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Si te tuviera.

i te tuviera. Si te pudiera tener... Iría recorriendo tu figura con la palma abierta de mi mano hasta crearte de nuevo. Eres nostalgia, memoria e incertidumbre. Eres un cuerpo y no lo eres en ese estar diario. Aunque estuvieras, tendría que recordarte como estoy haciendo, la memoria es así de caprichosa. Te iría buscando despacito, con las yemas de los dedos, reptando mi cuerpo por tu cuerpo. Te buscaría con mis labios, dejando tras ellos ese hilo brillante húmedo de deseo. Como si no estuvieras aquí, cómo si nunca te hubieses ido. Como si fueras un recuerdo necesario para seguir respirando y sentir que aún estoy viva, que siento y en ese sentir te encuentro. Te busco con miedo, más del que tu puedas imaginar.

Te espero sentada a la orilla de tus recuerdos, esos que me obsequiaste, poniendo sonrisas en mí rostro. Oculta y cómplice como otras veces. Te espero, sentada a la orilla de tus propias sombras, desde el ese vértigo increíble de poder tocarte, de poder ser yo esa otra mujer que desearía ser. De brazos moldeables con los que abrazar ese otro cuerpo deseado, el tuyo. Que mis manos fueran las adecuadas para realizar ese viaje voluptuoso y a la vez sereno, que abrieran caminos placenteros sobre tu cuerpo. Que hechizasen con ese subir y bajar, con ese arquearse gracioso y provocador de la que deberían estar dotadas todas las manos. Portadoras de mensajes secretos en sus dedos, que dejaría sobre los pliegues de la piel, los tuyos. Esas manos seductoras de temperatura justa, rugosidad exacta y esa carnosidad agradable que hacen que una boca no pueda resistirse, tu boca. Una lengua que se desliza por la piel, tu lengua. Unos dedos que recorrerían livianamente tu rostro, tu cuello y tu pecho, enmarañándose en la espesura de tu vello, retozando como niños traviesos repletos de vida y anhelos, jugando alrededor de esos pezones diminutos pellizcándolos. Dedos que podrían arrancar gemidos a lo largo de todo ese trayecto, cuando revolotearan por tu ombligo, cuando resbalando hasta tu miembro viril lo acariciaran, lo recorrieran y lo abrazaran. Ahí estarías por fin, entre ese tipo de deseos absurdos tal vez para los que no carecen de esos medios con los que arrancar el placer más intenso el tuyo que seria el mío. Aleteando como mariposas trepando y cayendo sobre esa carne henchida. Desnudar ese miembro erecto de su fina piel y rozarlo con delicadeza y ansias, sintiendo como crece entre ellas, sintiendo como se endurece, como se sonroja y se tensa, incitadoramente.

Ya ves lo importante que pueden ser unas manos para alguien cómo yo. Son portadoras de sensaciones intensas, pueden llegar a ser refugio, pueden convertirse en cuenco o recipiente sobre el que escanciar el semen tibio y deseado, pudiendo así saborearlo, el tuyo.

Las manos no solo seducen, acarician y provocan, también se puede ver a través de ellas y hasta convertirse en signos que hablan silenciosamente. No quiero tentar a los dioses con estas palabras cargadas de ambiciones, no deseo que lleguen a molestarse y acaben quitándome esas pocas cosas que aún puedo realizar con ellas, como escribirte esto.

Imagina que tus manos y tus dedos no pudieran recorrerme como es tu deseo. Imagina lo que es el desear algo y saber que no están a tu alcance. Ya, ya sé que soy incorregible, lo sé.

Está sonando una bella canción, la que me ha sumergido en ti y estoy feliz.

Comentarios

  1. Felíz están los dedos de quien te contesta, sabedor que las palabras hablan, y cada dedo encierra una sílaba y cinco dedos encadenadan palabras, y ya sabe que las palabras pueden llegar a ser cuencos, o ser la fuente donde dejar escapar lentamente los deseos.
    Muchos besos Ana.

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  2. De todo me quedo con una frase, que me ha gustado mucho...."

    te espero sentada a la orilla de tus recuerdos"

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  3. También se pescan las letras sobre las aguas de un río,
    sobre pétalos de rosas, sobre el camino tendido,
    sobre tu piel que es hermosa cuando la baña el rocío.

    Recibe un beso en tu alma.

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