18 de junio de 2010

UN CURIOSO VISITANTE

        ra un día de lluvia en el que apenas transitaba gente por la calle. Mi madre se encontraba tumbada en el sofá mientras veía una película. Yo mientras tanto, estaba intentando coser la ropa que mi abuela le había hecho a mi muñeca. Una hora después mire por la ventana con la esperanza de que hubiera dejado de llover, pero no, aun seguía diluviando. Deje de coser y le pregunté a mi mamá si me dejaba salir a dar una vuelta. Pero ella me respondió _Flora no puedes salir, a caso no ves la que esta cayendo_ Enfurruñada, le dije que __si__ dejando un pero en el aire. _ No hay peros que valgan ¿entendido? y ahora si tanto te estas aburriendo ponte a hacer los deberes._ no tengo o ¿no te acuerdas que ya los estuve haciendo ayer? __ Pues vete a hacer algo y déjame ver la película por favor._ Me fui cabreada a mi habitación. No pensaba hacerle caso. Abrí el armario y saque el chubasquero y las botas de agua y cuando estaba poniéndomelas, escuche detrás de mí un pequeño ruido, volviéndome en la dirección de donde había salido pude ver como la mecedora de mi abuela se estaba balanceando impulsada por un curioso personaje. Me frote los ojos porque no podía creer lo que acababa de ver; un pequeño duendecillo azul, que me recordó a los que se encontraban en mis libros de cuentos fantásticos. Solo un poco asustada, le pregunté:__ ¿Tú quién eres, de dónde has salido, cómo te llamas? Se me quedó mirando fijamente. en ese momento uno de los libros de la estantería calló al suelo, aumentando el susto que ya tenía. ocasionándome


         Me quedé mirando sorprendida el libro. No entendía como se había caído sin que lo tocaran. Sin salir de mi asombro, vi como de repente sus páginas fueron pasando una a una hasta detenerse en uno de sus dibujos. Representaba un bosque. El duende saltó de la mecedora colocándose a mi lado, lo que le hacia parecer más pequeño. Me explicó, que en ese lugar era donde él vivía. Una vez dijo aquello, me preguntó si yo pertenecía a la tierra de los gigantes. Pensé que ese duende estaba algo loco. ¿Cómo iba yo a pertenecer a ese país, que sólo existe en los cuentos? Le respondí un `poco molesta: _ ¿no ves que soy una niña real? vivo en la tierra, no soy un personaje fantástico como…. no llegué a terminar la frase, porque con su gesto me decía que no entendía nada, no quería molestarle. Al parecer no sabía la diferencia entre lo real y lo fantástico. Hizo una pirueta la mar de graciosa y me dijo: __ Al parecer me he equivocado de lugar: __Me pidió disculpas y sin más desapareció dejándome boquiabierta y un poco molesta, porque me hubiera gustado hacerle muchas más preguntas.
No podía creer lo que me había pasado. ¿A quien podría contarle aquello, que no pensara que me lo había inventado? ni siquiera a Elvira, también ella creería que era una fantasía de las mías. Parece que la estoy viendo, sonriéndome mientras me pregunta una y otra vez, si me estoy burlando de ella. No, no puedo contárselo.
Cuando iba a salir del dormitorio escuche un nuevo ruido, y allí patas arriba estaba de nuevo aquel personajillo. Su aterrizaje había sido algo brusco. Y yo no supe si la cosa era para reír o para asustarse, pero la realidad es que no pude evitar que se me escapara una sonora carcajada. Verme reír as, no le hizo ninguna gracia.



        De un salto se puso de pie y antes de hablarme, se aclaro la garganta con un carraspeo: _Hola de nuevo, he pensado que tal vez te gustaría acompañarme al país de los gigantes.__ Le respondí: __mi madre no me deja salir. Lo siento: __a lo que él me respondió: _ Vaya yo también lo siento te hubiera gustado ese lugar al que me han enviado.__ La verdad es que me atraía un montón la idea de salir de casa. Sería divertido y a la vez emocionante realizar juntos ese viaje. Con decisión, subí la cremallera del chubasquero y le dije al duendecillo: __Lo he pensado mejor y he decidido ir con contigo, pero tengo que volver pronto, no quiero que se preocupen en casa_ me miró un segundo y de repente se echó a reír, entonces tuve miedo de que lo hubiera oído mi madre y viniera a ver que estaba ocurría.
Él me dijo: __No temas, te prometo que volverás a tu casa a tiempo de que tu madre no se de cuenta de que has pasado la tarde fuera.
_ Las páginas del libro volvieron a pasar solas y se detuvieron justo en el lugar que íbamos a visitar. Me cogio la mano y me pidió que cerrase los ojos con fuerza, y de esa forma entramos juntos dentro libro. Yo que siempre me mareo cuando voy de viaje en el coche de mis padres, no llegué nada mareada. Hubiera sido terrible haberle vomitado encima al duende. Me preguntó: __ ¿Te apetecería ir de compras.__ Antes de que pudiera responderle: __Por cierto yo me llamo Asdrúbal y tú cómo te llamas?_ Yo Flora, y sí, me gustaría ir de compras, tengo una gran curiosidad por verlo todo__ Recordé el cuento de Gulliver en el país de los gigantes, lo que aumentó aún más mi curiosidad. Una vez allí estuvimos viendo ropa, juguetes, libros y también fuimos a una panadería. Todo lo que vimos era gigantesco.



         Teníamos que gritar muy fuerte para que pudieran oírnos, y una vez casi me aplasta una enorme bota de la que consiguió salvarme Asdrúbal tirando de uno de mis brazos.
Me acorde de los ratones y de las repugnantes cucarachas, por primera vez sentí pena por ellos. A pesar del susto lo pasé muy bien, sobre todo en la juguetería, dentro de una casa preciosa de madera para muñecas en la que no faltaba ni el más mínimo detalle, la que tuve que abandonar al recordarme Asdrúbal que ya iba siendo hora de marcharnos. También me dijo que debía informarle a su jefe que el mundo de los gigantes se encontraba en perfecta armonía.
Cogió de nuevo una de mis manos, volviéndome a recordar que debía cerrar los ojos con fuerza, de esa forma volvimos a encontrarnos en mi dormitorio. Nos despedimos como dos buenos amigos, le agradecí que me hubiera permitido disfrutar de aquella experiencia tan inolvidable, y él me prometió que algún día volvería, y con una amplia sonrisa Asdrúbal desapareció.
Todo parecía estar tranquilo. Me quité el chubasquero y las botas de agua para ponerme el pijama. Abrí la puerta con cuidado de no hacer ruido y fui hasta la sala de estar. Mi madre continuaba tumbada y curiosamente en la televisión seguía la misma película que cuando me marché a mi habitación muerta de aburrimiento.
Fue como si el tiempo se hubiera detenido, la promesa de Asdrúbal había sido cierta yo no podía salir de mi asombro. Mi madre se me quedó mirando y sonriendo me dijo: __ ¿Por qué no sales a jugar a la calle, ahora que ha dejado de llover?_ Le respondí: __Ya no me apetece salir, prefiero quedarme en mi habitación__ Ella me preguntó. __¿Te ocurre algo?__ a lo que yo dándole un beso le respondí __No , no me ocurre nada mamá.




Cuando llegué a mi cuarto comencé a escribir en uno de mis cuadernos, todo lo que me había ocurrido esa tarde, no deseaba que se me pudiera olvidar algún detalle importante de esa fantástica aventura. Jamás olvidare ese día, y aunque ha pasado mucho tiempo, cuando escucho un ruido en el dormitorio busco con la mirada la mecedora, esperando ver sentado en ella a mi amigo Asdrúbal.


_d@V_


Espero que algún día te llegue a ocurrir a ti algo parecido. No dejes de buscar tras esos ruidos que se encierran en tu dormitorio a uno de los muchísimos personajes que forman la fantasía. A pesar de lo que puedan creer las personas mayores de que esos seres que no existen, te aseguro que no es cierto. Tú cuando estés sola y tal vez aburrida cierra los ojos con fuerza, puede ser que cuando los abras tengas esperándote una sorpresa.

17 de junio de 2010

Otoño





oy el día amaneció grisáceo.Si uno guarda silencio y pone atención, puede llegar a escuchar a lo lejos el crepitar de las pisadas del otoño, esa estación del año que todo lo envuelve con esa melancolía, que cada vez me va fascinando más y más. Consigue impregnarlo todo con ella . Desde hace riempo me siento identificada con esa estación, quizas por qué creo encontrarme en el otoño de mí vida, esa fase que precede al invierno a la vejez y a ese final de todo. Me gustaria dar largos paseos sola, observando los árboles medio desnudos y sentir ese aroma reseco del la alfombra de sus hojas bajo los pies. Admirar esa gama de colores ocres, dorados, castaños, rojizos y verdes tierra como una sinfonia inacabada…. Esas hojas que hasta una leve brisa consigue arrancar de sus tambien resecas ramas y las arrastra, dejando sobre el alquitran del asfalto la calidez de sus colores.

Igual resulta cursi y hasta pedante, ésta forma de describir ese Otoño, puede que sea en realidad asi , pero me apetecia hacerlo , a sabiendas de que es algo poco novedoso y sobre lo que se ha escrito mucho.Este final inconcluso se sostiene entre las lineas de un pentagrma musical de un Blues cansado y sereno...

8 de abril de 2010

Un día, un cuento, ajeno a la mano que lo escribió


"Hay una historia que no está en la historia y que solo se puede rescatar aguzando el oído y escuchando los susurros de las mujeres”



n día, un cuento, ajeno a la mano que lo escribió o pudiera haberlo escrito, cambió el final de su propia historia. Ese comienzo me gustaba, pero sentía que no había salido de mí, que había resurgido misteriosamente de no se sabe dónde. Pensé , si vuelvo a cerrar los ojos y a dejar que las horas transcurran, de forma que un día dé paso a otro día , tal vez vuelva a ocurrir algo parecido…, puede ser que mi mente encuentre una historia que cambiar, los cambios a veces son necesarios. Podría encontrar una pareja la que tras creerse unidos por un vínculo invisible, el tiempo y la distancia se hubieran unido para confabularse para que todo eso fuera completamente diferente.

Que la chica no fuera a esa estación de tren, en la que iba a reencontrarse con su novio, que venía de una guerra cargado con un triunfo demasiado pesado. Ese hombre que acabaría ignorado por toda esa gente por la que se suponía había matado. Esa gente que se cruzaría en su vida cargada de una misma rutina.
Podría ser que aquella joven ya no lo fuera tanto como cuando él se marchó, el paso del tiempo es lo que tiene: nadie queda indemne. También podría haber sucedido que durante esa larga espera, se hubiera dedicado a pensar sobre muchas cosas.

No sé si esta historia podría tener algún interés si espero a que se resuelva por sí sola, de una forma casi mágica. Para ello podría sentarme frente a l ordenador y abrir el Word a la espera de esa idea que pudiera transformarla en una bonita historia. Podría dejar que pasen los segundos, minutos y hasta horas sin que la idea tan ansiada aflorase en mi mente. Pero podría seguir intentándolo revistiéndome de tenacidad, llegando a ser sorprendida un día con esto…,

Él, puede ser que desde la ventanilla de ese tren en el que un día se fue a la guerra, buscara con la mirada a esa muchacha que años atrás se despidiera con un beso entre toda aquella gente que esperaba en la estación. Rostro que en ese intervalo de tiempo y tras esa distancia, había regenerado embelleciéndolo más y mas. Podría ser, que ese rostro que buscaba entre toda aquella gente sin encontrarlo, le trajera a la memoria los rostros agonizantes de algunos de aquellos alemanes a los que tuvo que matar por estar viviendo una guerra que otros iniciaron. Un tiempo en el que tuvo que segar vidas de gente corriente como lo era él. Puede ser que no le emocionara la idea de contar a sus amigos o conocidos, sus triunfos por lo mucho que le dolían. Puede ser, que al no encontrar a esa novia de la que se despidió hace años en ese mismo lugar, no llegara a dolerle como era de esperar. Las cosas a veces no son como uno piensa que deberían ser.

Por otro lado la chica quizás en un momento dado, ella se diese cuenta de que no amaba a ese hombre que hacía años se había llevado una guerra. Motivo por el que un día, ella cogiera parte de su ajuar, ése que como Penélope a la espera de Ulises se dedicase a bordar, regalándoselo a una joven enamorada que esperaba con impaciencia en su matrimonio. De nada le serviría a ella ese cuantioso ajuar sin un marido. Su sueño e ilusión por casarse con aquel joven al que besó en la estación, la espera de tantos años se los había llevado. Un día esa muchacha ya no tan joven tal vez pudiera creer que aún estaba a tiempo de hacer piruetas en el aire, de volar.

Y así, el cuento, satisfecho con el resultado, podría llegar a ser renovado por cada lector el final de su propia historia.


1 de marzo de 2010

Deseo ser tu calma



Deseo ser tu calma
y en la noche el secreto
que nos envuelve en silencio.
Ser si lo quisieras
un poema rebosante de verbos,
con los que acariciarte.
Con los que besarte
y sino te asustara , amarte
en momentos como estos.
Si me dejaras, podría ser tu nada
y hasta tu todo.
Ser un pasajero silencioso
en ese tu trayecto...ser la luz del faro
que te guíe hasta mi puerto.
¡Sabes! desearía poseer la llave
que abriera tu corazón.
Ser un día la mujer de tus pecados,
pero nunca la de tus remordimientos.
Si pudiera, que no puedo
desearía ser todo eso
y mucho mas...
Pero tú ya elegiste otro destino,
otro puerto, seducido por su misterio
ese que yo no poseo.

23 de febrero de 2010

En el fluir de la noche


La noche fluye dulcemente de su mano,
el silencio se desliza en las calles.
a su espalda carga secretos, que ni la luz  puede desvelar.
 Hombres que van y vienen ,dejan sus huellas tras ellos.
Cicatrices de luz y sombras cruzan las calles.
La palabra AMOR sobre sus paredes,
entre pintadas desafiantes de clamorosos gritos inaudibles.
Pensamientos que se pierden por las aceras ,
 huellas de sedientos seres.
Sobre el cuerpo profundo de la noche,
mundos dejados atrás con resquicios de vidas
que nadie echa de menos.
Las aguas del río de las calles arrastran,
miradas, odios, miseria.
Puertas que se abren y se cierran
dejando un chirriante sonido escapar.
Un morir de idas y venidas,
hasta el renacer de un nuevo día en la calle nuevos
 sedientos seres. en ese nuevo latir de vida.

17 de enero de 2010

MÍ propio autorretrato




tra noche más me senté sobre la cama dispuesta a ir desnudándome, lo hice con la misma apatía con lo venia haciendo desde hacia tiempo. Con la inercia que suele esconder la rutina , esa que a todos consigue adormecer.
Miré con detenimiento a mí alrededor, todo se encontraba en el mismo lugar en el fue colocado hacia años, parecía como si se hubiera detenido el tiempo en ese dormitorio.
Mis ojos fueron a detenerse en el espejo del tocador heredado de mi abuela. Un receptáculo de cristal agrietado. Me vi en aquella especie de lienzo. Siempre huí de los espejos, me mostraban una realidad de la que deseaba huir. Sé que es ridículo querer evadirse de nuestra propia verdad, lo sé, como sé que mí comportamiento al hacerlo no hablaba demasiado bien a mí favor.
El rostro de la mujer del espejo era agradable, en el se percibía serenidad. Acaricié mi rostro a la vez que lo hacia ella, lo que me hizo recordar aquel juego de niña en el que se repetían los gestos de la otra niña como si fueran una sola. Juego que a veces se utilizaba para burlarse, terminando en riñas.
Las dos nos sonreímos, en esa sonrisa quise ver complicidad.
Fui desabrochando con parsimonia la camisa, siendo imitada una vez más. Ya desnuda, me dediqué a comparar su cuerpo con el mío. Sus pechos se veían descolgados, abatidos. Palpé los míos, tenía que reconocer que la decrepitud comenzaba a ser patente. Toda mi existencia, todo lo vivido, se encontraba escrito en cada uno de los pliegues de mi cuerpo, cada centímetros de esa piel ya un tanto ajada. La cicatriz que había dejado la operación de ovarios que dividía mi vientre, como una cesárea. Una vez más pensé en cuanto me hubiera gustado engendrar un hijo, como cualquier otra mujer.
Odio los espejos, los odio, consiguen ponerme triste, siempre lo hicieron.
Me sentía extraña. Desde hacia unos días me encontraba inquieta, confusa con lo que mis emociones intentaban trasmitirme.
la idea de que mí vida estaba incompleta, que le faltan cosas, esas a las que cualquiera tiene derecho. Maldije en voz alta, me sentía estafada, no sé si por ese Dios al que considero amigo. No quiero pensar en ello, no me hace ningún bien. Deseo creer que todo tiene un por qué.
Paseé lentamente mí mano por aquella piel acariciándola. Era una sensación agradable. Nunca había sido acariciada por un hombre, ni ya esperaba que eso llegara a ocurrirme. Me encontraba en el otoño de mi vida, ésa estación que precede al invierno al final , ese al que temo…,
A veces creo haber sido espectador y no protagonista. Me encuentro en la penumbra, velada por la bruma de un cortinaje traslúcido. Sé que soy yo, pero yo soy también esta mujer que me observa desde el espejo. Conozco lo que siente, lo que anhela, sus incansables luchas internas, conozco cada uno de sus silencios, conozco demasiadas cosas me temo, como voy conociendo la desilusión …,
Me quise ver como una mujer fuerte, capaz de todo, pero no era así, soy tan sólo como cualquier otra, que se siente sola entre esa multitud que la rodea. Esa que dejó que fueran pasando los trenes de la vida, por no tener el valor necesario para subirse en uno de ellos.
He tenido mucho tiempo para pensar, demasiado a veces. He pasado la mayor parte de mi vida entre estas cuatro paredes de este dormitorio. Se convirtió con el tiempo en mi cubil, en mi refugio y fortaleza. Esta cama de cuerpo y medio, que hubiera deseado cambiar por una mayor, de matrimonio. No se habría entendido si hubiera hecho ese cambio. Pero bueno esta cama ha sido testigo de muchos de mis deseos, de mis llantos y vigilias, cómplice de fantasías, entre otras muchas cosas mas.
Tal vez he sido sin saberlo, una de esas mujeres que hace lo que se espera de ellas, aunque nunca he permitido convertirme en algo que odio en una de esas marujonas como se les llama ahora. he intentado ser alguien con principios, alguien a la que sus inquietudes le empujaran a querer avanzar, a no cerrar puertas ni ventanas, a no resignarse a vivir sin alas, esas que a una le crecen cuando alimenta día a día a su imaginación, la cuál acaba transportándola a sus propias fantasías. Tal vez por eso los golpes de las caídas se van haciendo más duros y los golpes más dolorosos.
Los ojos han comenzado a pesarme, es tarde.
Miré de nuevo a esa mujer sonriéndole una vez más me despedí de ella, abrí la cama y me introduje entre sus sabanas. Así llegó a su fin un día más o mejor dicho un día menos...