Querida Ana: Hace unos minutos me emocioné con tu correo y dejé en libertad esas lágrimas que de vez en cuando me vienen bien. Pensé en ti como si recorriera las páginas de un albúm de fotos. Ahora Ana con tres años, con siete, con quince. Ana que ríe y llora, Ana que hace planes, que sueña, Ana desorientada, Ana mirando al mundo a través de su pensamiento, metiéndose dentro de él, envolviéndose con todos los misterios que no se pueden descifrar, con los códigos encriptados de la vida. Las dificultades te dan la sabiduría necesaria no solo para resolverlas, sino y sobre todo, para demostrarnos que los retos personales nos hacen grandes. Tómate tu tiempo, pero espero que sepas administrarlo para reflexionar sobre ti misma, sobre tus posibilidades, sobre lo que te necesitamos la gente que te queremos, y sobre todo para tomar conciencia de lo mucho que te queda por disfrutar, soñar, aprender, comprender, y compartir. La vida es pura contradición, pero qué quieres q...
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