Conversábamos desnudos sobre los grandes almohadones. Sus manos acariciaban mis pechos y sus dedos se entretenían en ir dibujando círculos invisibles alrededor de las rosadas aureolas de mis pezones … Hacía tiempo que él había tratado de convencerme para que posase para uno de sus cuadros. Creí que se trataba de una broma, pero ante su insistencia comprendí que dicha proposición iba completamente en serio. Rehúse hacerlo mi pudor no me lo permitía. Acabé respondiéndole que me lo pensaría. Posar desnuda como sus otras modelos, no era algo que me apeteciese, mi cuerpo ya tendía a descolgarse por la edad. Me dediqué a mirarme desnuda ante el espejo de mi dormitorio una y otra vez, viéndome en ese receptáculo de cristal una vez mejor que otras. Pero acabe haciéndolo, me costó mucho dar ese paso, pero lo conseguí. Cuando se lo dije, apenas pude mirarle y él que me conocía desde hacía tiempo, sa...