Ir al contenido principal

Un cuento, ajeno


"Hay una historia que no está en la historia y que solo se puede rescatar aguzando el oído y escuchando los susurros de las mujeres” 

 Un día, un cuento, ajeno a la mano que lo escribió o pudiera haberlo escrito, cambió el final de su propia historia. Ese comienzo me gustaba, pero sentía que no había salido de mí, que había resurgido misteriosamente de no se sabe dónde. Pensé , si vuelvo a cerrar los ojos y a dejar que las horas transcurran, de forma que un día dé paso a otro día , tal vez vuelva a ocurrir algo parecido…, puede ser que mi mente encuentre una historia que cambiar, los cambios a veces son necesarios. Podría encontrar una pareja la que tras creerse unidos por un vínculo invisible, el tiempo y la distancia se hubieran unido para confabularse para que todo eso fuera completamente diferente. Que la chica no fuera a esa estación de tren, en la que iba a reencontrarse con su novio, que venía de una guerra cargado con un triunfo demasiado pesado. Ese hombre que acabaría ignorado por toda esa gente por la que se suponía había matado. Esa gente que se cruzaría en su vida cargada de una misma rutina. Podría ser que aquella joven ya no lo fuera tanto como cuando él se marchó, el paso del tiempo es lo que tiene: nadie queda indemne. También podría haber sucedido que durante esa larga espera, se hubiera dedicado a pensar sobre muchas cosas. No sé si esta historia podría tener algún interés si espero a que se resuelva por sí sola, de una forma casi mágica. Para ello podría sentarme frente a l ordenador y abrir el Word a la espera de esa idea que pudiera transformarla en una bonita historia. Podría dejar que pasen los segundos, minutos y hasta horas sin que la idea tan ansiada aflorase en mi mente. Pero podría seguir intentándolo revistiéndome de tenacidad, llegando a ser sorprendida un día con esto…, Él, puede ser que desde la ventanilla de ese tren en el que un día se fue a la guerra, buscara con la mirada a esa muchacha que años atrás se despidiera con un beso entre toda aquella gente que esperaba en la estación. Rostro que en ese intervalo de tiempo y tras esa distancia, había regenerado embelleciéndolo más y mas. Podría ser, que ese rostro que buscaba entre toda aquella gente sin encontrarlo, le trajera a la memoria los rostros agonizantes de algunos de aquellos alemanes a los que tuvo que matar por estar viviendo una guerra que otros iniciaron. Un tiempo en el que tuvo que segar vidas de gente corriente como lo era él. Puede ser que no le emocionara la idea de contar a sus amigos o conocidos, sus triunfos por lo mucho que le dolían. Puede ser, que al no encontrar a esa novia de la que se despidió hace años en ese mismo lugar, no llegara a dolerle como era de esperar. Las cosas a veces no son como uno piensa que deberían ser. Por otro lado la chica quizás en un momento dado, ella se diese cuenta de que no amaba a ese hombre que hacía años se había llevado una guerra. Motivo por el que un día, ella cogiera parte de su ajuar, ése que como Penélope a la espera de Ulises se dedicase a bordar, regalándoselo a una joven enamorada que esperaba con impaciencia en su matrimonio. De nada le serviría a ella ese cuantioso ajuar sin un marido. Su sueño e ilusión por casarse con aquel joven al que besó en la estación, la espera de tantos años se los había llevado. Un día esa muchacha ya no tan joven tal vez pudiera creer que aún estaba a tiempo de hacer piruetas en el aire, de volar. Y así, el cuento, satisfecho con el resultado, podría llegar a ser renovado por cada lector el final de su propia historia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

LA IMAGEN EQUIVOCADA

josé-chávez-morado-cristo,-la-pasión-de-los-pobres ¿De qué quiere usted la imagen? - Preguntó el imaginero- Tenemos santos de pino, Hay imágenes de yeso. Mire este Cristo yacente, madera de puro cedro. Depende de quién la encarga: una familia, o un templo, o si el único objetivo es ponerla en un museo - Déjeme, pues, que le explique lo que de verdad deseo: Yo necesito una imagen del Jesús el galileo que refleje su fracaso intentando un mundo nuevo, que conmueva las conciencias y cambie los pensamientos. Yo no la quiero encerrada en iglesias ni conventos, ni en casa de una familia para presidir sus rezos. No es para llevarla en andas cargada por costaleros. Yo quiero una imagen viva de un Jesús hombre, sufriendo que ilumine a quien la mire el corazón y el cerebro, que den ganas de bajarlo de su cruz y del tormento, y quien contemple esa imagen no quede mirando un muerto ni que con ojos de artista solo contemple un objeto ante el que exclame admirado: “¡qué torturado más bello!” -Perdóne...

Revolviendo en mi baúl encontre esto

Esto digo aunque no pienso, puede ahora en sentimientos, sin querer decir "lo dije", lo dije porque lo siento, y no me arrepiento, de lágrimas derramadas por solo decir te quiero. E sta carta no es solo mía, tiene dueño. Pertenece al que escribió, fundido en nuestros recuerdos: Puede que Ana se arrepienta, pero, ¿qué será del resto? C on lo frágil, ¿que me siento? En el amor descubierto. D ejará su dueño sus palabras rotas dentro de éste infierno? M iro hacía el horizonte todo azul, todo nuestro, todo nuestro alrededor, y mi cuerpo ante tu cuerpo, y es en ese momento cuando me olvido de todo, de los sueños, de tesoros, de apartarme de éste puerto. Flores que hoy me acompaña mi dueño. Y no quiero desperdiciar un minuto flotan por el viento y comparto estos instantes con la persona que sueño, y quito del pensamiento, las roturas de esa carta. P orque esa carta es del dueño, una promesa cumplida sin tentaciones ni ensueños. Navega velero corre que el viento nos acompañ...

sin ti...

L a noche me trae tu esencia, la almohada acaricia mi rostro, imitando a cada una de tus manos. E n mi cama vacía, un reproche, nunca creí en esta ausencia, aunque en tu aroma, la traías cada vez que yo te respiraba; cuando escondía mi cara en el hueco de tu cuello, en esa esencia tan rara... U n rayo de luz entra por la ventana te busco, en esa ausencia en las sábanas impregnada. E xtiendo los brazos, busco tu mano... Pero todo es inútil, todo es en vano. Busco anhelante tus labios, tu imagen se me escapa. M e revuelvo asustada, salto de la cama, corro por el cuarto, voy a la ventana... ¿ D onde están tus manos, donde tus labios, si yo los necesitara? Y siento en medio un dolor, la noche me sabe a veneno, ansío tus besos y caricias, y la almohada de tu pecho, sin ti... N o tengo nada...