Este  jardín que es mi vida de hojarasca  esta lleno y he de volverlo a limpiar . Necesito para ello que renazca una vez más la esperanza de que todo lo que  viene, se va.

“Un bei di vedremo”

Siento la gran necesidad de perderme  en la belleza de la música, me seduce y de puntillas con cuidado camino sobre esas notas musicales,
que emergen profusamente
de cada uno de los instrumentos.
Sus altos y bajos me acarician.
La aguda  voz de la soprano
me tiende su calida mano y avanzo
entre  “Un bei di vedremo”
 y me estremezco.
Me arrebujo entre mis propias emociones impregnadas de melancolía. 
Mis ojos brindan con las lágrimas.
Esas impactantes notas   me liberan , me ofrece las alas  con las que transformarme en un centauro.

_ Como un rito entre mis manos _

Un rastro de luz
va iluminando mi rostro.

Entre mis manos, una mañana más
como parte de un rito;
una taza de humeante café.
Fuera en la calle está  lloviendo,
se puede escuchar su sereno sonido.

Un bostezo se me escapa.
Acerco a mis labios esa taza de café, su aroma y sabor emergen
creándose así un sublime momento que nunca será el de mañana, ni el de pasado mañana...
Un opaco paño de vaho cubre el cristal de la ventana.
Uno de mis dedos en silencio
ha ido  dejando   garabatos  . 

Tomo otro trago , aun muy caliente . Sonrío y tras esa sonrisa y recogimiento
me sumerjo en un halo nostálgico
que me impregna de sensaciones.

Regreso...del otro lado.

Escucho el repiqueteo de la lluvia.
En cristal  siguen esos mismos garabatos 
que con un cariz  infantil  había dejado.
Cojo la taza , la elevo  hasta mis labios  tomo un sorbo de ese café,  que en el transcurso de mi ausencia se ha enfriado.