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Si te tuviera.

i te tuviera. Si te pudiera tener... Iría recorriendo tu figura con la palma abierta de mi mano hasta crearte de nuevo. Eres nostalgia, memoria e incertidumbre. Eres un cuerpo y no lo eres en ese estar diario. A unque estuvieras, tendría que recordarte como estoy haciendo, la memoria es así de caprichosa. Te iría buscando despacito, con las yemas de los dedos, reptando mi cuerpo por tu cuerpo. Te buscaría con mis labios, dejando tras ellos ese hilo brillante húmedo de deseo. Como si no estuvieras aquí, cómo si nunca te hubieses ido. Como si fueras un recuerdo necesario para seguir respirando y sentir que aún estoy viva, que siento y en ese sentir te encuentro. Te busco con miedo, más del que tu puedas imaginar. Te espero sentada a la orilla de tus recuerdos, esos que me obsequiaste, poniendo sonrisas en mí rostro. Oculta y cómplice como otras veces. Te espero, sentada a la orilla de tus propias sombras, desde el ese vértigo increíble de poder tocarte, de poder ser yo esa otra mu...

Albergar otro sueño

M i deseo es albergar otro sueño, ese en el que tu no aparezcas. Volver a caminar sin pies y a volar sin alas, a sentirme de nuevo yo, algo que tu me arrebataste. Necesito vestirme de esa calma de la que me desposeíste. Limpiar mis ojos de esa huella que los tuyos dejaron. Amor, no creo que aquello llevara ese nombre. Sólo fue un espejismo que mi anhelo fue forjando. Mis sentidos a la sin razón de lo imposible se aferraron y hoy entre lagrimas lo estoy pagando. Me urge encontrar la calma la que llegara con tu olvido. Brotándome de nuevo una sonrisa dejando de sentirme pérdida.

Llueve rojo

Llueve rojo mientras contemplo y escudriño esos charcos de turbios recuerdos Llueve rojo salpicando sobre mis pechos, rodando por mí vientre hasta enredarse en la maraña de mí pubis. Llueve rojo y mis labios pronuncian palabras sobre esas sábanas ahora resecas. Guardo silencio en ese amor atemporal y exprimo esos adverbios complejos. Demasiados deseos haciéndose charcos, charco de lluvia roja ... Por eso hoy pienso y callo y espero en rojo…

Es una lastima que no estés conmigo

Es una lastima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las doce , entrada la madrugada, hora que llaman bruja por estar repleta de magia. Me pongo ante una pantalla blanca y te escribo olvidándome por completo de ese dolor de espalda. Busco palabras que se conviertan en besos y caricias en conjuros cargados de sensaciones dulces y amargas. Es una verdadera lastima que no estés aquí conmigo cuando el día y la noche se funden Y vuelvo a mirar ese reloj y sigue esa misma hora, conservándose intacto ese paisaje que te reclama, en el que podamos prometernos bajo esos crepúsculos neutros que no seré ella, ni tú serás él , por que siempre seguiremos siendo nosotros los que fuimos cuando nos cruzamos en un mismo camino cargados de nuestras propias etapas. Es una lastima que no estés conmigo, una verdadera lastima…

El azar te trajo a mí

El azar te trajo hasta mí, en esta noche en la que evocar quiero a los sentidos. En la que reina el espíritu lunar cómplice de este y otros momentos en los que una especie de sortilegio incubara a esa mujer que llevo dentro. Tu mirada me enaltece y ante ella deseo sucumbir en esta travesía nocturna en la que tu y yo tan sólo somos elementos alquímicos, una aleación intima de dos cuerpos mezcla de deseo y pasión homogéneamente perfecta de la que el amor es su centro.

Pétalos resecos

Caen uno a uno pétalos resecos como gotas de agua sobre esas arrugadas y áridas sábanas que representan una vida Uno a uno lentamente como esos finos granos de arena de un reloj que impasiblemente marca el ayer, marca el hoy, y tal vez este ya marcando un mañana… Despierta, miro esa almohada sobre la que soledad aun duerme y no logro despertarla. Seguirán cayendo pétalos resecos por esas mismas arrugadas y áridas sabanas con aroma de deseos ocultos y al silencio. de todas mis madrugadas.

Momentos con olor a serenidad

Momentos oscilantes. Un tiempo que se detiene sin llegar a detenerse. El día gris y evanescente trae ese café amargo y fuerte, como un sereno rito. Una mecedora vieja que se queja en la que suelo mecerme. Las cortinas intimando se cierran. La luz se aleja poco a poco, ofreciéndome una placentera penumbra. El silencio conversa conmigo. Las sombras se van una a una escondiendo. Siento la ausencia del calor de la palabra sobre este cuerpo hoy deshabitado. Un sorbo y otro sorbo… Llega hasta mí el murmullo de la calle. Me deleito de este estar a solas, prolongando estos momentos en los que pensar en cosas que de verdad me importan. Momentos y tiempo …..