A dherida mi piel a su desnudez, sus labios rozaron los míos. Entre mis adormecidos senos se posarían sus cálidas manos. y con la glotonería de un niño, se deleitaría con mis pezones con sabor almizcleño. Abrasadores poemas buscaría bajo mí cintura, con los que acallar su desasosiego. Respirando , abriéndonos, sumergiéndonos en una paralela catarsis, mientras nuestros sexos ardían por fuera y por dentro. Descubriendo en nuestros poros secretos de muchas lunas que aún no crecieron.