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El cuerpo del delito

upe que me engañaba, que algo no marchaba bien. Según él, ya no echaba de menos fumar. Si eso era realmente cierto, qué coño hacía, allí escondido, el paquete de Ducados junto a un montón de colillas envueltas en papel de aluminio .
Algo iba mal, sin lugar a dudas. Sentía un palpito que me lo decía.
Quizás estoy haciendo una montaña de un grano de arena, pero es que esto pinta bastante mal. Algo terrible debe estar ocurriendole para que rompa su promesa de no volver a fumar.
Va a ser mejor que me calme, que deje de sacar las cosas de quicio. La idea de tener que volver a recoger colillas o de tener que airear la casa cada dos por tres me pone … Será mejor que vaya a la cocina a prepararme una infusión de tila, a ver si consigue calmarme y se mitiga mi cabreo.
Dios, dios, diossssssss, creo que estoy algo paranoica. Sí, sí lo estoy. Seguro que anda liado con alguna de sus compañeras o tal vez con alguna de sus alumnas, vete tú a saber. Ésa debe ser la causa de que su conciencia no le permita estar tranquilo y haya necesitado volver a echar mano de ese asqueroso vicio.
Ana, joder!, cálmate y deja de pensar chorradas, no sigas montándote historias .
Con esta pinta que llevo , no es de estrañar que ocurran ciertas cosas. La verdad es que debo admitir que he ido descuidando mi apariencia, que debería haberme cuidado más de lo que lo estoy haciendo. Hace unos años lo hacías, solías ir a la ultima, sacrificándome si hacia falta y en cambio ahora, mira…
Mañana pienso ir a la peluquería. Sí, eso mismo. También pienso ir al Corte Inglés a
la sección lencería de señora y me voy a comprar ropa interior como la que sale en la tele o en las revistas, ésa que tanto les gusta a los hombres . Pienso tirar al cubo de la basura todos tus sujetadores y bragas de algodón que tengo, por muy sano que pueda ser su uso. Tambien pienso comprarme uno de esos mini camisones trasparentes con lacitos y encajes, aunque me hiele defrío, solo de pensarlo se me pone la piel de gallina , pero bueno todo sea por la causa. Deberia perder unos kilitos , olvidarme de esas tabletas de chocolate por muy buenas que puedan ser para la depresión .

Nuestra vida sexual se encuentra descuidada desde hace tiempo .
Cuando se empeñó en que me apuntara a las clases del taller de lectura que impartía su compañero Javier, no imaginaba lo que iba a encontrar alli. Pense que serian aburridas, pero no fue asi ni muchisimo menos. Las lecturas que eligio el profe mayoritariamente fueron eroticas. El énfasis con que leía algunos fragmentos, su lenguaje de imágenes sugerentes y la forma en la que nos miraba algunas veces eran de lo más provocador... Lo pillé un par de veces mirándome el escote. Nunca llegué a comentarlo con Javier, no me hubiera creído. Era su compañero y amigo del alma, solo pude contarselo a Mamen y Paz , que se morian de envidia , cuando les contaba como subia la temperatura en mi cuerpo, al escucharle algunos fragmentos. No sé si es por qué mi coño se encontraba desde hacia tiempo desaprovechado , como le oi a no sé quien en la tv hace unos dias y que me hizo tanta gracia, o cual fue el motivo, pero el caso es que llegué a disfrutar de
de lo lindo. De vez encuando pienso con añoranza en esos cosquilleos, en como salia de esas clases sintiendome humeda. Lo que mas me jode de aquello , fue mi mala conciencia.

Por cierto, ahora que recuerdo. Dentro de pocas semanas Javier volverá a viajar a Alcazar de San Juan, al convento de Santa… no se qué. Hotel al que nunca he ido , el de la famosa monja fantasma . ¡Ojala se le aparezca ly le de un buen susto!, se lo ttendria merecido.
Este gilipollas me las va a pagar. A ver qué mujer le aguanta todas sus manías, que no son pocas.
Y es que va a ser cierto lo que se dice en el libro “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus”, ¿O era al revés?
Hasta en la forma de envejecer salen ganando. Al contrario que nosotras. con el paso de los años, se hacen más atractivos, sobre todo a los ojos de las jovencitas.
No es tan fácil pasar página a mi edad y volver a empezar.
Vale, no quiero pensar más.

Lo más terrible de todo es que aún quiero a este gilipollas que tengo por marido. Pronto volverá a casa, entrará por esa puerta con su habitual “hola cariño”, irá al dormitorio se pondra el pijama y vendra a contarme lo cansado que se encuentra , lanzandome la pregunta del millón “¿que hay para la cena?”

Podría arreglarme y salir a tomar un café con leche a la cafetería de debajo de casa y, de paso, me daría un poco el aire. Así podría charlar un rato con el joven camarero que me echa los tejos, ese que me obsequia con su dentífrica sonrisa. Al parecer le atraen las mujeres mayores. Podría pensármelo bien y tener un rollito con él.
Total, tan solo le estaría pagando a mi querido maridito con su misma moneda.
Me temo que me falta mucha de ésa cultura sexual de la que tanto se habla. Espero que algún día vuelva a estar aprovechado mi coño, pobrecito!
Que no falte ironía Ana, que nunca falte.

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