8 de abril de 2010

Un día, un cuento, ajeno a la mano que lo escribió


"Hay una historia que no está en la historia y que solo se puede rescatar aguzando el oído y escuchando los susurros de las mujeres”



n día, un cuento, ajeno a la mano que lo escribió o pudiera haberlo escrito, cambió el final de su propia historia. Ese comienzo me gustaba, pero sentía que no había salido de mí, que había resurgido misteriosamente de no se sabe dónde. Pensé , si vuelvo a cerrar los ojos y a dejar que las horas transcurran, de forma que un día dé paso a otro día , tal vez vuelva a ocurrir algo parecido…, puede ser que mi mente encuentre una historia que cambiar, los cambios a veces son necesarios. Podría encontrar una pareja la que tras creerse unidos por un vínculo invisible, el tiempo y la distancia se hubieran unido para confabularse para que todo eso fuera completamente diferente.

Que la chica no fuera a esa estación de tren, en la que iba a reencontrarse con su novio, que venía de una guerra cargado con un triunfo demasiado pesado. Ese hombre que acabaría ignorado por toda esa gente por la que se suponía había matado. Esa gente que se cruzaría en su vida cargada de una misma rutina.
Podría ser que aquella joven ya no lo fuera tanto como cuando él se marchó, el paso del tiempo es lo que tiene: nadie queda indemne. También podría haber sucedido que durante esa larga espera, se hubiera dedicado a pensar sobre muchas cosas.

No sé si esta historia podría tener algún interés si espero a que se resuelva por sí sola, de una forma casi mágica. Para ello podría sentarme frente a l ordenador y abrir el Word a la espera de esa idea que pudiera transformarla en una bonita historia. Podría dejar que pasen los segundos, minutos y hasta horas sin que la idea tan ansiada aflorase en mi mente. Pero podría seguir intentándolo revistiéndome de tenacidad, llegando a ser sorprendida un día con esto…,

Él, puede ser que desde la ventanilla de ese tren en el que un día se fue a la guerra, buscara con la mirada a esa muchacha que años atrás se despidiera con un beso entre toda aquella gente que esperaba en la estación. Rostro que en ese intervalo de tiempo y tras esa distancia, había regenerado embelleciéndolo más y mas. Podría ser, que ese rostro que buscaba entre toda aquella gente sin encontrarlo, le trajera a la memoria los rostros agonizantes de algunos de aquellos alemanes a los que tuvo que matar por estar viviendo una guerra que otros iniciaron. Un tiempo en el que tuvo que segar vidas de gente corriente como lo era él. Puede ser que no le emocionara la idea de contar a sus amigos o conocidos, sus triunfos por lo mucho que le dolían. Puede ser, que al no encontrar a esa novia de la que se despidió hace años en ese mismo lugar, no llegara a dolerle como era de esperar. Las cosas a veces no son como uno piensa que deberían ser.

Por otro lado la chica quizás en un momento dado, ella se diese cuenta de que no amaba a ese hombre que hacía años se había llevado una guerra. Motivo por el que un día, ella cogiera parte de su ajuar, ése que como Penélope a la espera de Ulises se dedicase a bordar, regalándoselo a una joven enamorada que esperaba con impaciencia en su matrimonio. De nada le serviría a ella ese cuantioso ajuar sin un marido. Su sueño e ilusión por casarse con aquel joven al que besó en la estación, la espera de tantos años se los había llevado. Un día esa muchacha ya no tan joven tal vez pudiera creer que aún estaba a tiempo de hacer piruetas en el aire, de volar.

Y así, el cuento, satisfecho con el resultado, podría llegar a ser renovado por cada lector el final de su propia historia.