30 de enero de 2012

Lluvia de estrellas

 



Engalanan todo el cielo,
lagrimas del universo.
Fulgurantes sus destellos
estrellas plañideras
que lloran siempre, riendo
risas ensordecedoras,
caen sobre agujeros negros,
llegando a nosotros su llanto.
Lluvia, lluvia y más lluvia…  
Nos mandan esas estrellas
cayendo sobre vuestras cabezas,
tiñéndolas de sus reflejos. 

 

3 de enero de 2012

La otra Navidad


aura dejó caer la tapa del baúl, en su interior se encontraban los cuadernos con los dibujos que había coloreado  Borja, entre muchos otros objetos. Las manos le temblaban. El silencio en la casa era demasiado intenso se dijo así misma.

Se puso en pie y se giro  hasta quedar frente al árbol de navidad. Sintió frío, lo que la llevó a cruzarse la vieja chaqueta de lana que había pertenecido a Javier su marido, que le quedaba enorme.

Con los brazos cruzados se quedó mirando el árbol de navidad. Los recuerdos fueron ensartándose uno a uno ese ramaje artificial que ella misma había decorado ésa misma mañana.

 Se vio un año atrás colgando esos mismos adornos y esas luces. Borja había ido descubriendo una parte de lo que era la navidad. Emocionado había ayudado a Laura en la decoración de ese árbol. Fue entregándole ángeles, bolas de colores, estrellas centelleantes, para que ella los fuese colgando  ya que él debido a su corta estatura no podía hacerlo. Lo dejaron precioso. Disfrutaron  de lo lindo al igual que lo hizo Javier desde el sofá que los había estado observando.

Esa navidad fue perfecta. Durante esos días calló una fuerte nevada, por lo que pudieron salir al jardín padre he hijo para lanzarse bolas de nieve. Podía escuchar aun sus risas. Ésa evocación trajo de nuevo una oleada de frío. Al mirar el fuego de la chimenea vio que se estaba apagando. Tendría que ir afuera a por leña.  Ésa había sido tarea de Javier el hombre de la casa, como le decía Laura camandulera.

De pronto se dirigió hasta el mueble bar, sacando de el,  una botella de whisky y un vaso en el que puso una generosa cantidad de ese líquido dorado. Cerró los ojos y se echó un buen trago, que le llegó a quemarle la garganta haciendole toser.

 sus ojos brillantes por el alcohol se posaron en la carita redonda y repleta de pecas que sonreía desde un porta fotos. Se trataba de la última foto que Javier le había echo. Se podían apreciar los puntos que tuvieron que darle en el labio superior por causa de una caída. Recogió ese porta fotos y paso repetidas veces una de sus manos por el cristal, acariciándolo. Se lo aproximó a su pecho apretándolo con fuerza. Sintió un nudo en la garganta, humedeciendosele los ojos una  vez más.  Tomó  aire tomando restos del perfume de la barrita de sándalo que había encendido . A Borja le encantaba su costumbre de encender de vez en cuando, varillas de incienso, por lo que tuvo que advertirle sobre el peligro que conllevaba el encenderlas.

Laura escuchó la fuerza con la que rugía el viento afuera en la calle. Fue hasta la ventana, quedándose escondida tras el visillo. El cristal se encontraba empañado por el frío.Una de sus manos arrastró ese manto blanquecino para poder echar una ojeada . Fuera la navidad de nuevo había alterado el ritmo habitual de la ciudad. Ni  el viento, había logrado retener en casa a ésos padres con sus hijos  de la mano  o de aquellos  que iban o venían apresuradamente de realizar  sus compras de Papa Noel. El año pasado Borja conoció a ese personaje barrigudo con barba blanca al que observo atentamente sin tener nada claro si besarlo o salir disparado a refugiarse tras de su padre. Ese recuerdo puso una sonrisa en su demacrado rostro.

A Laura ya desde niña le habían gustado esas fiestas, al contrario que a su marido, el pobre las sufría  con resignación, cosa que llego a cambiar con el nacimiento de Borja. Esta vez sus  ojos se cuajaron de llanto, que retiro apresuradamente con la manga de la chaqueta de su marido que habia tenido que doblar al estarle enorme. 

Laura dejó caer  el visillo regresando   al sofá.  Durante ese corto trayecto  piso el rabo de Manchitas , el gato de Borja,  por lo que estuvo a punto de caerse. Ese animal siempre se encontraba dónde menos se le esperaba, maldijo asustada.  El felino había salido despavorido entre maullidos a la búsqueda de un lugar donde refugiarse.

Miró a su alrededor, buscandolo.__ Ven aquí Manchitas, ven conmigo, ¿Tú también les echas de menos, verdad?__ 

El sonido del móvil consiguió de nuevo hacer que se sobresaltase. No lo cojeria. Se tomo de un sorbo los restos de whisky que quedaban en el vaso y espero a que el móvil enmudeciera.

No, definitivamente no le gustaba como le había quedado este año el árbol. 
Se sentía cansada. Empezaba a dolerle  la cabeza y aquel maldito móvil no dejaba de sonar. Podría haberlo apagado, pero sabía que si no respondía , ellos preocupados acabarían yendo hasta allí, algo que no deseaba. Deseaba estar sola ese día.
Levantó la tapa y apretó el botón verde, diciendo con desgana _ ¿Si?_ Al otro lado del hilo telefónico, escuchó la voz angustiada de su madre, desbordándola a preguntas. Se encontraba llorando._ ¿Eres tu Laura? ¿Estás bien?¿Por qué nos haces esto a tu padre y a mí? Nos tenías muy preocupados. A quien se le ocurre desaparecer precisamente en este día. El doctor Urquijo llamó esta tarde, también él se encuentra muy preocupado, dice que desde hace días no acudes a su consulta. Nos dijo, que ya esperaba un empeoramiento según se acercaran estás fechas, un año no es suficiente tiempo… __ Se hizo un cortó silencio, para continuar diciéndole
__ Estuvimos esperándote, no sabíamos qué hacer, temimos lo peor. Al final pensamos que podrías estar ahí. Por favor ven a casa o si lo prefieres podemos ir nosotros a recogerte. ¿Ésta contigo? “Manchitas” también lo hemos echado de menos_
Laura había dejado de escucharla, nada de lo que su madre le decía le parecía importante. Sentía sueño, le pesaban los parpados y por el cuerpo  empezaba a recorrerle  un agradable calorcillo. Se dejó caer sobre el sofá, tumbándose hasta colocarse en posición fetal. Unos segundos después Manchitas salió de su escondite para de un salto  se  acomodaría a sus pies. Aquel animal, había hecho las delicias de su hijo. Lo trajo un día Javier, a sabiendas de que a ella no le hacían gracia los animales. Pero cuando se lo dieron al niño y vio como se le iluminaba el rostro, no pudo decir que no. Laura lo llamó , él levantó la cabeza la miró atentamente y fue a refugiarse entre los brazos de ella.

Del auricular seguía saliendo la voz de su madre ahora mucho más lejana. __ ¿Me escuchas, me estás escuchando Laura?….__ Se oía repetir una y otra vez. No, no, ella no la estaba escuchando, se encontraba mirando como el gato se lamía las patas y ronroneaba mientras ella lo acariciaba a la vez que miraba como le sonreian  rostro de Borja y Javier haciendose cómplices de ese momento.