15 de septiembre de 2011

Unas mesas nos separan.



e trasfondo escucho el repiqueteo de la lluvia sobre los cristales, abro el libro que se encuentra sobre la mesa, fijándome en ese primer párrafo que leo sin entender su contenido,volviendo a cerrarlo.Inquieto, busco encontrar algo que me distraiga. Enciendo el ordenador dispuesto a buscar paginas, foros o lugares en los que por equivocacion, logren retener mi atencion. Nada. Sin lugar a dudas, existe una confabulación de los medios qur dispongo para entretenerme, para que eso no suceda. La television es una pena y la conexión a internet se encuentra tan inestable como yo. Repaso con desgana una revista, las imágenes pasan y pasan ante mi, sin que logren llamar mi atención, por lo que vuelvo a cerrarla. Me pongo en pie y me dirijo a la ventana, la abro, me gusta ver llover, me gusta ese olor a humedad que arranca al asfalto. Ya siendo un niño me gustaron los dias así, por lo que me tacharon de ser un niño raro. Mi infancia fue solitaria y silenciosa; haciendo de mi una persona timida y taciturna. Tal vez ser hijo unico me sumiera en ese estado permanentemente. Ese retraimiento, es uno de los motivos de que no haya sido capaz de haberme acercado a esa mujer, de no haber tenido la audacia o el valor necesario, para haberme puesto ante ella con cualquier tipo de escusa, de lo que podria haber salido tal vez una conversacion . Pero me es imposible…siempre me digo que tal vez más adelante, en otro momento. Hace dias que ella acude a ese mismo café, al que yo voy desde hace tiempo. Es una mujer hermosa, posee una sonrisa acogedora. Con unos ojos dormidos y profundos,en los que se refleja con la misma intensidad el sentimiento de la melancolía que el estallido de felicidad. Se resiste a dejar vencer su atractivo por el paso de los años y eso me gusta. Se encuentra bajo esa belleza otoñal que deja sobre algunas personas la vida. Sus ojos, su mirada me estudia con sigilo. Se posa sobre mi y se marcha. Teme encontrarse con la mia. Al parecer ignora que yo también hago lo mismo, escondido tras esté periodico que me hace de biombo. Cada tarde se repiten las mismas cosas, los mismos gestos. Ella entra y se dirige sin prisa hacía la mesa de al lado del ventanal. dejando sobre la mesa ese libro y ese paquete de tabaco. Buscando a Pepe el viejo camarero y pedirle un café con leche, que ira tomando a lo largo de la tarde. Todo parece ser parte de un rito o ceremonial. Es ridiculo mi comportamiento, es cierto. Ya no soy un adolescente para estar colgado de una mujer de la que no sé nada. Tal vez por eso, he llegado a hacer de su vida un misterio. A veces se torna tan enigmático su semblante. La rodean esas sombras o claroscuros. El cabello cubriendole parte del rostro. Volutas de humo brotando de entre sus labios carnosos. Me fascina su forma de hacerlo. Derrama sensualidad en ello. Me trae a la memoria a algunas de aquellas mujeres fatales del cine negro. Es cierto, que a ese viejo café no suelen ir mujeres solas y menos una como ella, por lo que llamó mi atención. Siempre ha ido sola, siempre al igual que yo ha estado sola... Tiene una gran facilidad para ser atrapada por sus pensamientos. Observa el ir y venir de la gente tras los sucios cristales del ventanal, unas veces con tristeza , otras sonrriente. Me he convertido en una especie voyeur. Una tarde tras otra, desde detras del periodico, veo a esa mujer inmersa en una especie de film , congelándo imágenes , avanzando,repitiendose escenas singulares, silenciando la banda sonora que fluye entre esas paredes recargadas de sobriedad. Los manejos de la mente son prodigiosos. Esas imágenes trepan por mi cerebro, desencadenando respuestas dentro de mi. Hay momentos para la melancolia y para la ensoñación. Mañana volvere a ese mismo café. Nada más entrar, Pepe empezará a prepararme ese café sólo y sin azucar que me ha servido a diario desde hace tiempo. Abriré el periodico para darle un repaso a las noticias más sobresalientes del día. Esperaré su reaparicion,reconoceré sus pasos sobre el linoleo del suelo. Entonces las sienes me latíran con fuerza y las manos humedas dejaran mi huella en las paginas de ese diario. Todo es tan previsible, no hay lugar a cambios o sorpresas. Mi subconsciente tal vez decida arrastrarme con el. Mi maginacion, puede que se disponga a trastear creando alguna historia . Mientras eso esté sucediendo, yo seguiré atentamente como sus labios se convierten en una sonrisa, como sus ojos se desplazan por las paginas del libro, como ladea la cabeza, como sus rodillas asoman justo al borde de la falda y sus piernas inquietas se cruzan y descruzan, sugeriendo,invitando. Seguire el hipnotizante revoloteo de esas manos, de como sus dedos largos y agiles se pasean por su cuello y el borde del escote. Dedos con los que suele llevarse el cigarro a los labios, con los que agita la cucharilla sobre ese café con leche... Visionar todo esto me ha excitado. Deseo a esa mujer. Mi mano en soliario tendrá que calmar esa inquietud que se ha ido avivando en mi entrepierna. Para lo que cierro los ojos . Vuelvo a reencontrarme con esa mujer. Voy recreandome en algo que tanto me gustaría presenciar. Mi mano se ha convertido en complice de este momento, envolviendo mi miembro, acarciandolo. Ese rostro de tez clara, sin mas maquillaje que una nota de carmin rojo en los labios, me sonrie con cierta picardía… Con un gesto me pide que tome asiento... La veo sentarse resueltamente en una silla. Sus manos se desplazan sobre su ropa, dejando atras sinuosas ondulaciones. Sus dedos van arrastrando con ellos el bajo de la falda, levantandola. Despojada de cualquier pudor, separa sus piernas mostrandome las laderas internas de sus muslos. Todos sus movimientos son lentos, envolventes. Desabrocha boton a boton la camisa. Mi miembro se agita. Sigo el curso de sus manos. Se acarcia los pechos por encima del sujetador. Sus ojos siguen clavados en mi, los siento. Mi cuerpo se ha ido tensando. Mi respiracion se alijera. Poniendose de pie, se dedica a quitarse esas bragas de encaje negro, arrastrandolas muy lentamente, deslizandolas por sus muslos, sus piernas hasta sacarselas, lanzandolas a un destino incierto. En sus ojos veo un increible desafio,lo que me excita mucho más. Mi boca se encuentra pastosa. Trago saliva. Ella se ha vuelto a sentar. Sus muslos vuelven a estar separados. Tengo ante mi el paisaje de su sexo, húmedo y rosaceo. Su mano se pasea por ese pubis con una gran languidez. Silenciosa, tantea esa avertura tras la que se esconde su clitoris . Me mira. Sus ojos se han ido abrillantando por la excitacion. Siento entre mis manos la agitacion de mi miembro. Gotas de sudor se deslizan vertiginosamente por mi espalda, por mi frente. Allí esta ella, con las mejillas arreboladas. Frotando esos labios, esos pliegues y repliegues con movimientos circulares . Su brazo sube y baja sin cesar, primero con lentitud, después más rápidos…. Suspira, gime y jadea... Su otra mano inquieta, impaciente atraviesa la seda del sujetador, apresándo con ansia uno de sus pechos. Su lengua humedece los labios. Saca al esterior ese pecho, rotando sus dedos alrededor de ese pezon, pellizcandolo,retorciendolo. Volviendo a resercasele los labios. Toda ella se contrae y se expande sobre la silla. De su garganta se escapan más de esos sofocados suspiros y jadeos. Mis sienes repiquetean. Se me enturbia la vista. Entre violentos espasmos, he llegado a correrme, derramandose ese semen denso y calido sobre mis manos. Regresando a esta realidad que de nuevo lo abarca todo y en la que esa mujer se encuentra ausente. Tras recuperar poco a poco el aliento. Veo que mi miembro se encuentra desfallecido y pringoso entre mi mano. Es tarde. Aún se escucha llover. Será mejor que me duche y me vaya a la cama, mañana he de madrugar de nuevo. De repente esa idea de mañana a la tarde, ese volver a verla. Tambien acude compañado de ese temor a que llegué el día en que no escuche tras de mi sus pasos,que no pueda ver de reojo su sereno caminar,ni de perderse tras un mundo de abstraciones. Que no pueda verla llevarse ese sempieterno cigarro hasta los labios. Temo tanto que una tarde, no llegue a estar ante ese ventanal de cristales sucios. Que esa mesa y esa silla se encuentren vacías,sin ese libro, sin ese café con leche. Que no la tenga unas mesas mas alla para mirarla desde detras de esas paginas cargadas en su mayoria de noticias de muerte y dolor que pueden volver a ensombrecer mi vida.

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