16 de abril de 2011

Ese no era mi día

uantas veces le había reprendido a mí madre por aquella maldita costumbre de joven quinceañera, de sacar la cabeza por la ventanilla del coche yendo en marcha, cuando veía a algún hombre que le gustaba. Pero ella como era habitual en estás y en otras cosas no solía hacerme ni caso. Juan, mí marido me decía que la pobre estaba perdiendo la cabeza, pero nunca pensé que la llegara a perder de esa manera. Su comportamiento era el de una adolescente. Y ahora por ello, en el asiento trasero se encontraba su cabeza toda despeinada y chorreante de sangre. Menos mal, que aún no la había llevado a la peluquería para la que ésta mañana tenía hora, habría sido una pena. Para el colmo me esta poniendo pérdida la tapicería. Parecía estar viendo a Juan hecho una fiera al ver la enorme mancha de sangre en su querido coche. Siempre ha sido algo obsesivo con todo lo que se refiriere a él. A veces no he podido evitar sentir auténticos celos, al ver que recibía más atenciones que yo misma. Parece ser que mí madre se ha enfadado, ahí la tengo sin decir ésta boca es mía. Pues si ella no me habla yo tampoco, al fin y al cabo ha sido de ella la culpa de verse como se ve. Me ésta poniendo de los nervios ver por el espejo retrovisor como me mira, ni que hubiera sido mía la culpa de lo sucedido.

Estaba visto que aquel no era mí día. Encima parece ser que se ha molestado conmigo por reprenderla. A veces pienso que hemos cambiado nuestros papeles en la vida.
He tenido que pasar un tremendo sofoco. Por su culpa, me he visto forzada a frenar en seco al escuchar aquel golpe, podríamos habernos matado. Ha sido entonces cuando me he dado cuenta de que su cabeza no estaba sobre sus hombros como debiera haber estado. Por lo que me he tenido que bajar del coche y enfrentarme con un angustiado conductor que sufría parece ser un ataque de histeria y que con el rostro todo lívido, no cesaba de decirme incoherencias, mientras me señalaba la cabeza de mí madre que estaba sobre el asfalto con cara de fastidio. Viéndome obligada a recogerla ante las muchas miradas curiosas de los demás conductores y meterla en el asiento trasero de nuestro coche; menos mal que no me ha echado a perder el vestido de “Versace” eso habría sido la gota que hubiera colmado el vaso de mí paciencia. Esto me pasa por ser demasiado buena, siempre me lo dice Juan. “Marichu, la gente hace contigo lo que quiere y así te va”.
Ahora tendré que llevarla al hospital imaginó. Perderé allí toda la mañana, con la de cosas que tenía que hacer hoy. Maldita sea. Todavía querían que me quedara allí a la espera de que llegara la policía. Eso si que no, no estaba dispuesta a seguir perdiendo más el tiempo. No sé, pero estoy pensando que será mejor que llevé el coche a un autoservicio de lavado a que le hagan una limpieza en seco, no quisiera que se liara en casa por culpa de esa inoportuna mancha. Además yo creo que hasta uele mal. Tal vez se le ha descompuesto el cuerpo a mí madre, pero cualquiera le dice nada estando la cosa como ésta, entonces seria cuando se liaría.
Me temo que hoy no es mí día. No, no señor, no tendría que haber salido de casa y mucho menos habérmela traído conmigo a ella. Pero claro como negarme a llevarla a la peluquería, si lo hubiera hecho también la habríamos tenido de todas formas. Maldita sea, que día más asqueroso.
Nada ahí sigue callar que te callaras. Siempre ha tenido muchos humos la señora. Mí pobre padre, siempre decía que los tenía muy bien puestos y es cierto. Ni siquiera se ha quejado como otras muchas veces de lo mucho que corro, ni de la música tan muermo que llevo puesta. En fin, ésta visto que cuando se enfada se enfada. Bueno. Seguro que si le digo que la invito a tomar unas tortitas con nata en la cafetería del Corte ingles y después nos vamos de compras se le pasa el enfado. Pero será mejor que antes de eso, la llevé al maldito hospital con lo de su cabeza. Total la cita con su peluquero ya la ha perdido y todo lo que yo tenía previsto para primeras horas de la mañana también, por lo tanto….
Me dije a mí misma “Maríchu, calmate, tómatelo lo mejor posible, ve al hospital y después iros tú madre y tú a tomar esas tortitas con nata y mermelada de arandanos que tanto os gustan, no querrás tenerla todo el santo día de morros. Piensa en que mañana será otro día, eso te hará ver todo de forma distinta”…




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