1 de diciembre de 2011

Muerdo una manzana


uerdo provocativamente una manzana, confiriendose en mi boca y en mis labios su carne, su jugo . 
Le miro, le observo   y siento como su mirada de océano en calma al recorrerme me inflama. No dejo de mirarlo y adivino en  las  canas que lo acompañan desde hace años, su vida. 

Sus ojos azulados no se despegan de mí. Me siento atraida , hipnotizada. Acerco la manzana a mi nariz , su  aroma  me resulta tan agradable, que sigo  masticando esta  fruta que no deja de danzar en mi boca,   impregnadola de ese jugo tan acido. 

Cierro los ojos para sumergirme en el sabor , siento que nunca he disfrutado de otra manzana como lo estoy haciendo de esta.
 
Abro mis ojos y me vuelvo a reencontrar sus ojos , con su piel blanca  mediterránea, el calor del verano hace que gotas de sudor corran por mi espalda .
 
Se acerca despacio, bajo la calma que le viste... 
Yo todavía con el sabor de la manzana en la boca, presiento  el calor  de sus labios sobre los míos, lo que hace que mi corazón empiece con sus primeras cabriolas . Con una voz cadenciosa pregunta mi nombre , sin que yo le responda. Ya estamos situados el uno frente al otro y  sus manos apresan mis caderas atrayendome hacia el con fuerza.
 
Me besa y mi  respiración se acelera. Me vuelve a besar y siento que la   sangre hierve.  Desapareciendo de mi boca y de mis labios el dulzon sabor que habia dejado  aquella manzana.

Con una tremenda osadia  desabrocho su camisa, apareciendo  ante mi, su pecho bronceado bajo   un espeso vello blanquecino, paso mis manos, mis dedos crean circulos alrededor de sus diminutos pezones que se yerguen con mi contacto...

Me invita a su cama... Camino por las tibias baldosas hasta llegar a ese lecho donde se que  encontraré lo que deseo. Me desnuda lentamente, con la serenidad que dan los años.  Aspirando ese aroma a manzana que ha ido absorbiendo mi  piel. Sus labios recorren mi cuello y susurran a mi oido palabras que no he logrado descifrar, pero que han provocado  un estremecimiento que me ha recorrido  entera ,  agitandome como el viento agitaría una palmera.
 
Mis senos aparecen ante su vista, se abren para él, su lengua revolotea sobre mis pezones ansiosos, que él  succiona goloso... Sus  manos de artista  se acoplan a la concavidad de mis senos y los trabaja con caricias. Gimo...  y me dispongo   a  recorrer  su torso con mi lengua de nuevo y descubro sus sabores, sus texturas, como hice con aquella manzana. Paladeo  excitada  sus sabores más secretos. 

Lamo su pecho, su vientre, su ombligo... Se recuesta en la cama y se deja amar, por que yo deseo amarlo.  Escancio besos por su rostro, sus ojos, sus labios, su cuello y regreso a su  pecho. Con la punta de la lengua toco la cabeza brillante y rojiza de su miembro... Gime, suspira... Mi lengua lo recorre, su virilidad brilla por mi saliva, vuelve a zozobrar entre mis manos...
Siento  entre mis muslos una humedad. 

Mirandolo a los ojos   voy introduciendo su miembro en el interior de mi sexo , en esa  que   le espera desde hace tiempo . Mis piernas se abrazan a su cuerpo, posellendolo.

Soy feliz, comienza los movimientos desenfrenados. El me susurra tiernas obscenidades como si estuviese recitando el mejor de los versos ,   resbalandome por mi piel jadeante. 

Sus ojos en ese instante me dicen que me ofrecen ese te quiero del momento. Repite mi nombre,  resonando en mis oídos como un eco glorioso. Muevo mis caderas en círculos, trato de fundirme en él, para que seamos un solo universo.
 
No he dejado de mirar su rostro mientras disfrutaba de ese esperado orgasmo como yo no he dejado de mirarle mientras se corria dentro y fuera de mi poseidos por esa  muerte temporal. Sus gemidos y temblores son un espectáculo...

Entre suspiros vuelvo a recobrarme, él me abraza y llena mi boca de besos frescos... Todo vuelve a ser silencio...me refugio entre sus brazos, su piel ahora sudorosa, lleva consigo los aromas de esa unión, la de nuestros cuerpos.

Retomo esa degustación interrumpida , volviendo a saborear el jugo acido de aquella misma manzana. Clavo mis dientes en ella a la vez que observo como él duerme.

24 de noviembre de 2011

Albergar un sueño




Mi deseo es albergar un sueño,
 en el que tu no aparezcas.
Mi deseo es volver  a caminar sin pies
y a volar sin alas .
Sintiendome  de nuevo yo,
algo que me arrebataste con tu comportamiento.
Volveré  a vestirme con  esa calma
que hoy me falta y tanto echo de menos.
Limpiare mis ojos de la huella
que los tuyos dejaron dentro.
¿Amor? No creo que aquello,
 llevase ese nombre , no lo creo.
Mis sentidos tan solo  se aferraron
a la sin razón de un  imposible,
lo que hoy  estoy pagando.
esperare a percibir como llega hasta mí
ese relajante aroma que trae el olvido consigo.
Brotándome  una sonrisa toda cuajada de esperanza,
que deje de hacerme sentir pérdida.

Ahora que sé




Ahora que sé que no te tengo y
de que nunca te he tenido. 
Ahora que no tendre  a quien escribirle un poema 
que encierre el amor entre sus letras. 
Ahora que me autocastigo a este final como condena, 
olvidando todo lo que llevo dentro, 
le cerrare la puerta a los sentimientos. 
Mirare hacía otro lado y desoiré de mi corazón su queja… 
Ahora ante esta abrupta y despiadada realidad, 
volveré a ser esa marioneta que aprendió un día 
a esconderse tras una sonrisa.

1 de noviembre de 2011

Atrapada en el silencio






Un otoño adormecido.

Un deseo acallado.

Un querer y no poder

en ésta realidad

de la que a diario huyo.

Un jinete sin caballo

Una luna sin cielo

Un amor que agoniza

sin haber nacido.

Un silencio que me atrapa.

Un horizonte en tu mirada.

Un invierno y mucho frío.

Un reloj marcando un final

sin que nada haya ocurrido.

Mientras que mí realidad,

con sarcasmo me hace un guiño

26 de octubre de 2011

Cartas que se guardan




artas que guardan esas noches inexistentes, el confuso perfume de un  abrazo, el temblor de unas  bocas que se buscan.  La música que  se pierde  escondiéndose en nuestros  cuerpos.  la huella del temblor...tantas y tantas cosas y nada a la vez.
Abrir esa  carta, en el mismo rellano de la escalera, borrándose de un sólo plumazo todo  tu  alrededor. Abrasándome la tinta entre los dedos. Las frases repitiendo el rumor de las sábanas, la pasión y sus sombras, desdibujándose  el día.
Llevando al papel el fragor de esas noches, más allá al otro lado donde nadie lo aguarda. Silencio y más silencio.  No existía ese alguien, existiendo. No habrá unas manos que se pongan a temblar al ser leídas cada una de esas palabras, que me causan este dolor. Nadie que reinicié una y otra vez la lectura  de ese trozo de papel para encontrar entre sus frases,  esas caricias hilvanadas y enfebrecidas por la distancia. En ese especial adjetivo, el sustantivo eficaz que nombra partes de mi cuerpo, que lo palpa; en la oscilación de los verbos, su balanceo, como el de un velero perdido.
Suave o agitado hasta conseguir llegar a ese horizonte donde se ocultan las palabras, que me impregnaron de esperanza y hoy sin más se resquebrajaron por no haber existido.

23 de octubre de 2011

Tu respirar pausado

e gusta tu respirar pausado, mientras te percibo recostado a mi lado. Necesito sentir tus dedos, abruptos, dejando sobre mi desnudez, anheladas sensaciones. El imaginarte jugando con mi cuerpo, aflorando de mi garganta jadeos. Recorridos verbales. Letras encendidas con las que dibujar emociones en silencio. Monologo de un solo cuerpo, en complicidad con los sueños.

Adherida a mi piel


Adherida mi piel a su desnudez,
sus labios rozaron los míos.
Entre mis adormecidos senos
se posarían sus cálidas manos.
y con la glotonería de un niño,
se deleitaría con mis pezones
con sabor almizcleño.
Abrasadores poemas
buscaría bajo mí cintura,
con los que acallar su desasosiego.
Respirando , abriéndonos,
sumergiéndonos en una paralela catarsis,
mientras nuestros sexos ardían
por fuera y por dentro.
Descubriendo en nuestros poros
secretos de muchas lunas que aún no crecieron.


19 de octubre de 2011

Reflexión de un desconocido

os tamaños varian conforme el grado de
compromiso.
Una persona es enorme para uno, cuando
habla de frente y vive de acuerdo con lo que habla, cuando trata con cariño y
respeto, cuando mira a los ojos y sonríe
inocente.


Es pequeña cuando sólo piensa en sí
misma y le hace creer a los demás que
piensa en ellos,cuando se comporta de
una manera poco genial, cuando no
apoya,cuando abandona a alguien
justamente en el momento en que
tendría que demostrar lo que es más
importante entre dos personas:
la amistad, el compañerismo, el cariño,
el respeto y el amor.


Una persona es gigante cuando se
interesa por tu vida, cuando busca
alternativas para tu crecimiento,
cuando sueña junto contigo.
Cuando trata de entenderte aunque
no piense igual.


Una persona es grande cuando perdona,
cuando comprende, cuando se coloca
en lugar del otro, cuando obra no de
acuerdo con lo que esperan de ella,
sino de acuerdo con lo que se espera
de sí misma.
Una persona es pequeña cuando se
deja regir por comportamientos clichés.
Cuando quiere quedar bien con todos,
cuando maneja a la gente como un
titiritero y lamentablemente siempre
hay gente que no tiene convicciones
y se deja manejar...


Una misma persona puede aparentar
grandeza o pequeñez dentro de una
relación, puede crecer o disminuir,
en un corto espacio de tiempo.
Una desepción puede disminuir el
tamaño de un amor que parecia grande.


Una ausencia puede aumentar el
tamaño de un amor que parecia ser infinito.


Una decepción puede terminar con el
respeto por alguien.


Una acción correcta puede enaltecer a otros.


Es dificil convivir con esta elasticidad:
las personas se agigantan y se encojen
a nuestros ojos. Ya que nosotros no
juzgamos a través de centímetros o
metros, sino de acciones y reacciones,
de verdades o falsedades, de
expectativas y frustaciones.


Una persona es única al extender la
mano y al recogerla inesperadamnete,
se torna otra.


El egoísmo unifica a los insignificantes,
a los perdedores, a los falsamente
llamados diplomáticos.


No es la altura, ni el peso, ni la belleza,
ni un título o mucho dinero lo que
convierte a una persona en grande...es
su honestidad, su decencia, su amabilidad
y respeto por los sentimientos e intereses
de los demás.
Por su sensibilidad sin tamaño


.

8 de octubre de 2011

Te busco


Atraves del tiempo te busco.
Soy quién en tu hombro

al anochecer se posa,

la sombra que al atardecer

a tu lado yace.

Yo existo en ti,

soy ese alguien

que trae las respuestas

que cada día esperas.

Me percibes en el aire,

en el roce que te acaricia,
en el sabor a sal de tus lágrimas,
en el silencio que te escucha

en esa soledad que te asfixia.

Tú me llamas sin saberlo.

Yo estoy ahí para esperarte.

¡calla! , no digas nada,

tan solo sigue como hasta ahora

esperándome en el tiempo.

Yo seguiré estando presente

en mi ausencia.

3 de octubre de 2011

Calurosa Noche




Él va buscando frases,
y salen  solo palabras
manchadas por los efluvios,
del tabaco y el alcohol.

En la calle una desafiante lluvia
cae sobre el infernal asfalto,
arrancando a esa tierra mojada,
un aroma delicioso.

La calurosa noche de verano
escucha un lejano bluss,
mientras espera una brizna de aire.

Un mugriento ordenador
su teclado sigue enmudecido.
Una botella a medias de Bourbón
un cigarro entre los dedos
amarillean contaminados.
Se trata de un soñador abocado 
al fracaso de sus sueños 
como nos sucede a tantos...
uno  angel perdido sin alas
y es que volar es para los pajaros .

Hazme un favor





azme un favor cariño...persigueme por el mundo, escóndete detrás de mi timidez y salta sobre mis labios cuando yo pase.

camuflate en mi corazón y dame un buen pellizco cuando me despiste de tu hermoso amor por mi.

Metete bajo mi cama y cuando me veas perder el tiempo en dormir sin ti,sal de debajo,metete en mis sabanas y dulcemente meteme dentro de tu cuerpo que tanto me subleva.

Hazme un favor hermosa niña mia,no te dejes contagiar de mis malos ratos,ignorame un ratito,pero solo un rato,que este pobre loco que te ama, rápido te añorara.

Hazme un favor mi amada,mientras dure tu amor,y mejor si no se acaba, quédate cerca mio a mi alma encadenada.


Autor: Juan Luna

2 de octubre de 2011

Querida Ana

Querida Ana:
Hace unos minutos me emocioné con tu correo y dejé en libertad esas lágrimas que de vez en cuando me vienen bien. Pensé en ti como si recorriera las páginas de un albúm de fotos. Ahora Ana con tres años, con siete, con quince. Ana que ríe y llora, Ana que hace planes, que sueña, Ana desorientada, Ana mirando al mundo a través de su pensamiento, metiéndose dentro de él, envolviéndose con todos los misterios que no se pueden descifrar, con los códigos encriptados de la vida.
Las dificultades te dan la sabiduría necesaria no solo para resolverlas, sino y sobre todo, para demostrarnos que los retos personales nos hacen grandes. Tómate tu tiempo, pero espero que sepas administrarlo para reflexionar sobre ti misma, sobre tus posibilidades, sobre lo que te necesitamos la gente que te queremos, y sobre todo para tomar conciencia de lo mucho que te queda por disfrutar, soñar, aprender, comprender, y compartir. La vida es pura contradición, pero qué quieres que te diga, me gusta también por eso.
Lola

28 de septiembre de 2011

Mañana puede ser muy tarde

Por qué el silencio..??
Mañana puede ser muy tarde...
Para decir que amas, para decir que perdonas,
para decir que disculpas,
para decir que quieres intentar nuevamente...
Mañana puede ser muy tarde...
... Para pedir perdón, para decir:
¡Discúlpame, el error fue mío...!
Tu amor, mañana, puede ser inútil;
Tu perdón, mañana, puede no ser preciso;
Tu regreso, mañana, puede que no sea esperado;
Tu carta, mañana, puede no ser leída;
Tu cariño, mañana, puede no ser más necesario;
Tu abrazo, mañana, puede no encontrar otros brazos...
Porque mañana puede ser muy, muy tarde!
No dejes para mañana para decir:
¡Te amo!
¡Te extraño!, ¡Perdóname!, ¡Discúlpame!
¡Esta flor es para ti!, ¡Te encuentras muy bien!
No dejes para mañana
Tu sonrisa, Tu abrazo, Tu cariño, Tu trabajo,
Tu sueño, Tu ayuda...
No dejes para mañana para preguntar:
¿Puedo ayudarte?
¿Por qué estás triste?
¿Qué te pasa?
¡Oye!...ven aquí, vamos conversar.
¿Dónde está tu sonrisa?
¿Aún me das la oportunidad?
¿Percibiste que existo?
¿Por qué no empezamos nuevamente?
Estoy contigo. ¿Sabes que puedes contar conmigo?
¿Dónde están tus sueños?
Recuerda: ¡Mañana puede ser tarde...muy tarde!
¡Busca!, ¡Pide!, ¡Insiste!, ¡Intenta una vez más!
¡Solamente el "hoy" es definitivo!
¡Mañana puede ser tarde...muy tarde!
 
Autor : Juan Luna 

27 de septiembre de 2011

Despierto con los últimos pájaros de la noche


Despierto con los últimos pájaros de la noche
aleteando sobre el borde oscuro de mi vientre.
La luna es apenas una sonrisa en el cielo
y como hilachas cuelgan, irracionales,
los vestigios de un mundo enajenado.
Cae la última estrella;
el cielo se parte en dos.
Una serpiente deja su último vestido
para morir de cara al sol.
Todo parece ser parte de un final
que se anunciaba en ti desde hace tiempo,
ahora aquí se encuentra, dolorosamente pétreo.
Mientras a lo lejos sigo escuchando tu silencio
repitiéndose una y otra vez como si tratase de un eco .

24 de septiembre de 2011

Su obra en mi cuerpo



Conversábamos desnudos sobre los grandes almohadones. Sus manos acariciaban mis pechos y sus dedos se entretenían en ir dibujando  círculos invisibles alrededor de las rosadas aureolas de mis pezones …

Hacía  tiempo que él había  tratado  de convencerme para que posase  para uno de sus cuadros. Creí que se trataba de una broma, pero ante su insistencia comprendí que dicha   proposición iba completamente en serio. Rehúse  hacerlo mi pudor no me lo permitía. Acabé respondiéndole  que me lo pensaría. Posar desnuda como sus otras modelos, no era algo que me apeteciese, mi cuerpo ya tendía a descolgarse por la edad. Me  dediqué  a mirarme desnuda ante el espejo de mi dormitorio una y otra vez, viéndome en ese receptáculo de cristal una vez mejor que otras.  
Pero acabe haciéndolo, me costó mucho dar ese paso, pero lo conseguí. Cuando se lo dije, apenas pude mirarle y él que me conocía  desde hacía tiempo, sabía lo mucho que me estaba costando acceder a su petición. Intentó restarle importancia al tema  y con la ayuda de varios bit bíters   y en un tono jocoso dimos el tema por zanjado por el momento.
Llegado el dia de ese posado que me tenía tan alterada.   Me indicaste sin siquiera mirarme,  que una vez me hubiera deshecho de la ropa tras el biombo, me fuese a tumbar sobre los almohadones y el futón chino. Como un autómata, hice todo lo que me había dicho. Tarde  en desnudarme. Me costó terriblemente  salir de detrás de aquel parapeto de madera mostrando mi desnudez ajada. Es cierto que en ningún momento él me recrimino mi tardanza. Sentí  que me echaba fuego la cara. Me imaginé  el sonrojo de mi  rostro en comparación a la tonalidad nívea del resto de mi cuerpo. Con  una de sus sonrisas entre picara y malévola  me dijo que estaba preciosa y a continuación me rogó que intentara relajarme. Las manos no dejaron de moverse intentando tapar  algo imposible de tapar de mi cuerpo, ante la sonrisa de él . Lo que me hacía sentirme  ridícula. Cualquier  jovencita lo hubiese hecho con el desenfado y naturalidad al que suelen estar  acostumbradas. Mientras pensaba en eso, él se me había acercado sin que yo lo  hubiese advertido.  Me tomó de una de las manos y me llevó hasta el futón y los almohadones  de colores para hacerme tumbar sobre el.

Sus  manos fueron paseándose por mis hombros, mis pechos, mis caderas con toda naturalidad.  Buscaba  luces y sombras. Intenté ocultar mi turbación, algo que me temo no fue posible, pues su cercanía me tenía muy alterada. Mi piel temblaba bajo cualquier de sus contactos. Preferimos no mirarnos. Una vez que me había conseguido  situar mas o menos como era su deseo , se  puso en pie con una gran agilidad y se dirigió  con su caminar característico cargado de decisión hasta un mueble medio roto que se encontraba en una de las esquinas del estudio, sacando de el una botella de vino tinto y dos copas polvorientas , que tuvo la delicadeza de limpiar con uno de los trapos con rastros de pinturas multicolor , lo que me hizo reír , dejándolo asombrado por no saber que había motivado esa risa.
Tomamos varias copas de vino, conversamos de nimiedades. Se puso sus lentes  y se  apoyó sobre un taburete  para ir  tomando apuntes  y más apuntes sobre un bloc,  unos validos y otros que acababan  rotos entre maldiciones.
No estaba acostumbrada a beber alcohol y el  vino había comenzado  a recorrer mis venas, alejando de mi mente el pudor.  Mientras  él manchaba el lienzo con trazos enérgicos,  mi imaginación ya un tanto enfebrecida le despojó de aquella camisa de cuadros medio rota y  manchada, ofreciéndome un pecho desnudo con restos de la hermosura de la juventud. Su piel tostada y su  vello  me atraía, me incitaban a recorrerlo, besarlo acariciarlo... volví a reír ante dichas imágenes y el  cosquilleo tan  agradable que estaba sintiendo entre los muslos. Apure de un trago el  resto del vino que quedaba en mi copa y volví a sentir como me ruborizaba al ver que él me había estado observando de reojo. Mi agitación se fue acrecentando por momentos.  Me preguntó si deseaba descansar, cambiar de posición, cosa que le agradecí inmensamente.

Volvió a llenar mí copa desoyendo mis negativas. Por unos instantes quedamos uno enfrente al otro. Con uno de sus dedos retiro un mechón de cabello de mi rostro. Nunca me había mirado como lo estaba haciendo en ese instante. Se inclinó sobre mí, besando ligeramente uno a uno mis pezones, lo que dificultó mi  respiración. Esos primeros besos estuvieron revestidos  por una calma que no llegó a durar mucho, dándole paso a la impaciencia del deseo. Sus  manos, sus dedos manchados de óleo y  olor a trementina se perdieron entre mi abundante cabello rizado atrayéndome con fuerza. Se fue produciendo una transfiguración en su rostro, que me asusto y me excito a la vez.

Sobre aquel montón de almohadones,   separó mis piernas sin brusquedad y acercando su rostro hasta ese punto empezó  a lamerme, a sorberme y a mordisquear mi clítoris. Mis manos se aferraron a su  cabeza, apretando su rostro contra mi pelvis. Aquello estaba enloqueciéndome, arrancándome fuertes gemidos. Lo  deseaba. Me incline hacia a él  para quitarte la camisa manchada de pintura, luché con aquella hebilla del cinturón que se resistía ante mi nerviosismo. Una vez desnudo, Besaste mis ojos, mis labios, introduciendo tu lengua en esa cavidad húmeda y entrelazándose a mi lengua. Nuestros cuerpos se fueron sintiendo el uno al otro. Mis pechos parecían estar echando  fuego. Nuestras respiraciones ahora eran roncas. Te pusiste de rodillas sobre mi cintura. Apresé tu miembro entre mis manos y lo acaricié, sintiendo como la sangre borboteaba bajo aquella piel tan sensible, lo frote una y otra vez, lo lubrifique con abundante saliva, lo que hizo que se me escapase de entre las manos una y otra vez. Acerqué mis labios hasta su  prepucio que roce con ellos, mientras tu esperabas con impaciencia que me la introdujese en la boca, una vez lo hice, tu espalda se arqueo victima del placer que estabas sintiendo. Gimió de nuevo  y se mordisqueo los labios. Mi desinhibición  estaba culminando. Nunca creí poder llegar a realizar aquello.  Levanté su  miembro para jugar con tus testículos, lamiéndolos, mordisqueándolos, traviesamente, metiéndolos por entero dentro de mi boca, lo que te hizo que su cuerpo se convulsionara repetidas veces. Ahora el olor a trementina y a pintura se confundía con la del aroma a sexo que destilaban nuestros cuerpos. Sumidos en el vértigo del deseo. Se levantó  como por efecto de un resorte y dirigiéndose  hasta tu mesa de trabajo, recogió unas cosas, regresando de nuevo conmigo. Advertí que en tus manos llevabas tubos de pinturas. Mi mirada curiosa y expectante siguió cada uno de tus movimientos. Echaste un poco de cada uno de aquellos tubos sobre distintas partes de mi cuerpo, sentí como aquella cremosidad tan fría había conseguido excitarme más. Tus dedos como si fueran pinceles arrastraron tras de si aquellos colores, que irían recubriendo mi piel con dibujos delirantes. Mi vientre se convirtió en segundos en algo parecido a un lago verde esmeralda, mis pechos brotarían bajo tonalidades calidas y enervantes como bocas llameantes. La entrada de mi sexo se transformó en una enorme boca de labios incitantes. Una vez terminaste con aquella forma tan singular de provocarme, me miraste a los ojos y bajando esa mirada hasta mi coño en forma de boca, pusiste ante ella tu enorme y exultante miembro, su roja cabeza besó aquellos labios tras los que se escondía la entrada a ese lugar en el que el fuego seria aplacado por la humedad de los jugos de su sexo. Arrastrando tras la transpiración de tu piel parte de tu obra pictórica. Entraste una y otra vez en esa oquedad, embistiéndome incansablemente, arrancándome gritos confusos entre el dolor o el placer más intenso. Enajenada me provocaba a mi misma, estrujando con las manos mis pechos, con excitados pellizcos a mis pezones, arrancándoles el color carmesí que él les habías prestado. Cuando supo que ibas a correrse, aferró  con fuerza mis nalgas dominadoramente, arremetiendo ésta vez con mucha más fuerza, hasta que sus testículos se clavaron reiteradamente en mi coño, produciendo un singular sonido. Por fin te derramaste salvajemente en mis entrañas, surgiendo de tu garganta una especie de alarido triunfante. Yo con las uñas aún clavadas en tu espalda, disfrutaba del fluir de aquel líquido caliente que salía de esa oscuridad para deslizarse por mis muslos.

Exangües y jadeantes quedamos sobre aquellos revueltos almohadones, el uno en brazos del otro, sin que su miembro hubiera salido de mis adentros. Así esperamos a la normalización de nuestros cuerpos. Nunca imagine cuando me pediste que posara para ti, que me vería inmersa en algo parecido. Una vez salio de mí, pasamos un tiempo mirando el techo en silencio. Conversábamos desnudos sobre los grandes almohadones. Sus manos acariciaban mis pechos y sus dedos se entretenían en ir dibujando  círculos invisibles alrededor de las rosadas aureolas de mis pezones …

Hacía  tiempo que él había  tratado  de convencerme para que posase  para uno de sus cuadros. Creí que se trataba de una broma, pero ante su insistencia comprendí que dicha   proposición iba completamente en serio. Rehúse  hacerlo mi pudor no me lo permitía. Acabé respondiéndole  que me lo pensaría. Posar desnuda como sus otras modelos, no era algo que me apeteciese, mi cuerpo ya tendía a descolgarse por la edad. Me  dediqué  a mirarme desnuda ante el espejo de mi dormitorio una y otra vez, viéndome en ese receptáculo de cristal una vez mejor que otras. 
Pero acabe haciéndolo, me costó mucho dar ese paso, pero lo conseguí. Cuando se lo dije, apenas pude mirarle y él que me conocía  desde hacía tiempo, sabía lo mucho que me estaba costando acceder a su petición. Intentó restarle importancia al tema  y con la ayuda de varios bit bíters   y en un tono jocoso dimos el tema por zanjado por el momento.
Llegado el dia de ese posado que me tenía tan alterada.   Me indicaste sin siquiera mirarme,  que una vez me hubiera deshecho de la ropa tras el biombo, me fuese a tumbar sobre los almohadones y el futón chino. Como un autómata, hice todo lo que me había dicho. Tarde  en desnudarme. Me costó terriblemente  salir de detrás de aquel parapeto de madera mostrando mi desnudez ajada. Es cierto que en ningún momento él me recrimino mi tardanza. Sentí  que me echaba fuego la cara. Me imaginé  el sonrojo de mi  rostro en comparación a la tonalidad nívea del resto de mi cuerpo. Con  una de sus sonrisas entre picara y malévola  me dijo que estaba preciosa y a continuación me rogó que intentara relajarme. Las manos no dejaron de moverse intentando tapar  algo imposible de tapar de mi cuerpo, ante la sonrisa de él . Lo que me hacía sentirme  ridícula. Cualquier  jovencita lo hubiese hecho con el desenfado y naturalidad al que suelen estar  acostumbradas. Mientras pensaba en eso, él se me había acercado sin que yo lo  hubiese advertido.  Me tomó de una de las manos y me llevó hasta el futón y los almohadones  de colores para hacerme tumbar sobre el.

Sus  manos fueron paseándose por mis hombros, mis pechos, mis caderas con toda naturalidad.  Buscaba  luces y sombras. Intenté ocultar mi turbación, algo que me temo no fue posible, pues su cercanía me tenía muy alterada. Mi piel temblaba bajo cualquier de sus contactos. Preferimos no mirarnos. Una vez que me había conseguido  situar mas o menos como era su deseo , se  puso en pie con una gran agilidad y se dirigió  con su caminar característico cargado de decisión hasta un mueble medio roto que se encontraba en una de las esquinas del estudio, sacando de el una botella de vino tinto y dos copas polvorientas , que tuvo la delicadeza de limpiar con uno de los trapos con rastros de pinturas multicolor , lo que me hizo reír , dejándolo asombrado por no saber que había motivado esa risa.
Tomamos varias copas de vino, conversamos de nimiedades. Se puso sus lentes  y se  apoyó sobre un taburete  para ir  tomando apuntes  y más apuntes sobre un bloc,  unos validos y otros que acababan  rotos entre maldiciones.
No estaba acostumbrada a beber alcohol y el  vino había comenzado  a recorrer mis venas, alejando de mi mente el pudor.  Mientras  él manchaba el lienzo con trazos enérgicos,  mi imaginación ya un tanto enfebrecida le despojó de aquella camisa de cuadros medio rota y  manchada, ofreciéndome un pecho desnudo con restos de la hermosura de la juventud. Su piel tostada y su  vello  me atraía, me incitaban a recorrerlo, besarlo acariciarlo... volví a reír ante dichas imágenes y el  cosquilleo tan  agradable que estaba sintiendo entre los muslos. Apure de un trago el  resto del vino que quedaba en mi copa y volví a sentir como me ruborizaba al ver que él me había estado observando de reojo. Mi agitación se fue acrecentando por momentos.  Me preguntó si deseaba descansar, cambiar de posición, cosa que le agradecí inmensamente.

Volvió a llenar mí copa desoyendo mis negativas. Por unos instantes quedamos uno enfrente al otro. Con uno de sus dedos retiro un mechón de cabello de mi rostro. Nunca me había mirado como lo estaba haciendo en ese instante. Se inclinó sobre mí, besando ligeramente uno a uno mis pezones, lo que dificultó mi  respiración. Esos primeros besos estuvieron revestidos  por una calma que no llegó a durar mucho, dándole paso a la impaciencia del deseo. Sus  manos, sus dedos manchados de óleo y  olor a trementina se perdieron entre mi abundante cabello rizado atrayéndome con fuerza. Se fue produciendo una transfiguración en su rostro, que me asusto y me excito a la vez.

Sobre aquel montón de almohadones,   separó mis piernas sin brusquedad y acercando su rostro hasta ese punto empezó  a lamerme, a sorberme y a mordisquear mi clítoris. Mis manos se aferraron a su  cabeza, apretando su rostro contra mi pelvis. Aquello estaba enloqueciéndome, arrancándome fuertes gemidos. Lo  deseaba. Me incline hacia a él  para quitarte la camisa manchada de pintura, luché con aquella hebilla del cinturón que se resistía ante mi nerviosismo. Una vez desnudo, Besaste mis ojos, mis labios, introduciendo tu lengua en esa cavidad húmeda y entrelazándose a mi lengua. Nuestros cuerpos se fueron sintiendo el uno al otro. Mis pechos parecían estar echando  fuego. Nuestras respiraciones ahora eran roncas. Te pusiste de rodillas sobre mi cintura. Apresé tu miembro entre mis manos y lo acaricié, sintiendo como la sangre borboteaba bajo aquella piel tan sensible, lo frote una y otra vez, lo lubrifique con abundante saliva, lo que hizo que se me escapase de entre las manos una y otra vez. Acerqué mis labios hasta su  prepucio que roce con ellos, mientras tu esperabas con impaciencia que me la introdujese en la boca, una vez lo hice, tu espalda se arqueo victima del placer que estabas sintiendo. Gimió de nuevo  y se mordisqueo los labios. Mi desinhibición  estaba culminando. Nunca creí poder llegar a realizar aquello.  Levanté su  miembro para jugar con tus testículos, lamiéndolos, mordisqueándolos, traviesamente, metiéndolos por entero dentro de mi boca, lo que te hizo que su cuerpo se convulsionara repetidas veces. Ahora el olor a trementina y a pintura se confundía con la del aroma a sexo que destilaban nuestros cuerpos. Sumidos en el vértigo del deseo. Se levantó  como por efecto de un resorte y dirigiéndose  hasta tu mesa de trabajo, recogió unas cosas, regresando de nuevo conmigo. Advertí que en tus manos llevabas tubos de pinturas. Mi mirada curiosa y expectante siguió cada uno de tus movimientos. Echaste un poco de cada uno de aquellos tubos sobre distintas partes de mi cuerpo, sentí como aquella cremosidad tan fría había conseguido excitarme más. Tus dedos como si fueran pinceles arrastraron tras de si aquellos colores, que irían recubriendo mi piel con dibujos delirantes. Mi vientre se convirtió en segundos en algo parecido a un lago verde esmeralda, mis pechos brotarían bajo tonalidades calidas y enervantes como bocas llameantes. La entrada de mi sexo se transformó en una enorme boca de labios incitantes. Una vez terminaste con aquella forma tan singular de provocarme, me miraste a los ojos y bajando esa mirada hasta mi coño en forma de boca, pusiste ante ella tu enorme y exultante miembro, su roja cabeza besó aquellos labios tras los que se escondía la entrada a ese lugar en el que el fuego seria aplacado por la humedad de los jugos de su sexo. Arrastrando tras la transpiración de tu piel parte de tu obra pictórica. Entraste una y otra vez en esa oquedad, embistiéndome incansablemente, arrancándome gritos confusos entre el dolor o el placer más intenso. Enajenada me provocaba a mi misma, estrujando con las manos mis pechos, con excitados pellizcos a mis pezones, arrancándoles el color carmesí que él les habías prestado. Cuando supo que iba a correrse, aferró  con fuerza mis nalgas dominadoramente, arremetiendo ésta vez con mucha más fuerza, hasta que sus testículos se clavaron reiteradamente en mi coño, produciendo un singular sonido. Por fin te derramaste salvajemente en mis entrañas, surgiendo de tu garganta una especie de alarido triunfante. Yo con las uñas aún clavadas en su espalda, disfrutaba del fluir de ese líquido caliente que salía de esa oscuridad para deslizarse por mis muslos.

Exangües y jadeantes quedamos sobre aquellos revueltos almohadones, el uno en brazos del otro, sin que su miembro hubiera salido de mis adentros. Así esperamos a la normalización de nuestros cuerpos. Nunca imagine cuando me pediste que posara para ti, que me vería inmersa en algo parecido. Una vez salio de mí, pasamos un tiempo mirando el techo en silencio, hasta que los dos rompimos ese silencio con nuestras risas. Volvimos a ser quiénes éramos. Con el tiempo  los orgasmos se me olvidaron, sus caricias y besos aun los recuerdo.


20 de septiembre de 2011

Con uno de mis dedos


Con uno de mis dedos, rozo tus labios,

dibujar tu boca intento.

Cerrando los ojos te pienso

siguiendo la línea con mi dedo,

con el pensamiento te palpo.

En tu rostro se dibuja una sonrisa,

que por azar  es la que busco.

La libertad entre mis dedos

crea pinceladas de luces,

hago nacer los ojos que deseo.

Siguiendo los pasos ciegos

sobre tu piel de lienzo ,

se derraman colores de deseo,

entre caricias disuelto.

Me miras, de cerca me miras,

pero yo no te veo, solo te siento

con el pincel de mis dedos

jugamos tan solo a tocarnos.

Nos miramos cada vez más de cerca

yo, siempre con los ojos cerrados.

Superponiéndose  sensaciones,

de colores inciertos

en respiraciones agitadas,

se confunden nuestros cuerpos.

Nuestras bocas se reencuentran

mordiéndose con los labios,

sabores de deseo degustamos

perfumes de amores viejos,

jugando en sus recintos.

El silencio limpia nuestras frentes,

sudorosas de trementina y óleo.

Entonces mis manos buscan

hundirse en tu enmarañado cabello  ,

mientras nos besamos

siembro con mi boca llena de flores

los colores y su fragancia.

Nos mordemos, el dolor es dulce,

arrebolándose, nuestros rostros

con una muerte  bella e instantánea.

Te siento temblar contra mí

dejando los jadeos silenciados

quedando nuestros cuerpos

como la luna descansa sobre el agua.

Como un buen amante


Como un buen amante
dejaste sobre mis labios
el rastro del dulce y el amargo.
Cubriste de intimidad mí boca
fecundándose un imposible,
con la brevedad que deja la rosa negra
al anunciarse la mañana.

19 de septiembre de 2011

Trazos envolventes


e encontraba disfrutando de mí día libre. Las pinturas expuestas en el escaparate de una tienda de arte había llamado mí atención. Tras uno segundos o tal vez minutos de contemplación de esos lienzos, advertí que el reflejo de un hombre en el cristal de ese escaparate, me estaba observando. Se trataba de un hombre de mediana edad, cabello y barbas canosa casi blancas y gafas con montura metalizada. Era de esas personas que resultan agradables a la vista. Me pareció raro que un hombre así me estuviera mirando. No parecía de ese tipo de hombres que se dedican a mirar a las chicas. Seguí disfrutando de las pinturas, cuando tras de mí escuché un carraspeo nervioso. Giré mí rostro encontrándome con una sonrisa en el rostro de él. Tras disculparse por su atrevimiento, intento explicarme el motivo de que hubiera estado observándome. Era pintor y necesitaba ayuda para llevar a cabo un experimento. No podía salir de mí estupor. No me veía posando y se lo dije, pero el me tranquilizo, haciéndome saber que no tendría que posar. Me dijo que había comprobado que me gusta la pintura, por la forma en la que había estado mirando esas pinturas y el tiempo que había dedicado a ello. No sé que debió pasarme, tan solo sé que me escuché a mí misma accediendo a su petición. Los dos intercambiamos sendas sonrisas y nos fuimos a su casa dando un agradable paseo, hablando de intrascendencias.
Vivía en una bonita casa, decorada con mucho gusto. Me pidió que me pusiera cómoda y me ofreció tomar algo. Un café fue lo único que acerté a pedirle. Mientras esperaba ese café, estuve preguntándome que seria lo que tendría que hacer. Tranquilizadoramente recordé que no tendría que posar. Mis pensamientos se vieron interrumpidos por la llegada de él. Todavía me quedaban alguna que otra sorpresa. Me quedé pasmada al verlo aparecer sin ropa alguna y con una taza de café que puso en mis manos. Su comportamiento fue tan natural, que esa falta de ropa no resultaba en absoluto una provocación.
Deambulo de aquí para allá, preparando lo que iba a necesitar. Hice todo lo posible por comportarme con la misma naturalidad que él. Intenté no mirar su desnudez. Una vez termino con los preparativos de diferentes pinturas, intento explicarme en que consistía el trabajo. Volví a advertirle de que no tenía ni la más remota idea de pintura, que tan solo me gustaba disfrutar del arte.
_ No busco a un pintor o pintora. Solo quiero que te dejes llevar, que expreses sobre mí piel todo lo que sientas en un momento dado. Tranquila, relájate y déjate llevar y veras el resultado... _me dijo en un tono tranquilizador con un gesto de innegable ternura. Ahí tienes las pinturas. Busqué en sus ojos un destello que me indicara que debiera tener cuidado. Pero no vi nada más que una mirada relajada y una sonrisa. Necesitaba apartar de mí esa opresión en la boca del estomago. Mí boca se encontraba pegajosa por el espeso sabor a café. Me hubiera gustado salir corriendo. Respire hondo repetidas veces. Me esforcé por encontrar un gesto que le restase importancia al hecho de estar allí con un desconocido que se encontraba completamente desnudo.
Era asombrosa la imperturbabilidad de aquel hombre.
El olor... ese olor a pinturas y trementina que lo invadía todo, me fue subiendo por la nariz. Su cuerpo dejo de ser para mí una visión ciertamente racional. Contaminada de la magia que comenzó a flotar en el ambiente.
La luz era muy tenue.la iluminación ideal para hacer resaltar su piel.
Introduje mis dedos en diferentes botes de pintura y los fui envolviendo sobre su piel, haciendo la mezcla de colores. Con movimientos hipnóticos fui trazando líneas, círculos y símbolos sin ningún significado. Arrastre mis dedos, los utilice como espátula. Sembré a mí paso espirales y lentos remolinos.
Sentí bajo las yemas de mis dedos, cómo iba consiguiendo borrar de su cuerpo esa impasibilidad. Sentí como palpitaban sus venas. Como zozobraba a mí paso. Seguí sin atreverme a levantar mi rostro, seguí temiendo encontrarme con su mirada. Su pecho, era ahora como un bosque repleto de ocres, que me acunaba y me envolvía. Todos sus músculos se habían ido tensando a mí paso. Había bajado sin separar las manos de su piel a la parte superior de sus muslos. Mis retinas se habían visto asaltadas por imágenes sugerentes.
Todo se había vuelto cómplice. Había ido desapareciendo la tranquilidad que nos rodeaba. Una tosecita nerviosa escapó de él.
Era el momento de tomar aire y también un poco más de pintura.
Fui sorprendiéndome a medida que recorría su pelvis de cómo había cambiado de tamaño su miembro. Fui consciente entonces de la humedad entre mis muslos. Entrecerré los ojos, no quería pensar…
Levante mí rostro y lo miré... perdiéndome en su mirada.
No dijo nada, solo me miró sonriéndome.
Había cruzado el límite eso lo tenia claro y ya no podía retroceder, tampoco lo deseaba.

La luz del sol bailaba a lo largo de su pene erecto, revelando cada vena, cada gradación de color, cada rizo de su vello, cada fragmento de su piel oscurecida.
Me coloque de rodillas entre sus piernas... agache la cabeza, apartando de mí rostro los desordenados mechones de pelo y cogi con las manos impregnadas de ocre y verde su miembro, acariciándolo, dejando rastros de ese trabajo. Un temblor le recorrió los músculos bajo la piel. Sintonizándose sus cinco sentidos con el pulso que latía en su cuerpo. Despacio, cuidadosamente, roce el glande palpitante con mis labios. Su carne dio una sacudida. Mí lengua se deslizó por aquella finísima textura. Rodeando esa cabeza brillante y rojiza, deslizándose por esa columna salteada de venas. Besé la punta aterciopelada de su bitte, una bella palabra francesa que recordé. Noté como se tensaba. No se si imaginé que ese hombre me pedía suplicante.
—N'arréte pas! _ o si en realidad me pidió aquello.
Sus manos se aferraron a mi pelo mientras sus gemidos fueron llenando la habitación.... entonces me la metí completa en la boca y empecé a chuparla. Sus manos marcaban el ritmo en mi cabeza.... cada vez más rápido.... podía sentirle duro, hinchado dentro de mi boca....mi boca continuó el ritmo marcado antes por él hasta que sus manos aferradas a mi pelo me indicaron que ya venía...no quise perderme ni una gota de él .... Me tragué toda su “sauce. blanc. Came” cómo llaman los franceses a esa tibia leche, mientras la habitación se quedaba con sus gemidos....
Cuando logre recuperarme, coloque mí cabello y mí ropa en su sitio. Podía escuchar a mi corazón rebotando contra el pecho. Respire hondo alzando la cabeza, tratando de quitarme el sudor que recorría mi frente. Mire la sonrisita que colgaba de sus labios.
Fui azotada por un huracán de pensamientos que reprochaban mi conducta. Estaba loca sin lugar a dudas. Luego de un rato largo de silencio Le pregunté aún balbuceante.
__ ¿Ya está todo? ¿Hemos terminado?
Me respondió en un susurro ronco buscando toda la naturalidad posible.__ Si. ¿Te gusta lo que has hecho? Es tu obra.
__Si, claro._ logre responderle.
__ ¿Has disfrutado?
__ Si, mucho._ supe con certeza que deseaba estar con ese hombre, era de lo único que en ese momento estaba completamente segura. Necesitaba que fuera él quién ahora
me tocara, acariciara
__ Me alegro. Cómo dijo no se quién, la vida ha de ser una colección de momentos, sin dudas debía referirse a momentos cómo estos.
. Le pedí que me dejara quitarle toda esa pintura. Lo hice lentamente. Lo hice con suavidad. Pude ver en su rostro una expresión realmente dulce. Una vez borre la mayor parte de todos aquellos trazos, con su ayuda me quite la ropa. Tomó mis manos y las beso, sin romper su mutismo. Mi espalda se perló de sudor. Me llevó hasta una pequeña cama. Delineé mis labios, repentinamente resecos, con mi lengua. Cerró sus ojos y, mientras agitaba lentamente la lengua dentro de mí boca cogió mis manos. Conectadas, levemente estrechadas,.. Una agradable y excitante sensación recorrió todo mí cuerpo al sentir cómo sus labios abarcaban uno de mis pezones y lo acariciaba con su lengua. Acarició mis pechos, los recorrió con su lengua y lo mismo hizo en mí ombligo. Gemí intermitentemente. Separo suavemente mis muslos y beso una a una las caras interiores que ya estaban húmedas. Pude advertir el silencio que respirábamos. Acercó su rostro hasta mí sexo y lo lamió una y otra vez, hasta hacer que mis labios vaginales se abrieran y así poder acariciar y succionar mí clítoris. Me sumergí en un maregmanun de sensaciones. Todos mis músculos se tensaron y mis gemidos recorrieron la habitación. Sus manos se posaron sobre mis nalgas, presionándolas contra su ingle para que pudiera sentir la dureza de su miembro. Se colocó entre mis muslos y su sonrojado glande buscó la abertura de mí vagina, acariciándola, penetrando en su interior poco a poco, con cuidado. Mis caderas se movieron con un espasmo al sentir su entrada hasta el fondo. Su miembro palpitaba contra el cuello del útero, con una presión caliente y brusca. No había espacio para recuperar