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Trazos envolventes

e encontraba disfrutando de mí día libre. Las pinturas expuestas en el escaparate de una tienda de arte había llamado mí atención. Tras uno segundos o tal vez minutos de contemplación de esos lienzos, advertí que el reflejo de un hombre en el cristal de ese escaparate, me estaba observando. Se trataba de un hombre de mediana edad, cabello y barbas canosa casi blancas y gafas con montura metalizada. Era de esas personas que resultan agradables a la vista. Me pareció raro que un hombre así me estuviera mirando. No parecía de ese tipo de hombres que se dedican a mirar a las chicas. Seguí disfrutando de las pinturas, cuando tras de mí escuché un carraspeo nervioso. Giré mí rostro encontrándome con una sonrisa en el rostro de él. Tras disculparse por su atrevimiento, intento explicarme el motivo de que hubiera estado observándome. Era pintor y necesitaba ayuda para llevar a cabo un experimento. No podía salir de mí estupor. No me veía posando y se lo dije, pero el me t...

Acompañame lluvia abajo

Acompáñame lluvia abajo en una tarde de matices serenos, donde entienda tu adiós. Pasaran los meses… Y también los años… Las noches se deshojaran en una armonía cruel inundándome de tu recuerdo, única compañía.

ENVIDIOSOS DIOSES

                         os dioses envidiosos de nuestro amor, decidieron convertir tu cuerpo en piedra. Te busqué en las noches.  Grité inutilmente tu nombre , respondiendome tan solo el oscuro silencio, de las frías noches.  Tanta soledad arrancó las lagrimas  de mis ojos , que cayeron sobre tu piel, sin yo saberlo. Asi fueron pasando  los dias y las noches , hasta que los dioses tuvieron clemencia de mí, creando de mi cuerpo una cordillera.  Sería una mujer eternamente dormida, decían mientras se reían entre ellos? Menos uno, al que le dolió mí soledad, yendo hasta ti despertándote. Te dijo sin palabras donde me encontrarías dormida. Entregándote de nuevo los sentidos, para lograr una noche de amor. De esa unión brotaron ríos, manantiales, bosques, bellos mantos de flores, miles de animales y preciosos astros sobre el cielo que...

Fragmento de Los seres felices de Marcos Giralt Torrente

ue espectáculo conmovedor el de un cuerpo cediendo ante una caricia. Me sorprende la inmediatez con la que una caricia persuade. Ahí donde las palabras fracasan basta con un roce de la piel para obtener el resultado perseguido. Una caricia significa lo que es, busca una emoción inmediata, y pocas veces se presta a ser malinterpretada... Sin embargo, que tremendo daño entraña ese poder para quién recibe la caricia y no sabe lo fácil que es mentir con ellas, qué cruel si los actos posteriores no acompañan la calidez que la caricia inicia. No es lo mismo acariciar para restablecer la confianza o recuperar al otro, que acariciar como un consuelo que no tardaremos en traicionar. Asi acarician algunas personas, para consolar momentáneamente de una injusticia y para consolarse a sí mismos del pesar de no haber sabido atajarla...  Marcos Giralt Torrente

Insomnes noches torrenciales

                                                 I nsomnes noches torrenciales, de ese mi universo deshilvanado que todo aquello que toca destruye. Risas, llanto y más llanto transfiguración de lo imposible. Pesadumbre y desencanto dejaron quiénes ya se marcharon.

Palabras, caricias verbales

is palabras toman cuerpo. Bailan en el aire,  no importandoles decir algo, solo desean convertirse en el ritmo que marca este momento. Mis palabras quieren creer que pueden hechizar, con un ligero sube, baja, con un grácil revoloteo. Creen estar dotadas de esa magia que en realidad carece. Todo el universo son ahora esas palabras en movimiento; llevan un mensaje secreto. Palabras que se unen y separan, exhibiendo su resplandor, luciendo sus pliegues. Mis palabras a veces se rinden, cuando se encuentran  entre otras en las que se sienten extrañas.  Se crecen cuando son impulsadas por las fantasías, que las logra transformar en historias que respiran y sienten. Son como alas que se han tejido con libertad que llevan cargadas.   A véces temen poseer el poder de causar daño y de decir aquello que no que deberia haber sido silencio. Temen llegar a ser un golpe seco con movimiento inesperado. Temen enmudecer, temen no lograr decir nada. En perder es...

Vino y Rosas

iempre me gustó verlo dormir. Lo hice durante mucho tiempo a través de la abertura de la puerta de su dormitorio. Dormía y duerme desnudo. Desde mí escondite podía disfrutar de su cuerpo. Acariciaba con mis manos de adolescente virgen su espalda velluda con sumo cuidado, como si temiera despertarlo. Me deslizaría suavemente hasta sus nalgas. Yendo y viniendo por cada una de las partes expuestas a mí mirada curiosa y excitada. Es un ritual que el desconoce, que inicié no hace mucho y que he ido perfeccionando con el tiempo. Con ese hombre llegué a sentir cómo mí cuerpo de niña se alejaba, dejando en su lugar el de una adolescente que no lo veía como su padrastro, si no cómo hombre. Su cuerpo tenía la fuerza de perturbarme hasta humedecerme. Y no su cuerpo sino la brisa sudorosa que emanaba de sus poros. Mis manos necesitaban perderse bajo mí camisón y acariciar ese púbis casi infantil y adentrarse en ese sexo que parecía contener en sus profundidades un fuego en...