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Fui



ui una niña la que sin saber el motivo, cambió juegos por lloros. El dolor suele tener diversas formas de manifestarse en la vida de cualquier ser humano.

Caminé durante demasiados años de la mano de otros, que temían que pudiera romperme dado a esa fragilidad con la que me invistieron.

Tal vez por eso aprendí a caminar por mí misma a dar esos primeros, a sufrir mis primeras caídas cuando mi juventud había pasado. Todo en mi vida llevó un enorme retraso, motivo quizás para que siguiera creyendo en esas “cosas” que otras personas habían dejado atrás en no se sabe que parte de sus vidas.

Me aferré a ser lo que se me tenía prohibido sin prohibírmelo. La adolescencia se me había ido impregnando de desilusiones y más llanto. Ese querer y no poder, puede convertirse en algo demasiado amargo.

Mi cuerpo no me permitía que me alejase del dolor físico y moral.

“Vivir” se llegaría a transformar en un sobrevivir ceniciento.

Fui y temo que sigo siendo "invisible" para muchas personas, que se ven en mí , pero sobre todo he sido ignorada por el género masculino...

Un día como como pudo ser cualquier otro, me propuse algo, una especie de reto, ese que muchos de mis conocidos no llegaron a entender del todo o si lo llegaron a entender prefirieron guardar silencio .


Entré con algo de temor a esa parte de mí que hasta entonces había estado bajo una fría desolación personal... Me fui quitando la ropa, dejándola tirada a mi paso, así lo había visto en algunas películas. Con un temblor leve en el cuerpo, busqué con la mirada esos zapatos negros de ante y tacón de aguja con los que tantas veces me había imaginado, me subí en ellos con torpeza.

De repente me vino a la mente los rostros de esas personas que nunca pudieron concebirme como mujer, ruborizándome. Me sentí ridícula una vez más. Presa del nerviosismo estuve a punto de abandonar aquel reto... temía, de nuevo volvía a "temer" esa palabra maldita de mi vocabulario.

Abrí la ventana, necesitaba un poco de aire fresco. No podía volverme atrás, necesitaba seguir adelante, debía olvidarme de los demás y hacer aquello por mí, solo por mí, olvidándome de los demás.

Me puse la preciosa lencería intima de seda negra que se encontraba sobre la cama, nunca había llegado a tener algo así. Advertí que también había unas medias negras con ligas de encaje para ponerme, lo que me hizo una ilusión tremenda, para lo que tenía pensado hacer era algo imprescindible. Me senté y recogiendo una de ellas con mis manos con cuidado la llevé hasta la punta de mi pie derecho, iniciándose así el ascenso por mi pierna hasta quedar enfundada en seda.

No podía verme, mi imagen ahora voluptuosa no podía verse en ese espejo que a diario solía devolverme una imagen de mi llena de irregularidades.

Sobre esa misma cama se encontraba un vestido negro de línea recta y sin ningún tipo de adorno con el que también me había imaginado alguna vez. En ese momento me pareció mucho más bonito; lo recogí emocionada con cuidado, como si temiera que en cualquier momento se pudiera romper. Una vez introduje los brazos y la cabeza llegue a sentir como ese crespón de seda se deslizaba a lo largo de mi cuerpo. Allí a la espalda se encontraba esa larga cremallera que fui subiendo despacio a intervalos produciéndose ese característico sonido que tanto puede llegar a enervar a un hombre en algunas ocasiones. Cremallera que suele marcar un principio acelerado y un final de satisfacción.

Ya me encontraba preparada para ir a esa otra parte de la iniciación. Recogí mi cabello en forma de uno de esos moños que dejan al descubierto el cuello. Me puse un poco de roug en los labios y algo de colorete en las mejillas, sin más... a continuación puse unas gotas de perfume en aquellas partes de mi anatomía tan desconocida por mí. Ya solo me quedaba un detalle, un collar de perlas y los pendientes a juego…

Ya me encontraba preparada para seducir.

Fui caminando pausadamente, pude escuchar el sonido que producía la tela del vestido al roce con mi cuerpo. Me acerque hasta el ordenador, me senté ante él encendiéndolo, abrí el Word y una vez tuve ante mí ese nuevo documento en blanco, esperé con una sonrisa a que algo sucediera. Me repetí una y otra vez, que solo debía dejarme llevar, que lo más importante para que pudiera suceder eso que tanto temor me había estado causando ya lo tenía. Había leído lo suficiente sobre este tipo de historias , poseía una gran imaginación y mi escritura no era del todo mala..


Unas horas después pude guardar en ese Word, mi primer relato erótico. Ya sin esos zapatos de tacón, sin esa ropa íntima de seda , sin ese vestido a lo Audrey Hepburn en Desayunos con diamantes ante el escaparate de la joyería Tiffnys .. Sin rastro de roug en los labios, sin esas pinceladas de color en las mejillas y ese rastro de perfume y sin el delicado collar de perlas y los pendientes , me fui acercando a la cama me introduje en ella, apagando la luz con una mezcla de satisfacción y miedo, la excitación vendría mucho después, eso sería otra historia.

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