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El corazón lleno de abrazos

T
engo el corazón lleno de caricias, de los abrazos que di, de los que me dieron, de los que quise dar y no llegaron a nacer, de los que ya nunca podré dar… Habitan en mí esas caricias y abrazos que los nuevos tiempos abominan y proscriben. Vacía vida la de un mundo que prohíbe los abrazos, inútil vivir donde están vetadas las caricias, no quiero mirar a ese gélido mundo que llama a la puerta, ese mundo que nos niega, ese inhóspito mundo de ausencias y distancias. Reniego de ese mundo de probeta y mascarilla, no lo quiero para mí ni para nadie. Reivindico el poder de la caricia y del abrazo. Si en el mundo en el que nos pudimos abrazar llegamos a matarnos unos a otros, ¿Qué no seremos capaces de hacer en este que ya asoma? Vacío mundo de zombis estúpidos y distópicos, de helados silencios y cibernéticas soledades. Vacío mundo ya de todo lo que un día fuimos. A nosotros, los viejos, nos queda el calor de los recuerdos; a los que vendrán solo el frío, el helado frío de su soledad. Las pandemias no llueven del cielo por muchas danas o galernas que soplen, necesitan que alguien las plante y las riegue con tiempo, premeditación y alevosía. Maldigo a los jardineros de pandemias que nos han robado los abrazos, a quienes las regaron recortando nuestra sanidad, a quienes las abonaron expulsando a jóvenes investigadores, científicos y sanitarios de este país, a quienes las podaron pagando menos impuestos a costa de que la sanidad universal y gratuita no llegase a todos los barrios, a quienes las cultivaron privatizando las residencias de mayores, a quienes convirtieron las residencias en negocio, a quienes miraron a otro lado, a quienes politizan la pandemia en su provecho, a quienes quieren forzar el desconfinamiento a golpe de cacerola rojigualda de Armani, a quienes consciente e intencionadamente se saltan las recomendaciones de los expertos sanitarios, a quienes pontifican como si lo fueran, y, sobre todo, a quienes criminal e irresponsablemente utilizan el dolor y la muerte para sembrar la mentira y el odio.

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Divagando una vez mas

        L o visible se hace invisible las verdades ocultas, distinguibles, los secretos, nos seducen. U n mundo físico se va dibujando con palabras inimaginables. Recónditas limitaciones humanas, entre ellas las del lenguaje. P alabras que nunca alcanzan a complejos personajes. Sombras misteriosas buscan pensamientos que divagan. Y o siempre inescrutable me sigo perdiendo sin encontrarme.

Es una lastima que no estés conmigo

Es una lastima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las doce , entrada la madrugada, hora que llaman bruja por estar repleta de magia. Me pongo ante una pantalla blanca y te escribo olvidándome por completo de ese dolor de espalda. Busco palabras que se conviertan en besos y caricias en conjuros cargados de sensaciones dulces y amargas. Es una verdadera lastima que no estés aquí conmigo cuando el día y la noche se funden Y vuelvo a mirar ese reloj y sigue esa misma hora, conservándose intacto ese paisaje que te reclama, en el que podamos prometernos bajo esos crepúsculos neutros que no seré ella, ni tú serás él , por que siempre seguiremos siendo nosotros los que fuimos cuando nos cruzamos en un mismo camino cargados de nuestras propias etapas. Es una lastima que no estés conmigo, una verdadera lastima…

No te miento mi amor

No. No te miento mi amor. No te mienten mis “te quiero” al deslizar mis manos y mis labios sobre tu cansado cuerpo. No te mienten mis “te quiero” al trazar con mí lengua los camino en curvas sobre todo tu ser. No te mienten mis “te quiero” convertidos en sorprendentes sensaciones que te sacan de ese infierno al que la vida te somete. Deseo darte más de lo que ya esperas. Deseo que reposes entre mis pechos entre muslos agitados, temblorosos. Deseo entrar más en ti, un poco más en cada instante, un poco más mientras mi calor te ata a mí, un poco más mientras te disfruto, un poco más mientras me disfrutas. Saboreando esa sinfonía de gemidos, esos jadeos acorde con el momento. Créeme cuando te digo “te quiero” mientras tú me dices que no puedes más mientras te desbordas de placer. Mis caderas siguen ese acompasado balanceo. y de tus labios surge un “no pares” surgiendo de esa copula el placer más inmenso. No. No te miento mi amor. No te mienten mis “te quiero” A d@v