Ir al contenido principal

_ Como un rito entre mis manos _

Un rastro de luz
va iluminando mi rostro.

Entre mis manos, una mañana más
como parte de un rito;
una taza de humeante café.
Fuera en la calle está  lloviendo,
se puede escuchar su sereno sonido.

Un bostezo se me escapa.
Acerco a mis labios esa taza de café, su aroma y sabor emergen
creándose así un sublime momento
que nunca será el de mañana, ni el de pasado mañana...
                                    
Un opaco paño de vaho cubre el cristal de la ventana.
Uno de mis dedos en silencio
ha ido  dejando   garabatos  . 


Tomo otro trago , aun muy caliente .
Sonrío y tras esa sonrisa y recogimiento
me sumerjo en un halo nostálgico
que me impregna de sensaciones.

Regreso...del otro lado.

Escucho el repiqueteo de la lluvia.
En cristal  siguen esos mismos garabatos 
que con un cariz  infantil  había dejado.
 
Cojo la taza , la elevo  hasta mis labios 
tomo un sorbo de ese café, 
que en el transcurso de mi ausencia se ha enfriado.


Comentarios

  1. Cuantas veces he hecho eso tras el cristal...hoy hay nieve en mi terraza y el aire es frio y seco, el cielo de un azul nítido...

    Cuando miro tras el cristal, no puedo evitar que me invada la nostalgia...

    Besos guapa

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Divagando una vez mas

        L o visible se hace invisible las verdades ocultas, distinguibles, los secretos, nos seducen. U n mundo físico se va dibujando con palabras inimaginables. Recónditas limitaciones humanas, entre ellas las del lenguaje. P alabras que nunca alcanzan a complejos personajes. Sombras misteriosas buscan pensamientos que divagan. Y o siempre inescrutable me sigo perdiendo sin encontrarme.

¡Que los Sabios Majos nos apapachen!

Siempre tuve dudas con respecto a la tradición de los Reyes Magos: mi hija, Mohammed, sobrinos, etc... Pero mi padre me había transmitido con tanta pasión la ceremonia de escribir la carta, limpiar los zapatos, colocarlos en la salita, que entonces también era cocina y comedor, y despertarnos temprano el día 6, que , cuando supe cual era la realidad y de donde procedían los regalos, mi padre dejaba de fumar una temporada para ayudar al ahorro, él y mi madre economizaban para que, al menos, una petición de cada uno se cumpliese, no lo superé muy bien. Alrededor de los 12 años, comenzaron a contar conmigo para la complicidad de los preparativos, y mi padre, a quien le gustaba Baltasar porque siempre fue del sur, me llevaba de la mano a buscar el pentotal de la ilusión de los 3 chiquitines. Una vez, a las 10 de la noche del día 5 de enero, se dio cuenta de que faltaban las pilas de la moto pedida por Juan. Y los dos, abrigo y bufanda colocados a toda prisa, salimos en busca de una ferrete...

Es una lastima que no estés conmigo

Es una lastima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las doce , entrada la madrugada, hora que llaman bruja por estar repleta de magia. Me pongo ante una pantalla blanca y te escribo olvidándome por completo de ese dolor de espalda. Busco palabras que se conviertan en besos y caricias en conjuros cargados de sensaciones dulces y amargas. Es una verdadera lastima que no estés aquí conmigo cuando el día y la noche se funden Y vuelvo a mirar ese reloj y sigue esa misma hora, conservándose intacto ese paisaje que te reclama, en el que podamos prometernos bajo esos crepúsculos neutros que no seré ella, ni tú serás él , por que siempre seguiremos siendo nosotros los que fuimos cuando nos cruzamos en un mismo camino cargados de nuestras propias etapas. Es una lastima que no estés conmigo, una verdadera lastima…