e encontraba disfrutando de mí día libre. Las pinturas expuestas en el escaparate de una tienda de arte había llamado mí atención. Tras uno segundos o tal vez minutos de contemplación de esos lienzos, advertí que el reflejo de un hombre en el cristal de ese escaparate, me estaba observando. Se trataba de un hombre de mediana edad, cabello y barbas canosa casi blancas y gafas con montura metalizada. Era de esas personas que resultan agradables a la vista. Me pareció raro que un hombre así me estuviera mirando. No parecía de ese tipo de hombres que se dedican a mirar a las chicas. Seguí disfrutando de las pinturas, cuando tras de mí escuché un carraspeo nervioso. Giré mí rostro encontrándome con una sonrisa en el rostro de él. Tras disculparse por su atrevimiento, intento explicarme el motivo de que hubiera estado observándome. Era pintor y necesitaba ayuda para llevar a cabo un experimento. No podía salir de mí estupor. No me veía posando y se lo dije, pero el me t...