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Golpea la noche en la ventana

Con rotundos aldabonazos de silencio
la noche golpea en mi ventana.
Como con la llegada de un amante
mis entrañas se encrespan
enzarzadas por ese deseo insoslayable,
que tus palabras esparcieron sobre mi,
convertidas en desconocidas verdades,
con las que fui cubriendo mi vida
en la inconsciencia mas inenarrable.
No sirve de nada abrir ese futuro
en el que tu aroma aun persiste.
Mis recuerdos están acostumbrados a perder,
aliándose el deseo con la memoria.
Golpea la noche en la ventana
sacudiéndome el temor a confesarme…


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QUE BONITA TE VES DESDE QUE TE RESCATASTE

Que bonita te ves así volviendo a ser tan tú, tan tranquila , tan loca, tan completa,    tan viva. Caminas con seguridad, sonriendo todo el tiempo, no te viste como otras, la moda no influye en tus gustos, usas lo que te identifique como única y así vas enamorando al mundo. Que bonita te ves desde que te rescataste, tu mirada cambió y la paz te invade a cada instante. Que hermosa te ves amando a tu manera, sin etiquetas, sin miedos, simplemente amando como tú quieras. Ya casi te pareces a la mejor versión de tí, a esa que se comerá al mundo en su afán de seguir siendo feliz. Que bonitos tus ojos y tus sonrisas, que bonitas tus cicatrices que bonitas. Te reconstruiste de una manera hermosa, tus pedazos al ser unidos te convirtieron en la más bella de las rosas. Que bonita te ves retomando las riendas de tu vida, no cualquiera resurge como tú de entre las cenizas. Que grande te ves pisoteando todas tus tristezas y complejos, que imponente te has vuelto desde que mandaste al carajo a la…
Aquella noche hacían cola los sueños, queriendo ser soñados, pero Helena no podía soñarlos a todos, no había manera. Uno de los sueños, desconocido, se recomendaba: -Suéñeme, que le conviene. Suéñeme, que le va a gustar. Hacían la cola unos cuantos sueños nuevos, jamás soñados, pero Helena reconocía al sueño bobo, que siempre volvía, ese pesado, y a otros sueños cómicos o sombríos que eran viejos conocidos de sus noches de mucho volar.

Autor: Eduardo Galeano

Otoño

oy el día amaneció grisáceo.Si uno guarda silencio y pone atención, puede llegar a escuchar a lo lejos el crepitar de las pisadas del otoño, esa estación del año que todo lo envuelve con esa melancolía, que cada vez me va fascinando más y más. Consigue impregnarlo todo con ella . Desde hace riempo me siento identificada con esa estación, quizas por qué creo encontrarme en el otoño de mí vida, esa fase que precede al invierno a la vejez y a ese final de todo. Me gustaria dar largos paseos sola, observando los árboles medio desnudos y sentir ese aroma reseco del la alfombra de sus hojas bajo los pies. Admirar esa gama de colores ocres, dorados, castaños, rojizos y verdes tierra como una sinfonia inacabada…. Esas hojas que hasta una leve brisa consigue arrancar de sus tambien resecas ramas y las arrastra, dejando sobre el alquitran del asfalto la calidez de sus colores.
Igual resulta cursi y hasta pedante, ésta forma de describir ese Otoño, puede que sea en realidad asi , pe…

CRÓNICAS DEL ENVEJECIMIENTO

El envejecimiento de la población transforma el mundo, pero ¿El envejecimiento es solo un deterioro biológico? ¿Hay una cultura del envejecimiento? Este blog es un acercamiento a la antropología del envejecimiento y a la demografía, un vistazo al mito de la juventud eterna y a la ciencia detrás de este sueño.

 El artista Andrés Serrano (New York 1950) hizo una de las fotografías más célebres de los años 90, la cual representa el cuerpo desnudo de una mujer anciana. El Bastón, el cigarrillo, la otra mujer (posiblemenete joven) abandonada en el colchón... posiblemente después una relación... el significado está abierto. Andrés Serrano, un fotógrafo polémico que se ha distinguido por retratar aquello que pocos quieren ver, dice acerca de sí mismo que él no es un fotógrafo sino un artista con cámara. El cuerpo desnudo y envejecido es una de las imágenes que más se ha ocultado en la historia de la humanidad. Antes del siglo XIX solo la pintura había conseguido "retratar" ese …

Trazos envolventes

e encontraba disfrutando de mí día libre. Las pinturas expuestas en el escaparate de una tienda de arte había llamado mí atención. Tras uno segundos o tal vez minutos de contemplación de esos lienzos, advertí que el reflejo de un hombre en el cristal de ese escaparate, me estaba observando. Se trataba de un hombre de mediana edad, cabello y barbas canosa casi blancas y gafas con montura metalizada. Era de esas personas que resultan agradables a la vista. Me pareció raro que un hombre así me estuviera mirando. No parecía de ese tipo de hombres que se dedican a mirar a las chicas. Seguí disfrutando de las pinturas, cuando tras de mí escuché un carraspeo nervioso. Giré mí rostro encontrándome con una sonrisa en el rostro de él. Tras disculparse por su atrevimiento, intento explicarme el motivo de que hubiera estado observándome. Era pintor y necesitaba ayuda para llevar a cabo un experimento. No podía salir de mí estupor. No me veía posando y se lo dije, pero el me tranqui…

El 0 y el 1

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Nuestras mujeres mayores

Casi todos los escritores españoles de este momento sabemos por experiencia que la mayor parte de las gentes que asisten a nuestras conferencias son mujeres. Señoras que a menudo tienen ya una cierta edad. A veces ni siquiera son personas muy cultas, al menos en el sentido en el que habitualmente solemos utilizar la palabra cultura: algunas de ellas –al borde de los setenta años, después de toda una vida dedicada al trabajo y a cuidar de los demás- se han apuntado a algún club de lectura de los muchos que empiezan a proliferar por los pueblos y los barrios de numerosas ciudades. Se acercan a nosotros con los ojos brillantes, nerviosas y tímidas, para confesarnos que la nuestra es la primera novela que han leído, y que no sabían que leer una novela podía ser una experiencia tan íntima y tan rica. Antes, mientras trabajaban, criaban a los hijos, hacían todas las tareas domésticas, se ocupaban de un marido exigente y atendían a los mayores, no habían tenido tiempo. Ahora lo sacan d…