28 de septiembre de 2011

Mañana puede ser muy tarde

Por qué el silencio..??
Mañana puede ser muy tarde...
Para decir que amas, para decir que perdonas,
para decir que disculpas,
para decir que quieres intentar nuevamente...
Mañana puede ser muy tarde...
... Para pedir perdón, para decir:
¡Discúlpame, el error fue mío...!
Tu amor, mañana, puede ser inútil;
Tu perdón, mañana, puede no ser preciso;
Tu regreso, mañana, puede que no sea esperado;
Tu carta, mañana, puede no ser leída;
Tu cariño, mañana, puede no ser más necesario;
Tu abrazo, mañana, puede no encontrar otros brazos...
Porque mañana puede ser muy, muy tarde!
No dejes para mañana para decir:
¡Te amo!
¡Te extraño!, ¡Perdóname!, ¡Discúlpame!
¡Esta flor es para ti!, ¡Te encuentras muy bien!
No dejes para mañana
Tu sonrisa, Tu abrazo, Tu cariño, Tu trabajo,
Tu sueño, Tu ayuda...
No dejes para mañana para preguntar:
¿Puedo ayudarte?
¿Por qué estás triste?
¿Qué te pasa?
¡Oye!...ven aquí, vamos conversar.
¿Dónde está tu sonrisa?
¿Aún me das la oportunidad?
¿Percibiste que existo?
¿Por qué no empezamos nuevamente?
Estoy contigo. ¿Sabes que puedes contar conmigo?
¿Dónde están tus sueños?
Recuerda: ¡Mañana puede ser tarde...muy tarde!
¡Busca!, ¡Pide!, ¡Insiste!, ¡Intenta una vez más!
¡Solamente el "hoy" es definitivo!
¡Mañana puede ser tarde...muy tarde!
 
Autor : Juan Luna 

27 de septiembre de 2011

Despierto con los últimos pájaros de la noche


Despierto con los últimos pájaros de la noche
aleteando sobre el borde oscuro de mi vientre.
La luna es apenas una sonrisa en el cielo
y como hilachas cuelgan, irracionales,
los vestigios de un mundo enajenado.
Cae la última estrella;
el cielo se parte en dos.
Una serpiente deja su último vestido
para morir de cara al sol.
Todo parece ser parte de un final
que se anunciaba en ti desde hace tiempo,
ahora aquí se encuentra, dolorosamente pétreo.
Mientras a lo lejos sigo escuchando tu silencio
repitiéndose una y otra vez como si tratase de un eco .

24 de septiembre de 2011

Su obra en mi cuerpo



Conversábamos desnudos sobre los grandes almohadones. Sus manos acariciaban mis pechos y sus dedos se entretenían en ir dibujando  círculos invisibles alrededor de las rosadas aureolas de mis pezones …

Hacía  tiempo que él había  tratado  de convencerme para que posase  para uno de sus cuadros. Creí que se trataba de una broma, pero ante su insistencia comprendí que dicha   proposición iba completamente en serio. Rehúse  hacerlo mi pudor no me lo permitía. Acabé respondiéndole  que me lo pensaría. Posar desnuda como sus otras modelos, no era algo que me apeteciese, mi cuerpo ya tendía a descolgarse por la edad. Me  dediqué  a mirarme desnuda ante el espejo de mi dormitorio una y otra vez, viéndome en ese receptáculo de cristal una vez mejor que otras.  
Pero acabe haciéndolo, me costó mucho dar ese paso, pero lo conseguí. Cuando se lo dije, apenas pude mirarle y él que me conocía  desde hacía tiempo, sabía lo mucho que me estaba costando acceder a su petición. Intentó restarle importancia al tema  y con la ayuda de varios bit bíters   y en un tono jocoso dimos el tema por zanjado por el momento.
Llegado el dia de ese posado que me tenía tan alterada.   Me indicaste sin siquiera mirarme,  que una vez me hubiera deshecho de la ropa tras el biombo, me fuese a tumbar sobre los almohadones y el futón chino. Como un autómata, hice todo lo que me había dicho. Tarde  en desnudarme. Me costó terriblemente  salir de detrás de aquel parapeto de madera mostrando mi desnudez ajada. Es cierto que en ningún momento él me recrimino mi tardanza. Sentí  que me echaba fuego la cara. Me imaginé  el sonrojo de mi  rostro en comparación a la tonalidad nívea del resto de mi cuerpo. Con  una de sus sonrisas entre picara y malévola  me dijo que estaba preciosa y a continuación me rogó que intentara relajarme. Las manos no dejaron de moverse intentando tapar  algo imposible de tapar de mi cuerpo, ante la sonrisa de él . Lo que me hacía sentirme  ridícula. Cualquier  jovencita lo hubiese hecho con el desenfado y naturalidad al que suelen estar  acostumbradas. Mientras pensaba en eso, él se me había acercado sin que yo lo  hubiese advertido.  Me tomó de una de las manos y me llevó hasta el futón y los almohadones  de colores para hacerme tumbar sobre el.

Sus  manos fueron paseándose por mis hombros, mis pechos, mis caderas con toda naturalidad.  Buscaba  luces y sombras. Intenté ocultar mi turbación, algo que me temo no fue posible, pues su cercanía me tenía muy alterada. Mi piel temblaba bajo cualquier de sus contactos. Preferimos no mirarnos. Una vez que me había conseguido  situar mas o menos como era su deseo , se  puso en pie con una gran agilidad y se dirigió  con su caminar característico cargado de decisión hasta un mueble medio roto que se encontraba en una de las esquinas del estudio, sacando de el una botella de vino tinto y dos copas polvorientas , que tuvo la delicadeza de limpiar con uno de los trapos con rastros de pinturas multicolor , lo que me hizo reír , dejándolo asombrado por no saber que había motivado esa risa.
Tomamos varias copas de vino, conversamos de nimiedades. Se puso sus lentes  y se  apoyó sobre un taburete  para ir  tomando apuntes  y más apuntes sobre un bloc,  unos validos y otros que acababan  rotos entre maldiciones.
No estaba acostumbrada a beber alcohol y el  vino había comenzado  a recorrer mis venas, alejando de mi mente el pudor.  Mientras  él manchaba el lienzo con trazos enérgicos,  mi imaginación ya un tanto enfebrecida le despojó de aquella camisa de cuadros medio rota y  manchada, ofreciéndome un pecho desnudo con restos de la hermosura de la juventud. Su piel tostada y su  vello  me atraía, me incitaban a recorrerlo, besarlo acariciarlo... volví a reír ante dichas imágenes y el  cosquilleo tan  agradable que estaba sintiendo entre los muslos. Apure de un trago el  resto del vino que quedaba en mi copa y volví a sentir como me ruborizaba al ver que él me había estado observando de reojo. Mi agitación se fue acrecentando por momentos.  Me preguntó si deseaba descansar, cambiar de posición, cosa que le agradecí inmensamente.

Volvió a llenar mí copa desoyendo mis negativas. Por unos instantes quedamos uno enfrente al otro. Con uno de sus dedos retiro un mechón de cabello de mi rostro. Nunca me había mirado como lo estaba haciendo en ese instante. Se inclinó sobre mí, besando ligeramente uno a uno mis pezones, lo que dificultó mi  respiración. Esos primeros besos estuvieron revestidos  por una calma que no llegó a durar mucho, dándole paso a la impaciencia del deseo. Sus  manos, sus dedos manchados de óleo y  olor a trementina se perdieron entre mi abundante cabello rizado atrayéndome con fuerza. Se fue produciendo una transfiguración en su rostro, que me asusto y me excito a la vez.

Sobre aquel montón de almohadones,   separó mis piernas sin brusquedad y acercando su rostro hasta ese punto empezó  a lamerme, a sorberme y a mordisquear mi clítoris. Mis manos se aferraron a su  cabeza, apretando su rostro contra mi pelvis. Aquello estaba enloqueciéndome, arrancándome fuertes gemidos. Lo  deseaba. Me incline hacia a él  para quitarte la camisa manchada de pintura, luché con aquella hebilla del cinturón que se resistía ante mi nerviosismo. Una vez desnudo, Besaste mis ojos, mis labios, introduciendo tu lengua en esa cavidad húmeda y entrelazándose a mi lengua. Nuestros cuerpos se fueron sintiendo el uno al otro. Mis pechos parecían estar echando  fuego. Nuestras respiraciones ahora eran roncas. Te pusiste de rodillas sobre mi cintura. Apresé tu miembro entre mis manos y lo acaricié, sintiendo como la sangre borboteaba bajo aquella piel tan sensible, lo frote una y otra vez, lo lubrifique con abundante saliva, lo que hizo que se me escapase de entre las manos una y otra vez. Acerqué mis labios hasta su  prepucio que roce con ellos, mientras tu esperabas con impaciencia que me la introdujese en la boca, una vez lo hice, tu espalda se arqueo victima del placer que estabas sintiendo. Gimió de nuevo  y se mordisqueo los labios. Mi desinhibición  estaba culminando. Nunca creí poder llegar a realizar aquello.  Levanté su  miembro para jugar con tus testículos, lamiéndolos, mordisqueándolos, traviesamente, metiéndolos por entero dentro de mi boca, lo que te hizo que su cuerpo se convulsionara repetidas veces. Ahora el olor a trementina y a pintura se confundía con la del aroma a sexo que destilaban nuestros cuerpos. Sumidos en el vértigo del deseo. Se levantó  como por efecto de un resorte y dirigiéndose  hasta tu mesa de trabajo, recogió unas cosas, regresando de nuevo conmigo. Advertí que en tus manos llevabas tubos de pinturas. Mi mirada curiosa y expectante siguió cada uno de tus movimientos. Echaste un poco de cada uno de aquellos tubos sobre distintas partes de mi cuerpo, sentí como aquella cremosidad tan fría había conseguido excitarme más. Tus dedos como si fueran pinceles arrastraron tras de si aquellos colores, que irían recubriendo mi piel con dibujos delirantes. Mi vientre se convirtió en segundos en algo parecido a un lago verde esmeralda, mis pechos brotarían bajo tonalidades calidas y enervantes como bocas llameantes. La entrada de mi sexo se transformó en una enorme boca de labios incitantes. Una vez terminaste con aquella forma tan singular de provocarme, me miraste a los ojos y bajando esa mirada hasta mi coño en forma de boca, pusiste ante ella tu enorme y exultante miembro, su roja cabeza besó aquellos labios tras los que se escondía la entrada a ese lugar en el que el fuego seria aplacado por la humedad de los jugos de su sexo. Arrastrando tras la transpiración de tu piel parte de tu obra pictórica. Entraste una y otra vez en esa oquedad, embistiéndome incansablemente, arrancándome gritos confusos entre el dolor o el placer más intenso. Enajenada me provocaba a mi misma, estrujando con las manos mis pechos, con excitados pellizcos a mis pezones, arrancándoles el color carmesí que él les habías prestado. Cuando supo que ibas a correrse, aferró  con fuerza mis nalgas dominadoramente, arremetiendo ésta vez con mucha más fuerza, hasta que sus testículos se clavaron reiteradamente en mi coño, produciendo un singular sonido. Por fin te derramaste salvajemente en mis entrañas, surgiendo de tu garganta una especie de alarido triunfante. Yo con las uñas aún clavadas en tu espalda, disfrutaba del fluir de aquel líquido caliente que salía de esa oscuridad para deslizarse por mis muslos.

Exangües y jadeantes quedamos sobre aquellos revueltos almohadones, el uno en brazos del otro, sin que su miembro hubiera salido de mis adentros. Así esperamos a la normalización de nuestros cuerpos. Nunca imagine cuando me pediste que posara para ti, que me vería inmersa en algo parecido. Una vez salio de mí, pasamos un tiempo mirando el techo en silencio. Conversábamos desnudos sobre los grandes almohadones. Sus manos acariciaban mis pechos y sus dedos se entretenían en ir dibujando  círculos invisibles alrededor de las rosadas aureolas de mis pezones …

Hacía  tiempo que él había  tratado  de convencerme para que posase  para uno de sus cuadros. Creí que se trataba de una broma, pero ante su insistencia comprendí que dicha   proposición iba completamente en serio. Rehúse  hacerlo mi pudor no me lo permitía. Acabé respondiéndole  que me lo pensaría. Posar desnuda como sus otras modelos, no era algo que me apeteciese, mi cuerpo ya tendía a descolgarse por la edad. Me  dediqué  a mirarme desnuda ante el espejo de mi dormitorio una y otra vez, viéndome en ese receptáculo de cristal una vez mejor que otras. 
Pero acabe haciéndolo, me costó mucho dar ese paso, pero lo conseguí. Cuando se lo dije, apenas pude mirarle y él que me conocía  desde hacía tiempo, sabía lo mucho que me estaba costando acceder a su petición. Intentó restarle importancia al tema  y con la ayuda de varios bit bíters   y en un tono jocoso dimos el tema por zanjado por el momento.
Llegado el dia de ese posado que me tenía tan alterada.   Me indicaste sin siquiera mirarme,  que una vez me hubiera deshecho de la ropa tras el biombo, me fuese a tumbar sobre los almohadones y el futón chino. Como un autómata, hice todo lo que me había dicho. Tarde  en desnudarme. Me costó terriblemente  salir de detrás de aquel parapeto de madera mostrando mi desnudez ajada. Es cierto que en ningún momento él me recrimino mi tardanza. Sentí  que me echaba fuego la cara. Me imaginé  el sonrojo de mi  rostro en comparación a la tonalidad nívea del resto de mi cuerpo. Con  una de sus sonrisas entre picara y malévola  me dijo que estaba preciosa y a continuación me rogó que intentara relajarme. Las manos no dejaron de moverse intentando tapar  algo imposible de tapar de mi cuerpo, ante la sonrisa de él . Lo que me hacía sentirme  ridícula. Cualquier  jovencita lo hubiese hecho con el desenfado y naturalidad al que suelen estar  acostumbradas. Mientras pensaba en eso, él se me había acercado sin que yo lo  hubiese advertido.  Me tomó de una de las manos y me llevó hasta el futón y los almohadones  de colores para hacerme tumbar sobre el.

Sus  manos fueron paseándose por mis hombros, mis pechos, mis caderas con toda naturalidad.  Buscaba  luces y sombras. Intenté ocultar mi turbación, algo que me temo no fue posible, pues su cercanía me tenía muy alterada. Mi piel temblaba bajo cualquier de sus contactos. Preferimos no mirarnos. Una vez que me había conseguido  situar mas o menos como era su deseo , se  puso en pie con una gran agilidad y se dirigió  con su caminar característico cargado de decisión hasta un mueble medio roto que se encontraba en una de las esquinas del estudio, sacando de el una botella de vino tinto y dos copas polvorientas , que tuvo la delicadeza de limpiar con uno de los trapos con rastros de pinturas multicolor , lo que me hizo reír , dejándolo asombrado por no saber que había motivado esa risa.
Tomamos varias copas de vino, conversamos de nimiedades. Se puso sus lentes  y se  apoyó sobre un taburete  para ir  tomando apuntes  y más apuntes sobre un bloc,  unos validos y otros que acababan  rotos entre maldiciones.
No estaba acostumbrada a beber alcohol y el  vino había comenzado  a recorrer mis venas, alejando de mi mente el pudor.  Mientras  él manchaba el lienzo con trazos enérgicos,  mi imaginación ya un tanto enfebrecida le despojó de aquella camisa de cuadros medio rota y  manchada, ofreciéndome un pecho desnudo con restos de la hermosura de la juventud. Su piel tostada y su  vello  me atraía, me incitaban a recorrerlo, besarlo acariciarlo... volví a reír ante dichas imágenes y el  cosquilleo tan  agradable que estaba sintiendo entre los muslos. Apure de un trago el  resto del vino que quedaba en mi copa y volví a sentir como me ruborizaba al ver que él me había estado observando de reojo. Mi agitación se fue acrecentando por momentos.  Me preguntó si deseaba descansar, cambiar de posición, cosa que le agradecí inmensamente.

Volvió a llenar mí copa desoyendo mis negativas. Por unos instantes quedamos uno enfrente al otro. Con uno de sus dedos retiro un mechón de cabello de mi rostro. Nunca me había mirado como lo estaba haciendo en ese instante. Se inclinó sobre mí, besando ligeramente uno a uno mis pezones, lo que dificultó mi  respiración. Esos primeros besos estuvieron revestidos  por una calma que no llegó a durar mucho, dándole paso a la impaciencia del deseo. Sus  manos, sus dedos manchados de óleo y  olor a trementina se perdieron entre mi abundante cabello rizado atrayéndome con fuerza. Se fue produciendo una transfiguración en su rostro, que me asusto y me excito a la vez.

Sobre aquel montón de almohadones,   separó mis piernas sin brusquedad y acercando su rostro hasta ese punto empezó  a lamerme, a sorberme y a mordisquear mi clítoris. Mis manos se aferraron a su  cabeza, apretando su rostro contra mi pelvis. Aquello estaba enloqueciéndome, arrancándome fuertes gemidos. Lo  deseaba. Me incline hacia a él  para quitarte la camisa manchada de pintura, luché con aquella hebilla del cinturón que se resistía ante mi nerviosismo. Una vez desnudo, Besaste mis ojos, mis labios, introduciendo tu lengua en esa cavidad húmeda y entrelazándose a mi lengua. Nuestros cuerpos se fueron sintiendo el uno al otro. Mis pechos parecían estar echando  fuego. Nuestras respiraciones ahora eran roncas. Te pusiste de rodillas sobre mi cintura. Apresé tu miembro entre mis manos y lo acaricié, sintiendo como la sangre borboteaba bajo aquella piel tan sensible, lo frote una y otra vez, lo lubrifique con abundante saliva, lo que hizo que se me escapase de entre las manos una y otra vez. Acerqué mis labios hasta su  prepucio que roce con ellos, mientras tu esperabas con impaciencia que me la introdujese en la boca, una vez lo hice, tu espalda se arqueo victima del placer que estabas sintiendo. Gimió de nuevo  y se mordisqueo los labios. Mi desinhibición  estaba culminando. Nunca creí poder llegar a realizar aquello.  Levanté su  miembro para jugar con tus testículos, lamiéndolos, mordisqueándolos, traviesamente, metiéndolos por entero dentro de mi boca, lo que te hizo que su cuerpo se convulsionara repetidas veces. Ahora el olor a trementina y a pintura se confundía con la del aroma a sexo que destilaban nuestros cuerpos. Sumidos en el vértigo del deseo. Se levantó  como por efecto de un resorte y dirigiéndose  hasta tu mesa de trabajo, recogió unas cosas, regresando de nuevo conmigo. Advertí que en tus manos llevabas tubos de pinturas. Mi mirada curiosa y expectante siguió cada uno de tus movimientos. Echaste un poco de cada uno de aquellos tubos sobre distintas partes de mi cuerpo, sentí como aquella cremosidad tan fría había conseguido excitarme más. Tus dedos como si fueran pinceles arrastraron tras de si aquellos colores, que irían recubriendo mi piel con dibujos delirantes. Mi vientre se convirtió en segundos en algo parecido a un lago verde esmeralda, mis pechos brotarían bajo tonalidades calidas y enervantes como bocas llameantes. La entrada de mi sexo se transformó en una enorme boca de labios incitantes. Una vez terminaste con aquella forma tan singular de provocarme, me miraste a los ojos y bajando esa mirada hasta mi coño en forma de boca, pusiste ante ella tu enorme y exultante miembro, su roja cabeza besó aquellos labios tras los que se escondía la entrada a ese lugar en el que el fuego seria aplacado por la humedad de los jugos de su sexo. Arrastrando tras la transpiración de tu piel parte de tu obra pictórica. Entraste una y otra vez en esa oquedad, embistiéndome incansablemente, arrancándome gritos confusos entre el dolor o el placer más intenso. Enajenada me provocaba a mi misma, estrujando con las manos mis pechos, con excitados pellizcos a mis pezones, arrancándoles el color carmesí que él les habías prestado. Cuando supo que iba a correrse, aferró  con fuerza mis nalgas dominadoramente, arremetiendo ésta vez con mucha más fuerza, hasta que sus testículos se clavaron reiteradamente en mi coño, produciendo un singular sonido. Por fin te derramaste salvajemente en mis entrañas, surgiendo de tu garganta una especie de alarido triunfante. Yo con las uñas aún clavadas en su espalda, disfrutaba del fluir de ese líquido caliente que salía de esa oscuridad para deslizarse por mis muslos.

Exangües y jadeantes quedamos sobre aquellos revueltos almohadones, el uno en brazos del otro, sin que su miembro hubiera salido de mis adentros. Así esperamos a la normalización de nuestros cuerpos. Nunca imagine cuando me pediste que posara para ti, que me vería inmersa en algo parecido. Una vez salio de mí, pasamos un tiempo mirando el techo en silencio, hasta que los dos rompimos ese silencio con nuestras risas. Volvimos a ser quiénes éramos. Con el tiempo  los orgasmos se me olvidaron, sus caricias y besos aun los recuerdo.


20 de septiembre de 2011

Con uno de mis dedos


Con uno de mis dedos, rozo tus labios,

dibujar tu boca intento.

Cerrando los ojos te pienso

siguiendo la línea con mi dedo,

con el pensamiento te palpo.

En tu rostro se dibuja una sonrisa,

que por azar  es la que busco.

La libertad entre mis dedos

crea pinceladas de luces,

hago nacer los ojos que deseo.

Siguiendo los pasos ciegos

sobre tu piel de lienzo ,

se derraman colores de deseo,

entre caricias disuelto.

Me miras, de cerca me miras,

pero yo no te veo, solo te siento

con el pincel de mis dedos

jugamos tan solo a tocarnos.

Nos miramos cada vez más de cerca

yo, siempre con los ojos cerrados.

Superponiéndose  sensaciones,

de colores inciertos

en respiraciones agitadas,

se confunden nuestros cuerpos.

Nuestras bocas se reencuentran

mordiéndose con los labios,

sabores de deseo degustamos

perfumes de amores viejos,

jugando en sus recintos.

El silencio limpia nuestras frentes,

sudorosas de trementina y óleo.

Entonces mis manos buscan

hundirse en tu enmarañado cabello  ,

mientras nos besamos

siembro con mi boca llena de flores

los colores y su fragancia.

Nos mordemos, el dolor es dulce,

arrebolándose, nuestros rostros

con una muerte  bella e instantánea.

Te siento temblar contra mí

dejando los jadeos silenciados

quedando nuestros cuerpos

como la luna descansa sobre el agua.

Como un buen amante


Como un buen amante
dejaste sobre mis labios
el rastro del dulce y el amargo.
Cubriste de intimidad mí boca
fecundándose un imposible,
con la brevedad que deja la rosa negra
al anunciarse la mañana.

19 de septiembre de 2011

Trazos envolventes


e encontraba disfrutando de mí día libre. Las pinturas expuestas en el escaparate de una tienda de arte había llamado mí atención. Tras uno segundos o tal vez minutos de contemplación de esos lienzos, advertí que el reflejo de un hombre en el cristal de ese escaparate, me estaba observando. Se trataba de un hombre de mediana edad, cabello y barbas canosa casi blancas y gafas con montura metalizada. Era de esas personas que resultan agradables a la vista. Me pareció raro que un hombre así me estuviera mirando. No parecía de ese tipo de hombres que se dedican a mirar a las chicas. Seguí disfrutando de las pinturas, cuando tras de mí escuché un carraspeo nervioso. Giré mí rostro encontrándome con una sonrisa en el rostro de él. Tras disculparse por su atrevimiento, intento explicarme el motivo de que hubiera estado observándome. Era pintor y necesitaba ayuda para llevar a cabo un experimento. No podía salir de mí estupor. No me veía posando y se lo dije, pero el me tranquilizo, haciéndome saber que no tendría que posar. Me dijo que había comprobado que me gusta la pintura, por la forma en la que había estado mirando esas pinturas y el tiempo que había dedicado a ello. No sé que debió pasarme, tan solo sé que me escuché a mí misma accediendo a su petición. Los dos intercambiamos sendas sonrisas y nos fuimos a su casa dando un agradable paseo, hablando de intrascendencias.
Vivía en una bonita casa, decorada con mucho gusto. Me pidió que me pusiera cómoda y me ofreció tomar algo. Un café fue lo único que acerté a pedirle. Mientras esperaba ese café, estuve preguntándome que seria lo que tendría que hacer. Tranquilizadoramente recordé que no tendría que posar. Mis pensamientos se vieron interrumpidos por la llegada de él. Todavía me quedaban alguna que otra sorpresa. Me quedé pasmada al verlo aparecer sin ropa alguna y con una taza de café que puso en mis manos. Su comportamiento fue tan natural, que esa falta de ropa no resultaba en absoluto una provocación.
Deambulo de aquí para allá, preparando lo que iba a necesitar. Hice todo lo posible por comportarme con la misma naturalidad que él. Intenté no mirar su desnudez. Una vez termino con los preparativos de diferentes pinturas, intento explicarme en que consistía el trabajo. Volví a advertirle de que no tenía ni la más remota idea de pintura, que tan solo me gustaba disfrutar del arte.
_ No busco a un pintor o pintora. Solo quiero que te dejes llevar, que expreses sobre mí piel todo lo que sientas en un momento dado. Tranquila, relájate y déjate llevar y veras el resultado... _me dijo en un tono tranquilizador con un gesto de innegable ternura. Ahí tienes las pinturas. Busqué en sus ojos un destello que me indicara que debiera tener cuidado. Pero no vi nada más que una mirada relajada y una sonrisa. Necesitaba apartar de mí esa opresión en la boca del estomago. Mí boca se encontraba pegajosa por el espeso sabor a café. Me hubiera gustado salir corriendo. Respire hondo repetidas veces. Me esforcé por encontrar un gesto que le restase importancia al hecho de estar allí con un desconocido que se encontraba completamente desnudo.
Era asombrosa la imperturbabilidad de aquel hombre.
El olor... ese olor a pinturas y trementina que lo invadía todo, me fue subiendo por la nariz. Su cuerpo dejo de ser para mí una visión ciertamente racional. Contaminada de la magia que comenzó a flotar en el ambiente.
La luz era muy tenue.la iluminación ideal para hacer resaltar su piel.
Introduje mis dedos en diferentes botes de pintura y los fui envolviendo sobre su piel, haciendo la mezcla de colores. Con movimientos hipnóticos fui trazando líneas, círculos y símbolos sin ningún significado. Arrastre mis dedos, los utilice como espátula. Sembré a mí paso espirales y lentos remolinos.
Sentí bajo las yemas de mis dedos, cómo iba consiguiendo borrar de su cuerpo esa impasibilidad. Sentí como palpitaban sus venas. Como zozobraba a mí paso. Seguí sin atreverme a levantar mi rostro, seguí temiendo encontrarme con su mirada. Su pecho, era ahora como un bosque repleto de ocres, que me acunaba y me envolvía. Todos sus músculos se habían ido tensando a mí paso. Había bajado sin separar las manos de su piel a la parte superior de sus muslos. Mis retinas se habían visto asaltadas por imágenes sugerentes.
Todo se había vuelto cómplice. Había ido desapareciendo la tranquilidad que nos rodeaba. Una tosecita nerviosa escapó de él.
Era el momento de tomar aire y también un poco más de pintura.
Fui sorprendiéndome a medida que recorría su pelvis de cómo había cambiado de tamaño su miembro. Fui consciente entonces de la humedad entre mis muslos. Entrecerré los ojos, no quería pensar…
Levante mí rostro y lo miré... perdiéndome en su mirada.
No dijo nada, solo me miró sonriéndome.
Había cruzado el límite eso lo tenia claro y ya no podía retroceder, tampoco lo deseaba.

La luz del sol bailaba a lo largo de su pene erecto, revelando cada vena, cada gradación de color, cada rizo de su vello, cada fragmento de su piel oscurecida.
Me coloque de rodillas entre sus piernas... agache la cabeza, apartando de mí rostro los desordenados mechones de pelo y cogi con las manos impregnadas de ocre y verde su miembro, acariciándolo, dejando rastros de ese trabajo. Un temblor le recorrió los músculos bajo la piel. Sintonizándose sus cinco sentidos con el pulso que latía en su cuerpo. Despacio, cuidadosamente, roce el glande palpitante con mis labios. Su carne dio una sacudida. Mí lengua se deslizó por aquella finísima textura. Rodeando esa cabeza brillante y rojiza, deslizándose por esa columna salteada de venas. Besé la punta aterciopelada de su bitte, una bella palabra francesa que recordé. Noté como se tensaba. No se si imaginé que ese hombre me pedía suplicante.
—N'arréte pas! _ o si en realidad me pidió aquello.
Sus manos se aferraron a mi pelo mientras sus gemidos fueron llenando la habitación.... entonces me la metí completa en la boca y empecé a chuparla. Sus manos marcaban el ritmo en mi cabeza.... cada vez más rápido.... podía sentirle duro, hinchado dentro de mi boca....mi boca continuó el ritmo marcado antes por él hasta que sus manos aferradas a mi pelo me indicaron que ya venía...no quise perderme ni una gota de él .... Me tragué toda su “sauce. blanc. Came” cómo llaman los franceses a esa tibia leche, mientras la habitación se quedaba con sus gemidos....
Cuando logre recuperarme, coloque mí cabello y mí ropa en su sitio. Podía escuchar a mi corazón rebotando contra el pecho. Respire hondo alzando la cabeza, tratando de quitarme el sudor que recorría mi frente. Mire la sonrisita que colgaba de sus labios.
Fui azotada por un huracán de pensamientos que reprochaban mi conducta. Estaba loca sin lugar a dudas. Luego de un rato largo de silencio Le pregunté aún balbuceante.
__ ¿Ya está todo? ¿Hemos terminado?
Me respondió en un susurro ronco buscando toda la naturalidad posible.__ Si. ¿Te gusta lo que has hecho? Es tu obra.
__Si, claro._ logre responderle.
__ ¿Has disfrutado?
__ Si, mucho._ supe con certeza que deseaba estar con ese hombre, era de lo único que en ese momento estaba completamente segura. Necesitaba que fuera él quién ahora
me tocara, acariciara
__ Me alegro. Cómo dijo no se quién, la vida ha de ser una colección de momentos, sin dudas debía referirse a momentos cómo estos.
. Le pedí que me dejara quitarle toda esa pintura. Lo hice lentamente. Lo hice con suavidad. Pude ver en su rostro una expresión realmente dulce. Una vez borre la mayor parte de todos aquellos trazos, con su ayuda me quite la ropa. Tomó mis manos y las beso, sin romper su mutismo. Mi espalda se perló de sudor. Me llevó hasta una pequeña cama. Delineé mis labios, repentinamente resecos, con mi lengua. Cerró sus ojos y, mientras agitaba lentamente la lengua dentro de mí boca cogió mis manos. Conectadas, levemente estrechadas,.. Una agradable y excitante sensación recorrió todo mí cuerpo al sentir cómo sus labios abarcaban uno de mis pezones y lo acariciaba con su lengua. Acarició mis pechos, los recorrió con su lengua y lo mismo hizo en mí ombligo. Gemí intermitentemente. Separo suavemente mis muslos y beso una a una las caras interiores que ya estaban húmedas. Pude advertir el silencio que respirábamos. Acercó su rostro hasta mí sexo y lo lamió una y otra vez, hasta hacer que mis labios vaginales se abrieran y así poder acariciar y succionar mí clítoris. Me sumergí en un maregmanun de sensaciones. Todos mis músculos se tensaron y mis gemidos recorrieron la habitación. Sus manos se posaron sobre mis nalgas, presionándolas contra su ingle para que pudiera sentir la dureza de su miembro. Se colocó entre mis muslos y su sonrojado glande buscó la abertura de mí vagina, acariciándola, penetrando en su interior poco a poco, con cuidado. Mis caderas se movieron con un espasmo al sentir su entrada hasta el fondo. Su miembro palpitaba contra el cuello del útero, con una presión caliente y brusca. No había espacio para recuperar




Acompañame lluvia abajo





Acompáñame lluvia abajo

en una tarde de matices serenos,

donde entienda tu adiós.

Pasaran los meses…

Y también los años…

Las noches se deshojaran

en una armonía cruel

inundándome de tu recuerdo,

única compañía.

ENVIDIOSOS DIOSES

                        

os dioses envidiosos de nuestro amor, decidieron convertir tu cuerpo en piedra. Te busqué en las noches.  Grité inutilmente tu nombre , respondiendome tan solo el oscuro silencio, de las frías noches.  Tanta soledad arrancó las lagrimas  de mis ojos , que cayeron sobre tu piel, sin yo saberlo.
Asi fueron pasando  los dias y las noches , hasta que los dioses tuvieron clemencia de mí, creando de mi cuerpo una cordillera. 
Sería una mujer eternamente dormida, decían mientras se reían entre ellos? Menos uno, al que le dolió mí soledad, yendo hasta ti despertándote. Te dijo sin palabras donde me encontrarías dormida. Entregándote de nuevo los sentidos, para lograr una noche de amor. De esa unión brotaron ríos, manantiales, bosques, bellos mantos de flores, miles de animales y preciosos astros sobre el cielo que serían testigos de lo nuestro.

18 de septiembre de 2011

Fragmento de Los seres felices de Marcos Giralt Torrente

ué espectáculo conmovedor el de un cuerpo cediendo ante una caricia.
Me sorprende la inmediatez con la que una caricia persuade. 
Ahí donde las palabras fracasan basta con un roce de lapiel para obtener el resultado perseguido. Una caricia significa lo que es, busca una emoción inmediata, y pocas veces se presta a ser malinterpretada...

Sin embargo, que tremendo daño entraña ese poder para quién recibe la caricia y no sabe lo fácil que es mentir con ellas, qué cruel si los actos posteriores no acompañan la calidez que la caricia inicia.

No es lo mismo acariciar para restablecer  la confianza o recuperar al otro, que acariciar como un consuelo que no tardaremos en traicionar. Asi acarician algunas personas, para consolar momentáneamente de una injusticia y para consolarse a sí mismos del pesar de no haber sabido atajarla...



de Marcos Giralt Torrente

Insomnes noches torrenciales

                        

                        Insomnes noches torrenciales,
de ese mi universo deshilvanado
que todo aquello que toca destruye.

Risas, llanto y más llanto
transfiguración de lo imposible.
Pesadumbre y desencanto

dejaron quiénes ya se marcharon.

15 de septiembre de 2011

Palabras, caricias verbales


is palabras toman cuerpo. Bailan en el aire,  no importandoles decir algo, solo desean convertirse en el ritmo que marca este momento. Mis palabras quieren creer que pueden hechizar, con un ligero sube, baja, con un grácil revoloteo. Creen estar dotadas de esa magia que en realidad carece.

Todo el universo son ahora esas palabras en movimiento; llevan un mensaje secreto. Palabras que se unen y separan, exhibiendo su resplandor, luciendo sus pliegues.
Mis palabras a veces se rinden, cuando se encuentran  entre otras en las que se sienten extrañas. 
Se crecen cuando son impulsadas por las fantasías, que las logra transformar en historias que respiran y sienten. Son como alas que se han tejido con libertad que llevan cargadas.
 
A véces temen poseer el poder de causar daño y de decir aquello que no que deberia haber sido silencio. Temen llegar a ser un golpe seco con movimiento inesperado. Temen enmudecer, temen no lograr decir nada. En perder esa inocencia de las que siempre han ido cargandolas.
 
Ellas se dejan oler, porque saben que no hay ofrenda más íntima que la de su aroma y del sentir del que van .Se alean con otros perfumes, dispersando un alud de recuerdos, historias …
 
Mis palabras toman cuerpo, siguiendo ese ritmo con el que danzan , suavemente  en calma . Sin dejar la sinuosidad de su magía .

Vino y Rosas



iempre me gustó verlo dormir. Lo hice durante mucho tiempo a través de la abertura de la puerta de su dormitorio. Dormía y duerme desnudo. Desde mí escondite podía disfrutar de su cuerpo. Acariciaba con mis manos de adolescente virgen su espalda velluda con sumo cuidado, como si temiera despertarlo. Me deslizaría suavemente hasta sus nalgas. Yendo y viniendo por cada una de las partes expuestas a mí mirada curiosa y excitada. Es un ritual que el desconoce, que inicié no hace mucho y que he ido perfeccionando con el tiempo. Con ese hombre llegué a sentir cómo mí cuerpo de niña se alejaba, dejando en su lugar el de una adolescente que no lo veía como su padrastro, si no cómo hombre. Su cuerpo tenía la fuerza de perturbarme hasta humedecerme. Y no su cuerpo sino la brisa sudorosa que emanaba de sus poros. Mis manos necesitaban perderse bajo mí camisón y acariciar ese púbis casi infantil y adentrarse en ese sexo que parecía contener en sus profundidades un fuego encendido. Mientras él ignorante de lo que ocurría tras esa puerta dormía placidamente. Imaginé que mis manos acariciaban su hermoso pene. Que con mi mano derecha acariciaba sus testículos. Lo había visto en una revista que me había dejado una de mis amigas. Me excitaba pensar que mí dedo recorría el pliegue que en una línea perfecta nacía en su culo y se perdía entre las arrugas que cubrían el glande. Mientras él se mordía los labios para no gritar. Con firmeza y muy despacio descorrería el velo, dejando al descubierto la rosada y tibia cabeza de su pene a la que yo lamería una y otra vez. Llegué a verlo retorcerse y escucharlo gemir y eso me hacía volver a sentir entre mis muslos una intensa humedad. Pero una noche su sueño no debió ser tan denso y me pillo en el suelo, sudorosa y jadeante con el camisón levantado y las piernas abiertas. No dijo nada, tan solo me pidió que por favor me fuera a la cama. Me sentí avergonzada. Mí rostro echaba fuego. A partir de aquella noche todo a nuestro alrededor parecía haber cambiado, al igual que nuestro comportamiento. Desde que me encontró de aquella forma, dejé de ser su hijastra, esa con la que había estado conviviendo diez años y que a la muerte de su mujer había quedado a su cargo. La atracción que sentía desde hacía años por ese hombre me había llevado a una situación embarazosa, tanto para él como para mí. Se había convertido en una obsesión, que no me permitía realizar la vida que cualquier otra joven de mí edad. Apenas salía de casa fuera del horario de mis clases en el instituto. No aceptaba salir con chicos, es más los evitaba. En mí vida solo dejé que participaran chicas, compañeras de clase, por lo que se me llego a creer que era lesbiana. El silencio entre mí padrastro y yo era una realidad, que a veces conseguía a resultar asfixiante. Pero pude advertir en él algo que me infundía una ráfaga de esperanza. Sus miradas, esas que a veces no lograba esconder a tiempo, escondían ahora una especie de destello desconocido hasta entonces por mí. Fui consciente de lo que hice y de la trampa que tendí a sus pies, pero era el único modo de averiguar algo que necesitaba… Invite a dormir conmigo a una chica de mí clase, sabía que yo le gustaba y creí que podría ayudarme en lo que deseaba averiguar. Iba a pedirle que me dejara compartir su cuerpo. Ella era una chica desconcertante. Su serenidad lograba a veces inquietarme desafiándome. Cuándo llegó a casa se la presente a él y los tres pasamos una agradable velada durante el tiempo que duró la cena. Él nos estuvo observando todo el tiempo. En otro momento me hubiera molestado que lo hiciera, pero no esa noche tan especial. Mí comportamiento con esa chica fue, me atrevo a decir deshabituad. Yo normalmente no era así de afectuosa. Una vez terminada la cena le dije a mí padrastro que nos íbamos a mí dormitorio. Él con una sonrisa extraña, nos dio las buenas noches y se fue a ver la televisión. Una vez las dos a solas en mí dormitorio la mire a los ojos, buscando en ellos ayuda. Hablamos de trivialidades para relajar el ambiente. Nos desnudamos para ponernos el camisón. Sentí cómo sus ojos recorrían mí cuerpo. Me puse algo nerviosa. Se fue apretando el nudo en mí estomago. Me encontraba algo tensa. Ella se acercó a mí, sin decir nada y me tendió sus brazos como refugio. Acepte ese abrazo. Sentí nacer la necesidad de su boca. Me besó largamente. La detuve con el índice sobre sus labios. Me sentía extraña, inquieta por lo que estaba haciendo. Enredé mis dedos en sus cabellos. Ella buscó una de mis manos y la llevó hasta uno de sus pechos. Así iniciaría aquel juego… El aire se fue enturbiando. Ella se recostó sobre la cama ofreciéndose a mí. Un voluptuoso aroma, comenzó a danzar entre nosotras. Solo esperaba que él como otras noches estuviera tras la puerta, mirando tras la cerradura, como solía hacer yo de niña. El cuerpo de esa chica era hermoso y tentador, del que emanaba a raudales sensualidad. Levantó con descaro sus caderas provocándome. Con sus dedos pinzo repetidas veces sus pezones, mientras se mordía los labios. Me incline sobre ella. Mí boca fue en busca de esos pequeños pechos que me recibieron en un excitante estallido. La rigidez y dureza de sus pezones parecían estar esperándome. Eran provocadoramente hermosos revestidos de ese color purpúreo. Me incitaban, deseaban ser acariciados, besados, lamidos y mordisqueados por mí. Me senté sobre su pecho con todo el peso en mis rodillas. Me tomó de la cintura llevándome hacia su boca. Me sujeté con fuerza a los bordes de la cama y descansé mi vulva en sus labios. Me lamió como un gato llevándose con su lengua todo el exceso de humedad. Tomó mis pezones entre los dedos, apretándolos. Sentí su lengua forzándome los labios, para entrelazarse con la mía. Su saliva que por debajo se transformaba en más jugos para saciar su deseo. Se apartó de mi boca y escuché tras de nosotras un gemido que me supo a gloria, el de él. Lo imagine excitado, masturbándose enfebrecido por lo que le estábamos ofreciendo. Su miembro palpitante entre sus manos. Sus huevos apretados, la vena hinchada y violácea a punto de estallar. Esa imagen me excito enormemente. Abrí sus muslos, que brillaban por el almíbar que me tenté a probar. Mis labios recorrieron arrastrando tras ellos esa humedad. Acaricié con mis dedos sus labios, abriéndolos para que surgiera su clítoris. Erecto, expectante, se escurría de mi dedo al tocarlo y se endurecía hacia arriba cuando presionaba suavemente su contorno. Recosté mi boca para chuparselo habidamente. Escuché como sus gemidos se dispersaban a nuestro alrededor. Cambiamos de posición. Ella se montó sobre mí, con su sexo sobre el mío. Embadurne mis dedos con saliva y los introduje sin prisa en el orificio frotándolo con urgencia...Gemía y se desarticulaba en espasmos. Abrazó mi pierna con sus piernas, humedeciendo mi muslo con su danza, prendida a su euforia. Sentí su dedo ensalivado clavándose por detrás. Asié con fuerza sus pechos, mientras las convulsiones hacían zozobrar mí cuerpo. Tras ese intenso orgasmo, nos besamos y acariciamos un poco más hasta que ella se quedo dormida. Escuché atentamente, esperando averiguar si él seguía tras la puerta, pero solo pude oír un inmenso silencio. Me levante con cuidado para no despertarla y de puntillas salí del dormitorio. Me dirigí hacía donde imaginé que lo encontraría. Entreabrí la puerta y escuché el sonido áspero de su respiración, me enterneció. Seguía cabizbajo sentado sobre su cama. Deseé abrazarlo, besarlo. Busqué el valor necesario para acercarme a él. Si esa noche no daba ese paso, jamás lo daría. Yo había dejado de ser una jovencita ingenua que se había encaprichado de aquel hombre. Sentía el frío del miedo, ese que siempre recorría mí cuerpo cuándo me encontraba asustada. Abrí despacio la puerta, intentando no asustarlo. Levantó sorprendido su rostro ante mí presencia. Fue al ver su mirada, cuándo recordé mí desnudez. Amaba tanto a ese hombre que me enfrente a su rechazo. Me acerqué a él con pasos suaves y lentos, sin dejar de mirarlo. Me puse de rodillas frente a ese hombre que no hizo nada por alejarme de su lado y recosté mí rostro sobre sus piernas. El pecho me dolía de la fuerza en la que golpeaba dentro mí corazón. La densa oscuridad que nos había rodeado desde hacía tiempo, comenzó a desvanecerse dándole paso a la claridad que trae consigo la esperanza. Todo seguía en silencio. Sus brazos caían a lo largo de su cuerpo desmadejados. Sus manos se avivaron para acariciar mí cabello, sus dedos se adentraron entre mis rizos. Sentí como esparcía entre ellos besos… me di cuenta de que él estaba llorando. Me sentí fatal por lo que le creí estar haciéndole. Levante mí rostro, encontrándome con ese llanto silencioso. Me puse en pie y con mis labios fui secando el rastro dejado por sus lágrimas lamiéndolas. Sentía que me ahogaba. No deseaba verlo de aquella manera. Besé sus parpados, besé sus labios, temblaban, no sabía si seguir con lo que estaba haciendo o salir de su dormitorio y de su vida… Lo sentía abandonarse ante algo contra lo que ya no podía luchar más. Deseé ofrecerle consuelo en mí cuerpo. Acaricie su espalda velluda. Mis manos fueron de un lado a otro inquietas. Me conmovía verlo de aquella manera, pero es tan inmenso mí deseo por ser suya y que él fuera mío, que desoí cualquier intento por parte de mí conciencia por qué finalizara ese momento. Me repetí a mí misma una y otra vez, que él también me deseaba, aunque no se atreviera a dar ese paso … Su ropa se interponía entre ese contacto tan ansiado por mi. Mis manos fueron quitándosela cuidadosamente, siguiendo los dos inmersos en aquel silencio. Su piel reaccionaba a los roces de mis manos o mis dedos agitándose. Le hice sentarse sobre la cama, poniéndome de nuevo de rodillas ante él. Llego hasta mí el aroma particular e intenso de su sexo atiborrándose de sangre. Mis manos acogieron entre ellas ese miembro que iniciaba a sentir la efervescencia de la excitación. Acaricie sus testículos. Le escuché gemir al lamérselos. Me excitaba escucharlo. Recorrí con mis dedos su glande, siguiendo hasta el final que se perdía entre sus muslos. Cuando llegué a tocar su ano, se recostó mordiéndose los labios. Sabía, aún antes de tocar su miembro, que estaba listo y ansioso de mi boca. Con firmeza y muy despacio desvestiría de la membrana rosada y tibia y la abrace con mis labios. Se estremeció con el roce tibio de mi lengua y las paredes internas de mi boca, llegando hasta las puertas de mí garganta. Chuparlo fue un placer en si mismo. Sus palabras eran un barullo de fondo, que no logre descifrar. El calor se había aposentado en nuestras pieles. Con mí lengua recogí las perlas de sudor retenidas en la punta de los pelos de su pecho. Fue entonces cuándo él buscó mí boca y la cubrió con la suya. Sentí que una inmensa alegría se desbordaba dentro de mí. Esa vez había sido él quién había buscado sus labios. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Sus brazos rodearon mí cuerpo. Por primera vez me sentí en paz.

La Palabra incita


a palabra incita a la serenidad más inmensa o al desbordamiento más intenso. Puede llegar a convertirse en el mejor de los afrodisíacos. Deja que tú mente bordeé lo mágico. Huye de la rutina más asfixiante tras estos u otros textos cargados de pinceladas de erotismo. En ese crearte, imaginarte y desearte. En ese involucrarte que resulta tan excitante para mí. Déjate seducir por la sensualidad de las palabras, escucha el sutil sonido de sus pasos, en ese susurro mudo. Solo deseo que sucumbas en silencio a ese grito de cada uno de los sentidos. Para ello buscaré palabras, palabras que se irán transformando en mis manos, dedos, labios y lengua. Intentare mientras escribo, que vayas sintiendo el aroma y contacto de mi piel contra la tuya, su presión, su tibieza. Las frases se irán amoldando a ti hasta que sientas cada una de sus letras, su significado. Mí cuerpo desnudo, se ira revistiendo de esos adjetivos que tal vez logren plasmar mí imagen, esa con la que llegaras a imaginarme. Palabras, son solo palabras ya ves… Te iras aproximando a mí. Acercara tus labios a mi rostro, tu respiración azotara mi piel, se acelera mí corazón. Me besaras con tan solo un ligero roce, que seguro lograra alterarme. Subirá la temperatura en nuestro cuerpo. Palabras, simples palabras… Tus brazos me envolverán por un instante, lo justo para hacerme sentir el contacto de tu piel. Tus manos ansiosas escrutaran mis pechos, que provocados se endurecerán. Mis labios se entreabrirán, lascivos, húmedos… creerás escucharme diciéndote, “te deseo”, pero solo son serán mis pensamientos los que callo.... mi ansia ira creciendo. Tú me palparas como lo haría un ciego.... percibiendo mis formas… Palabras que nos muestran, nos incitan al goce y la demencia. Derramándose sobre nuestros sentidos, un abecedario completo salpicado de lujuria, con sus fonemas y sintaxis. En ese encontrarte al encontrarme. Al hurgarnos, recorrernos. Tu seguirás leyendo mí escrito y mientras lo vas haciendo te acaricias profusamente, enajenado. Palabras, palabras cóncavas o planas, calientes. Tu aliento agitado me recorrerá. Tu boca buscara la mía y nuestras lenguas se engarzaran. El deseo de nuevo nos recorrerá, empapándonos de una lujuria extraña. Palabras, palabras y más palabras que destilan vehemencia, pasión. Mientras escribo esto, me preguntó si estaré incitando en ti el deseo que tú estás provocando en mí. Siento que tus dedos se van deslizando por mí pubis, percibiendo la humedad de mis jugos. Esa humedad que al acercar tu rostro, tus labios beberán, entre mis entrecortados gemidos. Palabras , que lubrifican, que prenden fuego. Desplegándome por tu piel, arrastrando por ella mí ondulante y flamígera cabellera, llegaré hasta tu sexo enhiesto, que zozobrara envuelto en una humedad plateada. Acercare mí boca para deleitarme con ese sabor atávico, con el que deseo impregnes mis entrañas. Palabras y más palabras espasmos gramaticales.. Sintiendo que tu respiración marca la pauta de una nueva estrofa que empieza en ella y acaba clavada en mi alma. Sentiré en mis adentros tus espasmos. Tus jadeos retenidos. Cabalgaremos unidos. Nos desbordara ese torbellino de sensaciones, respiraciones agitadas, susurros líquidos y pesados. Tal vez a ti te gustaría poder gritar “voy a correrme” y a mí escucharlo, pero tanto el uno como el otro llegaremos a ese orgasmo callados, reprimiéndonos. Tal vez a ti te gustaría que tu semen lloviera sobre mí o dentro de mí, y a mí poder sentir esa cremosidad tibia humedeciéndome. Palabras, palabras… adjetivos, sustantivos entre los intersticios de las líneas. El sonido sólo volverá en forma de un suspiro. Me habré y te habré impregnado de todo ello, porque aunque son solo palabras, tiene la fuerza y el poder de habernos arrastrado a esta especie de delirio.

Unas mesas nos separan.



e trasfondo escucho el repiqueteo de la lluvia sobre los cristales, abro el libro que se encuentra sobre la mesa, fijándome en ese primer párrafo que leo sin entender su contenido,volviendo a cerrarlo.Inquieto, busco encontrar algo que me distraiga. Enciendo el ordenador dispuesto a buscar paginas, foros o lugares en los que por equivocacion, logren retener mi atencion. Nada. Sin lugar a dudas, existe una confabulación de los medios qur dispongo para entretenerme, para que eso no suceda. La television es una pena y la conexión a internet se encuentra tan inestable como yo. Repaso con desgana una revista, las imágenes pasan y pasan ante mi, sin que logren llamar mi atención, por lo que vuelvo a cerrarla. Me pongo en pie y me dirijo a la ventana, la abro, me gusta ver llover, me gusta ese olor a humedad que arranca al asfalto. Ya siendo un niño me gustaron los dias así, por lo que me tacharon de ser un niño raro. Mi infancia fue solitaria y silenciosa; haciendo de mi una persona timida y taciturna. Tal vez ser hijo unico me sumiera en ese estado permanentemente. Ese retraimiento, es uno de los motivos de que no haya sido capaz de haberme acercado a esa mujer, de no haber tenido la audacia o el valor necesario, para haberme puesto ante ella con cualquier tipo de escusa, de lo que podria haber salido tal vez una conversacion . Pero me es imposible…siempre me digo que tal vez más adelante, en otro momento. Hace dias que ella acude a ese mismo café, al que yo voy desde hace tiempo. Es una mujer hermosa, posee una sonrisa acogedora. Con unos ojos dormidos y profundos,en los que se refleja con la misma intensidad el sentimiento de la melancolía que el estallido de felicidad. Se resiste a dejar vencer su atractivo por el paso de los años y eso me gusta. Se encuentra bajo esa belleza otoñal que deja sobre algunas personas la vida. Sus ojos, su mirada me estudia con sigilo. Se posa sobre mi y se marcha. Teme encontrarse con la mia. Al parecer ignora que yo también hago lo mismo, escondido tras esté periodico que me hace de biombo. Cada tarde se repiten las mismas cosas, los mismos gestos. Ella entra y se dirige sin prisa hacía la mesa de al lado del ventanal. dejando sobre la mesa ese libro y ese paquete de tabaco. Buscando a Pepe el viejo camarero y pedirle un café con leche, que ira tomando a lo largo de la tarde. Todo parece ser parte de un rito o ceremonial. Es ridiculo mi comportamiento, es cierto. Ya no soy un adolescente para estar colgado de una mujer de la que no sé nada. Tal vez por eso, he llegado a hacer de su vida un misterio. A veces se torna tan enigmático su semblante. La rodean esas sombras o claroscuros. El cabello cubriendole parte del rostro. Volutas de humo brotando de entre sus labios carnosos. Me fascina su forma de hacerlo. Derrama sensualidad en ello. Me trae a la memoria a algunas de aquellas mujeres fatales del cine negro. Es cierto, que a ese viejo café no suelen ir mujeres solas y menos una como ella, por lo que llamó mi atención. Siempre ha ido sola, siempre al igual que yo ha estado sola... Tiene una gran facilidad para ser atrapada por sus pensamientos. Observa el ir y venir de la gente tras los sucios cristales del ventanal, unas veces con tristeza , otras sonrriente. Me he convertido en una especie voyeur. Una tarde tras otra, desde detras del periodico, veo a esa mujer inmersa en una especie de film , congelándo imágenes , avanzando,repitiendose escenas singulares, silenciando la banda sonora que fluye entre esas paredes recargadas de sobriedad. Los manejos de la mente son prodigiosos. Esas imágenes trepan por mi cerebro, desencadenando respuestas dentro de mi. Hay momentos para la melancolia y para la ensoñación. Mañana volvere a ese mismo café. Nada más entrar, Pepe empezará a prepararme ese café sólo y sin azucar que me ha servido a diario desde hace tiempo. Abriré el periodico para darle un repaso a las noticias más sobresalientes del día. Esperaré su reaparicion,reconoceré sus pasos sobre el linoleo del suelo. Entonces las sienes me latíran con fuerza y las manos humedas dejaran mi huella en las paginas de ese diario. Todo es tan previsible, no hay lugar a cambios o sorpresas. Mi subconsciente tal vez decida arrastrarme con el. Mi maginacion, puede que se disponga a trastear creando alguna historia . Mientras eso esté sucediendo, yo seguiré atentamente como sus labios se convierten en una sonrisa, como sus ojos se desplazan por las paginas del libro, como ladea la cabeza, como sus rodillas asoman justo al borde de la falda y sus piernas inquietas se cruzan y descruzan, sugeriendo,invitando. Seguire el hipnotizante revoloteo de esas manos, de como sus dedos largos y agiles se pasean por su cuello y el borde del escote. Dedos con los que suele llevarse el cigarro a los labios, con los que agita la cucharilla sobre ese café con leche... Visionar todo esto me ha excitado. Deseo a esa mujer. Mi mano en soliario tendrá que calmar esa inquietud que se ha ido avivando en mi entrepierna. Para lo que cierro los ojos . Vuelvo a reencontrarme con esa mujer. Voy recreandome en algo que tanto me gustaría presenciar. Mi mano se ha convertido en complice de este momento, envolviendo mi miembro, acarciandolo. Ese rostro de tez clara, sin mas maquillaje que una nota de carmin rojo en los labios, me sonrie con cierta picardía… Con un gesto me pide que tome asiento... La veo sentarse resueltamente en una silla. Sus manos se desplazan sobre su ropa, dejando atras sinuosas ondulaciones. Sus dedos van arrastrando con ellos el bajo de la falda, levantandola. Despojada de cualquier pudor, separa sus piernas mostrandome las laderas internas de sus muslos. Todos sus movimientos son lentos, envolventes. Desabrocha boton a boton la camisa. Mi miembro se agita. Sigo el curso de sus manos. Se acarcia los pechos por encima del sujetador. Sus ojos siguen clavados en mi, los siento. Mi cuerpo se ha ido tensando. Mi respiracion se alijera. Poniendose de pie, se dedica a quitarse esas bragas de encaje negro, arrastrandolas muy lentamente, deslizandolas por sus muslos, sus piernas hasta sacarselas, lanzandolas a un destino incierto. En sus ojos veo un increible desafio,lo que me excita mucho más. Mi boca se encuentra pastosa. Trago saliva. Ella se ha vuelto a sentar. Sus muslos vuelven a estar separados. Tengo ante mi el paisaje de su sexo, húmedo y rosaceo. Su mano se pasea por ese pubis con una gran languidez. Silenciosa, tantea esa avertura tras la que se esconde su clitoris . Me mira. Sus ojos se han ido abrillantando por la excitacion. Siento entre mis manos la agitacion de mi miembro. Gotas de sudor se deslizan vertiginosamente por mi espalda, por mi frente. Allí esta ella, con las mejillas arreboladas. Frotando esos labios, esos pliegues y repliegues con movimientos circulares . Su brazo sube y baja sin cesar, primero con lentitud, después más rápidos…. Suspira, gime y jadea... Su otra mano inquieta, impaciente atraviesa la seda del sujetador, apresándo con ansia uno de sus pechos. Su lengua humedece los labios. Saca al esterior ese pecho, rotando sus dedos alrededor de ese pezon, pellizcandolo,retorciendolo. Volviendo a resercasele los labios. Toda ella se contrae y se expande sobre la silla. De su garganta se escapan más de esos sofocados suspiros y jadeos. Mis sienes repiquetean. Se me enturbia la vista. Entre violentos espasmos, he llegado a correrme, derramandose ese semen denso y calido sobre mis manos. Regresando a esta realidad que de nuevo lo abarca todo y en la que esa mujer se encuentra ausente. Tras recuperar poco a poco el aliento. Veo que mi miembro se encuentra desfallecido y pringoso entre mi mano. Es tarde. Aún se escucha llover. Será mejor que me duche y me vaya a la cama, mañana he de madrugar de nuevo. De repente esa idea de mañana a la tarde, ese volver a verla. Tambien acude compañado de ese temor a que llegué el día en que no escuche tras de mi sus pasos,que no pueda ver de reojo su sereno caminar,ni de perderse tras un mundo de abstraciones. Que no pueda verla llevarse ese sempieterno cigarro hasta los labios. Temo tanto que una tarde, no llegue a estar ante ese ventanal de cristales sucios. Que esa mesa y esa silla se encuentren vacías,sin ese libro, sin ese café con leche. Que no la tenga unas mesas mas alla para mirarla desde detras de esas paginas cargadas en su mayoria de noticias de muerte y dolor que pueden volver a ensombrecer mi vida.

Nada es eterno...

briendo  las puertas del balcón, su rostro se encontró con  el relente de la madrugada. Su mirada mortecina fue recorriendo los montículos de hojas resecas  del otoño.   Todo en el jardín ofrecía un aspecto que armonizaba con su estado de ánimo. Aún se encontraba bajo los efectos de la marcha de ella. Sin lugar a dudas, todas las despedidas, tienen señales reconocibles, indicios: los que él se había negado a ver. El tiempo trae y lleva las cosas, nada es eterno... 

Desde que ella se había marchado, las noches se habían convertido en continuas vigilias, surgiendo de su memoria recuerdos de diferentes texturas.

Le bastaba cerrar los ojos, encontrandosela  sentada en ese balancin que se habia traido con ella por ser parte de la herencia de su abuela materna, en la que con un libro entre sus manos leia junto a la fuente  del jardin  o perdida en sus propios pensamientos.
La casa había quedado impregnada de su presencia, lo que lo condenaba irremediablemente a su recuerdo.
Cada noche, recostado en aquella cama que había compartido con ella, si cerraba los ojos, percibia su aroma y podia verla  apoyada en ese mismo rellano de la puerta temblando de frío, sin más iluminación que la luz de la luna,  con el vestido mojado por la lluvia, adhiriéndosele al cuerpo como una segunda piel. Despuntándole bajo la tela mojada sus pezones. Viendo como le goteaba por el rostro mechones de cabello. Tan frágil, tan inocente y a la vez tan endiabladamente tentadora. Su corazón marcaría un ritmo acelerado ante aquella visión tan sugerente, llegando sentirse excitado. Era entonces cuando su mano solitaria, se dedicaría acariciar con desesperación su ingle, subiéndola y bajándola velozmente, queriendo y no queriendo al mismo tiempo. Estremeciéndose en soledad, con un nudo en la garganta, empujado por el deseo. Emergiendo de entre la penumbra esa imagen secreta de ella. Viéndola recostada sobre la cama, con su liviano camisón de gasa verde y los tirantes caídos sobre sus hombros. Su cabellera cobriza recogida con una cinta en la nuca. Esa que a él le gustaba desatar, derramándose todo aquel fuego sobre la almohada. Sus ojos entornados., su mano deslizándose por el cuello y el escote, prestando especial atención a la ondulación de sus senos. Recorriendo despacio la invisible aureola de sus pezones provocadoramente. Era imposible no excitarse con escenas como aquella. Siguiendo esa mano que con sinuosidad se arrastra hasta la cintura y su vientre incitadoramente. Le gustaba ser observada por él mientras se acariciaba de aquella forma … Levantando el borde del camisón, arrastraba sus delicados dedos por entre sus muslos abriéndose camino hasta la oscura zona de su sexo. Volvió a cerrar sus ojos, mientras sus dedos separaban, los pliegues de su vagina mimándola. Escapándosele murmullos de entre sus labios. Era tremendamente excitante verla temblar de los pies a la cabeza. Observar esos frenéticos movimientos con los que se frotaba el clítoris. Emitiendo gemidos entrecortados. Su pierna izquierda doblándose en convulsos movimientos, mientras que su otra mano apretujaba sus pechos, pellizcando y retorciéndose los pezones. cargándose su rostro de esa lujuria que la había ido arrastrando poco a poco. Creándose una atmósfera sofocante. Haciéndose mas y mas delirante verla como se acercaba a ella la culminación de ese orgasmo, que la dejaría desmadejada y bañada en sudor…
 Regresando a esa oscuridad que de nuevo lo abarcaba todo. Cómo si en esa humedad ella se hubiera diluido, volviendo a quedarse solo. Era entonces cuándo exhausto , se levantaba de la cama, saliendo al balcón en busca de esa serenidad perdida. Con el deseo acallado por esa noche.

Hacercandote a mí

scucho  tu respiración, cada vez más cerca. Primero en mi oreja, bajando hasta el brazo, subiendo de nuevo hacia mi nuca. Te miro, para después bajar de nuevo la mirada. Las yemas de tus dedos, un poco ásperas, rozan la piel de mi rostro. Mis labios tiemblan en esa proximidad.

Desabrocho uno a uno los botones de tu camisa despacio, porque desnudarte rápidamente es negarnos un tiempo, ese que nos presta esa espera, ese ansia que lograra desbordándonos.

Por eso, como digo, desabrocho esos botones con el deseo más acuciante. Tu pecho aparece ante mí sin pudor alguno. Mis dedos rozan suavemente esa piel dura y revestida de vello. El sentido del tacto llega a resultar sublime.

Giro la cabeza, en busca de una boca que besar.
Besas mis labios, mi cuello... mi pecho.

Mis manos se entrecruzan con las tuyas. Tus dedos se posan sobre mis labios, que no dejan de temblar. Me precipito literalmente a tus brazos. .. Me estremezco impaciente. El ritmo acelerado de tu corazón ahora se adhiere a mí pecho. Aprietas tu boca contra la mía. Nuestras lenguas luchan tibiamente. Muerdes mis labios. Tu mano se pierde bajo mi vestido....

Vamos perdiendo el control. Nuestras respiraciones se confunden. Un aire pesado va y viene. Tus manos, tus dedos se hunden en mi cabello enredándose en el con desesperación.
Lo sensual, lo intimo, lo excitante, son las claves, para crear este tipo de momentos.
Una fragancia oscura o clara. En ese absorberse simultaneo. Palabras, palabras.....caricias verbales, que posee la capacidad de conmoverte....

14 de septiembre de 2011

Citas de Charlie Chaplin


* "A fin de cuentas, todo es un chiste."

* "Algo hay tan inevitable como la muerte y es la vida."
* "Nunca te olvides de sonreír porque el día que no sonrías será un día perdido."
* "El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto."
* "El auténtico creador desdeña la técnica entendida como un fin y no como un medio."
* "Hay que tener fe en uno mismo. Ahí reside el secreto. Aun cuando estaba en el orfanato y recorría las calles buscando qué comer para vivir, incluso entonces, me consideraba el actor más grande del mundo. Sin la absoluta confianza en sí mismo, uno está destinado al fracaso."
* "La vida ha dejado de ser un chiste para mí; no le veo la gracia."
* "No esperes a que te toque el turno de hablar; escucha de veras y serás diferente."
* "Luchar para vivir la vida, para sufrirla y para gozarla... La vida es maravillosa si no se le tiene miedo."
* "Por simple sentido común no creo en Dios, en ninguno".
* "Todo lo que necesito para hacer una comedia es un parque, un policía y una chica guapa."
* "Todos somos aficionados. La vida es tan corta que no da para más."
* "¿Por qué no?, después de todo le pertenece" Últimas palabras."
* "¡Mira Hannah, mira hacia el cielo!. Al alma del hombre le han sido dadas alas, y está volando hacia el arco iris y la luz de la esperanza". Final del discurso de El Gran Dictador."
* "El verdadero significado de las cosas se encuentra al tratar de decir las mismas cosas con otras palabras."
* "La vida no es significado; la vida es deseo."
* "Sin haber conocido la miseria es imposible valorar el lujo."
* "Mirada de cerca, la vida es una tragedia, pero vista de lejos, parece una comedia."
* "Sé tú, e intenta ser feliz, pero sobre todo, sé tú."
* "Ríe y el mundo reirá contigo; llora y el mundo, dándote la espalda, te dejará llorar."
* "Aprende como si fueras a vivir toda la vida y vive como si fueras a morir mañana."
* "Lo malo de ser viejo es que uno no tiene cómo defenderse."
* "Trabajar es vivir y a mi me encanta vivir."